¿Rico McPato o rico McLasso?.

Imagen referencial.

Por: Leonardo Parrini, (portal -La palabra abierta)

En tiempos de pintorescos disfraces electorales que pretenden camuflar a los candidatos, resulta pertinente recordar un comics producido por la industria Disney: Rico McPato -en inglés Scrooge McDuck- plagiado en su creación del personaje de ficción Ebenezer Scrooge, protagonista del libro Un cuento de Navidad, de Charles Dickens.

Hoy los publicistas electorales de Guillermo Lasso crean una historieta que busca proyectar una imagen de su candidato inspirada en la personalidad del pato ricachón. Un producto del self made man, el hombre hecho a sí mismo, que llega a ser millonario a través de la auto creación de un sujeto que prescinde de los demás en insolidaria gestión de enriquecimiento dentro de una sociedad en la cual el individualismo es dinero, porque el tiempo también es dinero, times is money. En esa fantasía publicitaria se entrecruzan las historias de uno y otro, y se parecen los rasgos identitarios de rico McPato y rico McLasso que inventan los publicistas de campaña del banquero.

El personaje popularizado por Disney alguna vez fue el ávido aventurero que inculcaba valores de arduo trabajo ajeno, pese a no haber trabajado nunca a nadie, hace negocios transnacionales y especula con el dinero de otros hasta hacerse millonario. McPato también suele ser de mal genio con un lado obsesivo, el dinero. Tres historietas lo confirman: «Voodoo Hoodoo», publicada en agosto de 1949, narra la historia de una tribu vudú que había maldecido a McDuck, buscando venganza por la destrucción de su poblado y la toma de las tierras que habitaba su tribu, por parte del pato. «A Financial Fable», publicada en marzo de 1951 muestra a McDuck dando clases sobre la productividad como fuente de riqueza y sobre las leyes de la oferta y la demanda. «Only a Poor Man», en 1952, muestra a un pato extractivista buscando plata y oro en todo el mundo: «Soy Rico McPato, hice mi nombre siendo el más rudo de los rudos y el más listo de los listos”, confirmaba el personaje.

Mientras tanto, el personaje que pretenden popularizar los publicistas tiene su propia historia de negocios transnacionales. Tomando como antecedente investigaciones periodísticas del diario argentino Página 12 en los reportes “Lasso, el magnate de las offshore” y “Las mamushkas financieras de Lasso”, ambos de marzo de 2017, el candidato de Creo está vinculado a la creación de al menos 49 empresas offshore entre 1999 y 2002, las que le permitieron especular con el feriado bancario del 99, incrementando su fortuna de 1 millón de dólares (declarados) a 31 millones de dólares. Este reporte de prensa se basó en información de registros públicos en los propios paraísos fiscales y los hilos filtrados en los Panama Papers. 

Según la investigación, en 2011, Lasso decidió transferir la propiedad a unos fideicomisos ecuatorianos a su nombre, al de sus hijos y al de su hermana. Dos meses después, Lasso volvió a transferir las acciones a empresas ubicadas en otro paraíso fiscal: Delaware, (Estados Unidos). Esta operación trajo como resultado la constitución de una serie de empresas offshore, como Positano LLC, Motpellier o Berlín, tras las cuales se ocultan identidades de hermanos, familiares, directivos y ex directivos del Banco de Guayaquil.

Un reporte de diario El Telegrafo indica que la razón del incremento patrimonial de las empresas de Lasso, se debió a la especulación del precio en el mercado de valores de los Certificados de Depósitos (CDR) que eran comprobantes de que la persona tenía una cantidad determinada de dinero en su cuenta, pero no la podía retirar. Los banqueros empezaron a especular con la crisis económica y social y recompraron los certificados a un 40 o 50 por ciento de su valor.

Posteriormente, fue el propio Estado ecuatoriano el que hizo el ‘salvataje’ bancario y le recompró a la banca estos CDR al 100 por ciento de su valor, a través de la Corporación Financiera Nacional (CFN). Respecto de esta historia, Lasso ha dicho: “el problema de los paraísos fiscales no es el destino del dinero, sino el origen; el problema es que no puedas explicar de dónde sacaste lo que tienes. Y yo sí puedo hacerlo”.

Los guionistas de McPato advirtieron cuando relanzaron la serie de televisión en el 2017: “Nuestra nueva serie traerá esa misma energía y espíritu aventurero a una nueva generación”. Los publicistas traen para las nuevas generaciones nuevas historietas. La última aventura propuesta es la aprobación de la llamada Ley de Defensa de la dolarización que presuntamente da autonomía al Banco Central.

Se trata de una ley que busca amarrar de manos al próximo eventual gobierno de Andrés Arauz que ofreció apoyar con mil dólares, por una sola vez, a un millón de madres en situación de pobreza extrema con reservas del Banco Central. Los publicistas de la campaña que promueve dicha ley y denosta la propuesta del binomio Arauz Rabascall, olvidan que los recursos para financiar la medida sugerida no provienen del dinero de los depositantes, sino de las reservas del Banco Central, y solo representan el 1% del PIB, mientras que el salvataje bancario costó al país el 27% del producto interno bruto del Ecuador. La reserva del Banco Central se incrementa con dineros provenientes de préstamos externos y disminuye cuando se paga la deuda externa.

El banquero hecho a sí mismo inspirado en las historietas del pato burgués es, también, una fantasía desprovista de imaginación, porque sabido es que todo banquero criollo amasó fortuna de los depósitos de millones de ecuatorianos víctimas del doble feriado bancario. Feriado, que fue a la vez asueto banquero cuando feriaron los recursos de los ecuatorianos. Hoy los publicistas electorales inventan una historia más imaginativa que Disney: el banquero “trabajó desde adolescente”. A propósito de historietas de viejos ricachones hechos así mismos, otro personaje de tiras cómicas, Mafalda -de Quino-, nos advierte en inteligente observación: “Nadie puede amasar una fortuna sin hacer harina a los demás”.

Esta simple verdad nos alerta de la delirante aventura propuesta de votar por un banquero que, como tantos, amasaron fortuna haciendo harina nuestro dinero en el asueto bancario de 1999.

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