¿Quiénes deberán responder por las masacres carcelarias en un Estado fallido?

Un soldado observa los pasillos del interior de la penitenciaría. Militares y policías mantendrán un control indefinido de las instalaciones. (Foto Twitter @ecuadorprensaec).

“Mamá, usted es la mujer más importante de mi vida, si salgo de esta la llamo mañana, si no deme la bendición y mándeme un beso”.

“Adiós brother, cuida a mi vieja, la cosa se puso fea acá en el pabellón #2, se metieron, están masacrando a todos”.

“(…) Mamá si me pasa algo no te pongas mal…si, cuida a mis hijos, ayúdamelos lo más que puedas, no vayas a llorar, fuerte, si…ora por mi, te amo mamá”

“Se puso feo esta nota, no sé si salgamos vivos, no le digas a mi mami, se va a poner mal. Ya hicieron un hueco, estamos hasta las cuevas y la policía no hace nada, ándate donde mi mami, estén pendiente de ella. Los quiero a todos, ya me voy”.

“Estamos solos, hagan bulla, necesitamos a los militares, llamen, llamen”.

Son algunos de los mensajes dramáticos y angustiados que parte de los reclusos de la Penitenciaría del Litoral, de Guayaquil, lograron emitir a través de la red Whats app la noche del viernes 12 y madrugada del sábado 13 de noviembre cuando las hordas de otros pabellones atacaban al pabellón 2 para hacerse con el control. Esas eran las palabras de despedida, minutos más tarde serían masacrados.

Poco a poco van saliendo a la luz los detalles del horror que enfrentaron los detenidos antes de su muerte, así como las circunstancias que acecharon sus vidas y la de sus familiares antes de llegar a la hora suprema de la ejecución.

Varias de esas circunstancias están articuladas a un vergonzoso sistema judicial  así como a un sistema penitenciario y político para quienes el concepto de rehabilitación quedó en los rincones más alejados del olvido.

John Campuzano, de 56 años, guardaba prisión preventiva tras ser implicado en presuntos delitos financieros. Su hermano Mildred contó a El Universo que había sido culpado en forma errónea y que en los próximas semanas esperaba acogerse a nuevas medidas, como el arresto domiciliario, hasta que el proceso finalice. La audiencia había sido prevista para el 30 de septiembre, pero fue aplazada. “Si no hubieran alargado tanto los jueces (el proceso), él estuviera afuera”, comentó.

Erick Ortiz Segura pasó detenido cerca de un año en la Penitenciaría del Litoral, luego de que la Policía lo encontró con una bolsa de droga en su poder, publicó El Comercio.

Hace una semana comenzó a tramitarse su liberación, pues cumplió su sentencia. Cinco días atrás se firmó su boleta de excarcelación que llegó el viernes a la Penitenciaría, justo el día de su asesinato.

Una semana antes, Erick había pedido a su familia que inicie los trámites de su liberación, pero el trabajo no les permitió cumplir el pedido.

Una tía sacó un día de permiso para el papeleo pero no logró completarlo, el señor que da las papeletas, “el tarjetero”, no había ido. Un abogado apareció y les dijo que, si le daban 60 dólares, lo sacaba ese mismo rato. No hubo el dinero y se quedó, es el relato de su tío a El Comercio

La familia pensaba que la noche del viernes lo soltarían, como estaban haciendo hace días, pero  se cruzó la balacera y murió.

Edison Castillo, de Esmeraldas, estaba preso desde hace seis meses por participar en una riña, en la que hubo una persona herida. Fue denunciado en la Fiscalía y lo detuvieron.

Castillo trabajó hace años como guía penitenciario en la cárcel de Esmeraldas a donde buscaba ser transferido. Los papeles estaban avanzados, pero se demoraba por tener que hacerlos en dos ciudades diferentes. “Tanto trámite y burocracia no pudimos”, recoge El Comercio de labios de sus resignados tíos.

Nina Medina, quien ya había buscado a su hijo en varios hospitales relató a diario Expreso que el próximo 19 de noviembre debía salir. Ella perdió su trabajo por los trámites en los juzgados para que salga libre. Estaba desesperada por sacarlo porque a ellos ya les habían dicho que los iban a exterminar como pabellón entero, porque no se podía cumplir con las coimas y las extorsiones que se dan en ese sitio.

El testimonio de Alejandro Castro, padre de un conserje del centro de reclusión femenino que está junto a la Penitenciaría, y fue detenido, es mucho más grave, a su hijo lo metieron injustamente a la cárcel porque lo acusaron de introducir un teléfono celular a la prisión de varones.

“Él estaba saliendo de su trabajo y afuera unos guías penitenciarios estaban entrando celulares. Llegó la policía y lo acusaron a él y no le dieron oportunidad de defenderse. Los jueces me pedían 15 mil, 10 mil y por último 5 mil dólares para sacarlo, algo que nunca iba a poder conseguir. Le dieron dos años y ahora en diciembre cumplía una condena que no tenía que cumplir. Y los otros, ‘bien gracias’”, es otro de los relatos difundidos por Expreso.

Reacción tardía, autoridades de etiqueta

La tardía reacción de las fuerzas de seguridad es otra situación que ha recibido fuertes críticas por parte de la ciudadanía y que deberá ser investigada y esclarecida más adelante por los organismos correspondientes. Por lo pronto el hecho derivó en la renuncia del Jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas y la separación del cargo del Director del SNAI.

De acuerdo al portal GK que refiere versiones del interior de la Penitenciaría, las detonaciones de balas y dinamita habrían comenzado entre las 18h00 y 19h00 del viernes 12. Los presos de los pabellones 3, 6 y 12 intentaban ingresar a su zona para asesinarlos.

“La fuente reservada dijo que estaban liderados por los dos hombres que intentan asumir el control máximo de la prisión, alias Junior y alias Fito, que están ligados a bandas delincuenciales que operan dentro de la cárcel.

Ante la desesperación por los ataques a los lugares en los que estaban recluidas, una de las personas privadas de la libertad del pabellón 2 decidió contar lo que estaba pasando en de una transmisión en vivo en Facebook

La transmisión comenzó pasadas las doce y media de la noche y se terminó casi dos horas después con la desgarradora frase: “ya entraron, ya entraron, ya entraron”, escribió GK.

No menos alarmante fue la posición del propio presidente de la República, Guillermo Lasso, su Ministro de Defensa, y las principales autoridades de Guayaquil y la provincia que, pese a la crisis desatada y ya conocida, se mantuvieron impávidos disfrutando de una cena de alta etiqueta en homenaje a los marines de Estados Unidos.

Sé el primero en comentar en «¿Quiénes deberán responder por las masacres carcelarias en un Estado fallido?»

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*