Un pastor que se convirtió en Capitán

Por Ataulfo Tobar, CEDEP.

Fue un pastor que se convirtió en Capitán, su ruta conocida fue de Conocoto a La Ferroviaria, a Curitiba, Ibarra y finalmente a Pucahuaico. Eran los años 68, el mundo estaba pasando por un gran revuelo protagonizado por los jóvenes que hartos de la guerra, buscaban a gritos la libertad organizando eventos musicales, sociales y políticos, el festival de Woodstock se convirtió en un destape de la juventud norteamericana que no estaba de acuerdo con la guerra de Vietnam y la intromisión de Estados Unidos en el proceso del país asiático. Mayo del 68 sin lugar a dudas fue el destape de una juventud sedienta de equidad, de anti militarismo, de un alto a los barrotes mentales y control, “prohibido prohibir” amaneció pintado en las paredes parisinas, así como otras frases profundas y conmovedoras de la conciencia, se estaba provocando un cambio sustancial en el mundo, había transcurrido un año del asesinato de Ernesto Che Guevara en la quebrada Humahuaca de la higuera en Bolivia, “San Ernesto” lo comenzaron a llamar los campesinos, y en Colombia no hace mucho de eso, un cura botó la sotana y se enlistó en las filas guerrilleras por la lucha libertaria, era Camilo Torres, lo hizo quizá porque se dio cuenta que el hermetismo, la soldadura de una iglesia dinosáurica, nunca acataría los gritos y voces de los excluidos y peor de los propios curas que trataron de reinventar y crear de otras formas los protocolos, doctrinas, objetivos de la crepuscular iglesia decimonónica y oscurantista que estaba muy distante de los objetivos y necesidades del pueblo latinoamericano.

La Iglesia Católica tratando de ponerse al día con los vientos y los nuevos tiempos generó el concilio Vaticano Segundo, luego el encuentro de Medellín y más tarde los enunciados de Puebla, a partir de estas instancias, nace una nueva iglesia que retoma los postulados humanos y sociales, una nueva iglesia que se negaba a la connivencia con los potentados y amos, una iglesia de iguales, sin oropeles ni joyas ni cálices de oro y diamantes.

En Brasil aparece un gran personaje que provoca un giro de 180 grados en la manera de ver la educación laica, hasta ese momento un mecanismo de dominación y control de las mentes de los educandos, esta nueva forma de ver la educación plantea que tanto educandos como educadores tienen mucho que aprender y que dar, se mira la realidad de los pueblos andinos, de las barriadas pobres de las grandes ciudades, el tema de los trabajadores pasa a ser un punto fundamental para comprender el verdadero rol del sistema capitalista que roe la vida de la mayoría de las personas pobres en América Latina.

Paulo Freire, enseñó la pedagogía de la liberación en el marco que le había abierto la luz de la filosofía de la Opción por los Pobres, que era practicada por una tendencia de curas de gran corazón y compromiso en nuestros países.

Era temporada de politizar, criticar y poner en duda todas las entidades que dominaban a la población, a la sociedad y qué bueno que se comience en casa con la propia iglesia. Fabián Vásquez párroco de Conocoto aupó y organizó un viacrucis Protesta, manteniendo todo el ritual de las estaciones, pero poniendo contenidos políticos a los momentos de sufrimiento de Cristo. Quienes participamos vimos cómo esta pedagogía de enseñar mediante la comparación de los dolores y sufrimientos del hombre de Nazaret,  con los dolores y las realidades de un pueblo ahogado en penuria, inequidad y olvido, se parecían tanto, mientras esto sucedía en Conocoto, en Santa Cruz Riobamba, Monseñor Leónidas Proaño era detenido, por el ejército, junto a una decena de obispos progresistas de América Latina que se reunían para confirmar sus compromisos de acción con los más pobres entre los pobres.

Esto provocó espanto, berrinches y alferecías entre los hacendados y la aristocracia terrateniente de Chimborazo, pues Monseñor Proaño había decidido iniciar una auténtica reforma agraria con las tierras de la Diócesis, entregándolas a los más pobres entre los pobres. Hacendados y Aristócratas pusieron el grito en el cielo.

El joven sacerdote Fabián Vásquez, miembro selecto de la línea de curas de la opción preferencial por los pobres, es nombrado párroco de la Ferroviaria, donde inicia un gran trabajo de evangelización con los pobladores en su mayoría migrantes del centro del país. Le entregaron anclado en el muelle del barrio, un inmenso barco de concreto, así le llaman popularmente a la iglesia de la Ferroviaria, barrio insigne que acogía a trabajadores ferrocarrileros y obreros textiles. Las homilías profundamente humanas que pronunciaba el padre Fabián Vásquez, van tocando el corazón de la gente de la Ferroviaria y del sur de Quito, era bien conocido su compromiso social con trabajadores de diferentes lugares del país, solidario con las huelgas, los levantamientos sociales, la iglesia del barco se convirtió en centro de acopio de ayudas para personas caídas en desgracia y centro de apoyo espiritual y solidario, era un barco que avanzaba entre las olas de las montañas andinas. Pero el movimiento de los curas de la Teología de la liberación fue perseguido por la propia iglesia, concretamente por el movimiento más radical el Opus Dei.

El capitán sufrió amotinamiento y no por su gente y tripulantes sino por la clerical y ateroesclerótica falange de la iglesia, lo castigan al destierro en Curitiba Brasil. Para Fabián, eso más bien fue una oportunidad para conocer otras realidades parecidas a la gente de su barco, parecidas en hambre, desigualdad y exclusión. Esos años sirven para fortalecer su filosofía de Opción por los pobres.

No se preocupe Padre – Capitán Fabián Vásquez, acá sus seguidores continuaremos los vía crucis protesta, continuaremos cantando que Cristo ya nació en Palacauhina, recordaremos sus metáforas y enseñanzas, tenemos en mente los ponchos clavados en la cruz, pero ante todo las plegarias de esperanza y de vida. Su barco de seguidores seguirá su ejemplo de honestidad y compromiso.

Ante su tumba recién abierta este jueves 18 de noviembre.

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