¿Quién no se ha indignado con los casos de corrupción que se ha destapado en los últimos días en el país?

 

Por María Dolores Roura

Creo que ni el más despistado ha podido mantenerse al margen de esta nauseabunda realidad, incluso los que, en su momento podrían caer o ya cayeron en el pasado, en la misma tentación, han expresado su rabia.

Tratando de entender ese brote pandémico de corrupción, se me ocurre que tendría algunas explicaciones.

Es claro que el gobierno actual no tiene ningún liderazgo, se siente al país sin conducción programática, peor ideológica, tenemos más bien varios brazos ejecutores deslindados entre sí, no solo en principios sino en rumbos que apuntan a cualquier lado dependiendo de convicciones personales, muchos de estos brazos ejecutores también están contaminados por esta misma peste; un país en estas condiciones se vuelve presa fácil del oportunista que se dio cuenta de la ausencia de honestidad y cree que nadie tiene calidad moral para cuestionarle o que no sería difícil camuflarse tras la persecución política.

Por otro lado, la posibilidad cada vez más fuerte de que electoralmente el progresismo retome el poder, pone a los pillos en la urgencia de sacar provecho de este descontrol lo más rápido posible, pues para luego puede resultarles tarde, el temor al regreso de un gobierno controlador, que vuelva a hablarnos de redistribución, de igualdad de oportunidades o de un Estado fuerte, puso manos a la obra a los sangradores del dinero público. Para nadie con un poco de honestidad intelectual es comparable la diferencia entre el gobierno anterior y este gobierno.

Otra explicación es que los oportunistas no contaron con que algunas de las políticas de Estado que dejó instaurando el anterior gobierno, permitieron que los actos de corrupción sean más fácilmente detectables, pese a los ladinos esfuerzos por evadir los controles.

Muy probablemente, nadie lo discute, la corrupción endémica y cultural minó también en el gobierno anterior, sin embargo, es muy distinto normar para evitarla que desregular para evadir controles como política de Estado.

Pese a que los detractores y sus corifeos, han tratado de posicionar que estuvimos gobernados 10 años por una banda de delincuentes, me surge una pregunta: ¿para qué la supuesta “delincuencia organizada” se puso tantas trabas? Estrategias como: un Portal de Compras Públicas, concursos virtuales para la Contratación de obra pública, concursos en línea para nombramientos en entidades de control, la creación de un Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, obligación de los Ministerios de colgar en sus plataformas todos los contratos que firmen para que puedan ser vistos por cualquier ciudadano, la obligatoriedad de los funcionarios de exponer informes periódicos en el ejercicio de sus obligaciones, la prohibición de que funcionarios públicos tengan dineros en paraísos fiscales, declaración juramentada de sus bienes, antes y después de ejercer funciones públicas, etc.

Estas, entre otras normativas, buscaban controlar la corrupción desde las instituciones del Estado, si hemos de ser objetivos, debemos reconocer que no fueron suficientes, o que muchos de estos mecanismos fueron vulnerados, por lo que quizás esa es la gran deuda pendiente del anterior gobierno y la labor que se debe cumplir en el futuro.

Las políticas de lucha contra la corrupción también estuvieron dirigidas al sector privado y quizás por allí se puede entender la reacción virulenta de las élites a las que les resulta incómodo, por ejemplo: la información cruzada que provoca la facturación universal para evitar la evasión y la doble contabilidad; gravar con impuestos a la salida de capital, gravar la especulación de bienes raíces, evitar que la comunicación esté en manos del poder económico para evitar conflictos de intereses, regular a la banca, promulgar una ley de Comunicación, la participación de utilidades empresariales a la clase trabajadora, alzas de sueldos, progresividad en los derechos laborales, evitar la tercerización, jubilación patronal, todas estas como manera de equiparar con justicia al capital con la fuerza laboral.

Esto y más se pretendió implementar en el gobierno anterior, con éxito en unos casos y fracaso en otros, sin embargo, la intención fue clara, aunque muchos sin convicción y con buena dosis de odio pretendan deslegitimar con el desprestigio y la calumnia.

La corrupción que indigna a todos, se combate con la verdad, el compromiso, la responsabilidad de todos, pero sobre todo con la transparencia de las Instituciones Públicas y Privadas.

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