¿Qué cambia en Colombia tras la derrota del uribismo?

¿Es posible que, como ocurrió con el actual presidente Guillermo Lasso en Ecuador, la izquierda colombiana no haya sabido interpretar la capacidad de las redes para convencer mayorías? ¿Le habrá cedido ese terreno a un nuevo populismo disrruptivo y sorprendente?

Lo que sucedió en Colombia con el resultado electoral de la primera vuelta, celebrada este domingo 29 de mayo, es un acontecimiento inédito y muy complejo.

Lo primero que habría que señalar es que, finalmente, el tan esperado cambio político ha tenido lugar en el país. La clase dominante colombiana, con todo su liderazgo histórico, sus partidos, sus medios de comunicación y sus instituciones, unida en torno a Federico ‘Fico’ Gutiérrez ha salido derrotada y no ha conseguido ni siquiera una cuarta parte del electorado (23 %), escribió el analista Ociel Alí López para la cadena RT.

El uribismo tal como lo conocimos a lo largo del siglo actual ha perdido su papel vinculante y ha decidido disolverse en las torrenteras del voto antipetrista. Deberá ahora intentar capturar un movimiento, el de Rodolfo Hernández, que ha crecido en la medida en que lo enfrenta al uribismo pero a la vez es su única opción contra Petro, y eso es más importante.

Lo segundo es que no ha sido el resultado esperado, si bien el candidato izquierdista logró el resultado adelantado por las encuestas (40 %), el sorpresivo segundo lugar a manos de Hernández le complica sobre manera las certezas sobre el triunfo en la segunda vuelta.

Hernández, un empresario, ‘outsider’, populista de centro, un líder incorrecto y pragmático, logró el segundo lugar con 27 % de los votos, lejos de Petro, pero lo suficientemente cerca si tenemos en cuenta los votos de ‘Fico’ que se le podrían sumar casi de manera automática de cara al balotaje.

Así, hemos comenzado una nueva campaña con diferentes flancos abiertos, nuevos repertorios simbólicos y clivajes inéditos. De cara a la segunda vuelta deben moverse piezas, recambiar discursos, en tanto el adversario soñado de Petro, un «hijo del uribismo», un nuevo responsable político de sus «tropelías», un «nuevo Iván Duque» –el presidente saliente con altos índices de impopularidad– ya no está y en su lugar se presenta un candidato ágil, difícil de capturar, movedizo y jabonoso al que Petro no está acostumbrado a enfrentar.

El problema de Hernández, por su parte, reside en cómo aceptar el apoyo del uribismo y los poderes establecidos, ya que su candidatura existe en tanto se opone a ellos con tanta fuerza como el propio Petro. Después de polarizar contra ellos, ¿cómo puede ahora aceptar su respaldo? Esto lo deja en difícil situación a menos que el trasvase se concrete siempre en secreto y sin escándalos.

Recibir el apoyo del ‘establishment’ sería una contradicción frente a un candidato experimentado como Petro, que también juega a la polarización, y que ya ha proyectado que necesita un millón de votos para ganar en una campaña que apenas empieza.

La pugna por la polarización

Tal como se presenta la disputa después del resultado, hay de manera inédita una pugnacidad central que ya no es izquierda-derecha, correctos-honestos, palomas-halcones, guerrilleros-paramilitares. Ahora la pelea es por ver quién es más auténticamente polarizante, quién es el que mejor representa el conflicto contra el uribismo y el poder político colombiano, quién de verdad abona el camino para darle vuelta a la página de la historia postcolonial colombiana.

El rasero se modifica y va a tratar de medir la autenticidad del discurso, la espontaneidad, la sinceridad de los contenidos, para tratar de responder quién es el líder polarizante de la Colombia de la década de los 20. Ese será el presidente.

Tik tok escenario crucial

TikTok ha sido tan significativo en esta campaña. Hernández, de 77 años, ha sido denominado por su comando como el ‘rey del TikTok’, donde hace alarde justo de su espontaneidad, de su genuino discurso polarizante y antipolítico.

Precisamente, en su discurso tras darse a conocer los resultados, lo fundamental que respondió Petro sobre su nuevo contrincante fue desdeñar su actividad en la red social.

¿Es posible que, como ocurrió con el actual presidente Guillermo Lasso en Ecuador, la izquierda colombiana no haya sabido interpretar la capacidad de las redes para convencer mayorías? ¿Le habrá cedido ese terreno a un nuevo populismo disrruptivo y sorprendente? Es algo que estaremos viendo en esta campaña que apenas comienza.

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