Polarización ideológica, renovación política y la temible sombra de Pinochet: el saldo que dejó la primera vuelta presidencial de Chile

El ultraderechista José Antonio Kast y el zquierdista Gabriel Boric se enfrentarán el próximo 19 de diciembre. (Foto tomada de RT)

Una diferencia de apenas dos puntos en la votación bastó para que la primera vuelta presidencial de Chile consolidara el intenso proceso de transformación que comenzó hace dos años con el estallido social que puso en vilo al presidente Sebastián Piñera.

Hasta entonces, desde el fin de la dictadura de Augusto Pinochet (1990), la política chilena había sido monopolizada por dos fuerzas: la centroizquierda aglutinada en lo que se conoció como la Concertación, y la centroderecha en la que participaban principalmente la Unión Demócrata Independiente y Renovación Nacional.

Esos dos grandes bloques se alternaron en el Gobierno y se repartieron el poder durante tres décadas, pero hoy quedaron totalmente desplazados por el ultraderechista José Antonio Kast y el izquierdista Gabriel Boric, los líderes de nuevas agrupaciones políticas que están en las antípodas ideológicas y que pasaron a la segunda vuelta que se realizará el próximo 19 de diciembre.

Kast ganó el domingo con el 27,9 % de los votos y Boric quedó en segundo lugar con el 25,8 %. Esos escasos dos puntos de diferencia hacen imposible anticipar resultados en la elección más incierta que el país ha enfrentado desde que recuperó la democracia. Y demuestran la polarización de una sociedad que ha estado sumida en una vorágine política desde hace dos años, escribió la periodista Cecilia González para la cadena RT.

Lo que sí se puede dar por hecho es que se cumplió con la renovación de liderazgos que fue una de las demandas centrales de las protestas de 2019, porque ambos candidatos simbolizan a «outsiders» peleados con la política tradicional y que, contra todos los pronósticos, en escasos meses se convirtieron en actores protagónicos.

Por el contrario, los candidatos de los dos bloques políticos que habían acaparado el poder quedaron relegados de la escena. El derechista Sebastián Sichel, exministro de Sebastián Piñera, sólo sumó el 12,7 %, y la centroizquierdista Yasna Provoste, expresidenta del Senado y exministra de Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, obtuvo el 11,6 %.

Novedades

La gran sorpresa de la jornada fue que Sichel y Provoste fueron superados por Franco Parisi, el candidato del Partido de la Gente que quedó en tercer lugar con 12,8 % a pesar de haber llevado a cabo una campaña inédita, puesto que vive en EE.UU. y jamás viajó al país para realizar algún acto presencial. Ni siquiera participó en los debates.

Fue un candidato ausente que concretó una exitosa campaña virtual y en redes sociales, pero evitó volver a Chile porque enfrenta una demanda millonaria por la falta de pago de la manutención de sus hijos menores y tiene orden de arraigo, lo que implica que, si viajara, ya no lo dejarían salir del país.

Aún así, consiguió que su Partido de la Gente obtuviera escaños parlamentarios que le permiten emerger como una nueva y estratégica fuerza política que nadie esperaba.

Otra novedad es que las desprestigiadas encuestas terminaron con una larga racha de errores y ahora sí lograron anticipar que los candidatos que pasarían a la segunda vuelta serían Kast y Sichel, en ese orden.

También reflejaron la indiferencia electoral, porque hasta último momento vaticinaron un alto nivel de indecisos. La participación era una de las grandes incógnitas, pero al final fue muy baja: votó apenas el 47 % del padrón. No se llegó ni siquiera al nivel del 50 % que alcanzó el plebiscito del año pasado en el que la mayoría de la población decidió que se debía redactar una nueva Constitución para reemplazar a la Carta Magna vigente y que es una herencia de Pinochet.

Esa consulta inició la serie de traspiés electorales de Piñera, el presidente que no ha dejado de perder en las urnas.

Fracaso

En noviembre de 2019, lo que comenzó como una protesta estudiantil por el aumento del precio del servicio de transporte se transformó muy pronto en la mayor crisis política vivida en Chile desde el regreso de la democracia.

Piñera llevaba año y medio en el cargo. Era su segunda presidencia luego de la que había encabezado de 2010 a 2014. Chile todavía era ese espejismo del neoliberalismo exitoso, pero las protestas masivas lo terminaron de difuminar.

El presidente jamás pudo recuperarse. Su imagen se hundió a fuerza de represión, violaciones a derechos humanos y escándalos e, incluso, una Acusación Constitucional basada en sospechas de corrupción que puso en riesgo su permanencia en el Gobierno. Hoy su popularidad no llega al 20 %.

La valoración negativa de Piñera se ha reflejado en las derrotas que el oficialismo acumula en todas las elecciones realizadas desde 2019 y que, además, han evidenciado las contradictorias oscilaciones de la ciudadanía que lo mismo puede elegir abrumadoramente a la izquierda para integrar la Convención que escribirá la nueva Constitución y, meses más tarde, hacer que la ultraderecha gane la primera vuelta presidencial.

En octubre de 2020, Piñera militó por el «no» en el plebiscito  constitucional, pero el 78 % lo contradijo y votó por el «sí».

Siete meses después, el Gobierno tuvo un nuevo fracaso. De los 155 convencionales constituyentes que fueron elegidos en mayo pasado, el oficialismo obtuvo solamente 38 puestos. La inmensa mayoría fue para candidatos de los partidos de izquierda y quienes se presentaron como independientes.

De las 16 gobernaciones regionales votadas en mayo y junio, la derecha se quedó únicamente con una. Luego vino la primaria de candidatos en la que Piñera apostó todo por su exministro Joaquín Lavín pero, contra todos los pronósticos, ganó Sebastián Sichel, quien se presentó como «independiente» a pesar de que también había formado parte del Gobierno conservador.

El presidente y el Gobierno en general no tuvieron más opción que apoyar a Sichel para las elecciones generales. Empezó como el candidato de la derecha más firme a disputar la segunda vuelta, pero terminó en cuarto lugar.

En el vaivén de paradojas de la política chilena, no deja de intrigar que la mayoría de la población eligió a líderes de izquierda para terminar con la Constitución de Pinochet pero, al mismo tiempo, Kast, firme defensor del fallecido dictador, ganó la primera vuelta.

Contrastes

Kast, un abogado de 54 años, avanzó a paso firme en la campaña presidencial en gran parte debido a sus críticas a la política tradicional y a la radicalización de un discurso más afín a populistas de derecha como el brasileño Jair Bolsonaro y el estadonidense Donald Trump.

El candidato que terminó venciendo el domingo logró mostrarse como un supuesto rebelde y un rostro de la renovación a pesar de que su trayectoria pública se remonta a 1996, cuando fue electo como concejal. Después, reelecciones mediante, ocupó una curul en la Cámara de Diputados durante 16 años (2012-2018) gracias a su militancia en la derechista Unión Democrática Independiente, a la que terminó renunciando en 2016.

En 2019 fundó el Partido Republicano, que le permitió lavar su imagen para exhibirse como un dirigente independiente y alejado de la corrección política que no teme defender a Pinochet (o negar que hubo una dictadura) y advertir que, si gana, va a eliminar el derecho al aborto por causales que rige en Chile.

Su promesa es poner «orden», así sea a costa de continuar o profundizar las violentas represiones policiales a la protesta social que son recurrentes en Chile; combatir la inmigración (siempre con un dejo racista, xenófobo y discriminador) y desconocer derechos de los pueblos indígenas. De defensa del medio ambiente, diversidades sexuales y feminismos, ni hablar. De hecho, una de sus propuestas es eliminar el Ministerio de la Mujer.

No podía ser más opuesto a Boric, el diputado de 35 años que representará a la izquierda en la segunda vuelta y que comenzó su carrera política como dirigente universitario hace apenas una década, cuando presidió la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile desde la que participó activamente en las históricas protestas de 2011.

Boric, quien logró su primera diputación en 2014, es uno de los fundadores del Frente Amplio fundado por agrupaciones de izquierda en 2017. Desde esa nueva fuerza política se postuló y volvió a ganar una curul en 2018 y luego respaldó y se sumó a las inesperadas y masivas movilizaciones contra Piñera en 2019.

Quizá en lo único en que se parecen Kast y Boric es que ambos son candidatos inesperados.

En las elecciones primarias, en la coalición Apruebo Dignidad se daba por hecho el triunfo de Daniel Jadue, alcalde de Recoleta (Santiago), pero Boric terminó arrasando con el 60 % de los votos.

Hoy, ambos inician la campaña final hacia la presidencia sin que se pueda afirmar un resultado. Si bien en las últimas tres décadas el candidato que ganó la primera vuelta triunfó siempre también en la segunda, en este Chile cambiante ya nada se puede dar por seguro.

Boric, acostumbrado a partir en desventaja, confía en que se impondrán los valores democráticos, el rechazo a la añoranza de la dictadura y el apoyo a las causas sociales del siglo 21. Es una apuesta y una esperanza.

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