Optimismo y preocupaciones en la celebración de los 150 años de la Universidad de Cuenca

La vicerrectora Catalina León y el rector Pablo Vanegas junto a la vicepresidente encargada María Alejandra Vicuña

La vicerrectora Catalina León y el rector Pablo Vanegas junto a la vicepresidente encargada María Alejandra Vicuña

Entre el optimismo y varias  preocupaciones, la Universidad de Cuenca efectuó la Sesión Solemne por los 150 años de su creación.

El acto especial desarrollado la tarde y noche del miércoles 18 de octubre en el teatro Carlos Cueva Tamariz  contó con la presencia del pleno del Consejo Universitario,  la vicepresidente encargada, María Alejandra Vicuña, las principales autoridades de la ciudad y la provincia, estudiantes, profesores, empleados, trabajadores universitarios, ciudadanía.

La sesión entregó condecoraciones al Pueblo de Cuenca representado por el alcalde Marcelo Cabrera, a los fallecidos ex rectores Gerardo Cordero y León, Honorato Vázquez y José Peralta; efectuó un sentido reconocimiento a la familia del intelectual  Plutarco Naranjo por la donación en el 2014  de su archivo y biblioteca, también rindió homenaje a la ex vicerrectora Silvana Larriva por ser la primera mujer en ocupar ese cargo, y al Consorcio de Universidades Flamencas por su cooperación desde 1997.

El grupo cultural MC Calígrafos entregó al rector Pablo Vanegas el Libro Histórico, escrito e ilustrado a mano sobre pergaminos de piel de borrego.

Quienes intervinieron en el acto destacaron el espíritu democrático y de profunda sensibilidad social que guiaron las actividades de formación de decenas de miles de profesionales que pasaron por las aulas de la universidad.

El alcalde Marcelo Cabrera puso énfasis en los principios de libertad, pensamiento crítico, democracia y compromiso social. En los momentos más cruciales de la historia supo levantar su voz crítica y alentadora, su solidaridad militante con los sectores sociales más desfavorecidos, expresó.

No pueden existir sociedades con visión de futuro, sin una universidad con visión de futuro, sostuvo la vicepresidente María Alejandra Vicuña, quien resaltó el gran aporte institucional a la ciencia, cultura, tecnología, investigación; al compromiso social, bienestar colectivo y la democracia.

Celebró el hecho de que en la Universidad de Cuenca se haya matriculado en 1919  la primera mujer en la historia del país, Matilde Hidalgo, en la rama de la medicina, rompiendo los moldes patriarcales.

Para el rector Pablo Vanegas, la creación de la institución fue el resultado de la lucha por la descentralización para superar la situación de abandono en sus diferentes órdenes, desequilibrios que lamentablemente subsisten en la actualidad.

Las acciones para garantizar el libre acceso, la democratización fueron el reflejo de la visión amplia de sus rectores que reconocieron que la educación superior es un derecho de quienes quieren cultivar las ciencias, las artes, la investigación, dijo.

En la actualidad se ha desnaturalizado ese derecho por la experimentación de políticas que afectaron gravemente el libre ingreso.

Ese es el criterio del ex alumno de Ingeniería y actual rector de la Universidad del Azuay, Francisco Salgado, al observar que en los últimos años “hemos tenido una universidad silenciosa, pero creo que estamos recuperando la voz”, esto es muy importante para el futuro del país, porque tener una universidad callada, siguiendo los moldes impuestos desde el poder, no le hace bien a la sociedad y el país.

Similar  opinión la dio el ex rector Gustavo Vega, para quien la universidad tiene el reto de supervivir con dignidad, soberanía, decoro, productividad y ética.

Nuestra institución tiene que marchar a contrapelo del poder, no puede ser subsidiaria del poder de turno, tiene  que ser contestataria, no puede permitir que gobierno alguno le ponga condiciones en la búsqueda de la verdad, enfatizó Vega.

Añadió que hemos vivido 10 años de persecución, vigilancia y castigo, mediante un proceso perverso de burocratización, expulsión de miles de jóvenes del sistema por experimentos que destruyeron el libre ingreso,   mimos inequitativos a las mal llamadas universidades emblemáticas, “emblemáticas para la corrupción”.

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