“Nada, con que me dé dos naranjillitas es suficiente”

Un caballeroso y honrado taxista se dirigió el medio día del viernes al domicilio de una cliente a devolver una pequeña caja de naranjillas olvidada en su vehículo el día anterior

La premura por bajar las compras del mercado desde el taxi contratado operó lo que suele suceder en varios de los casos y con no pocas personas, algo se quedó olivado en el vehículo, esta vez una pequeña caja de naranjillas, y de la mejor calidad, la “común”.

La carrera se pactó pasado el medio día del jueves 15 de octubre, desde la Feria Libre hasta un domicilio de la calle Segovia, sector del aeropuerto.

Bajadas las cosas, y tras haber recibido el valor marcado en el taxímetro, el conductor puso en marcha el motor del vehículo y se alejó a seguir recorriendo las vías en busca de más clientes.

Solo entonteces Fabiola se dio cuenta de la falta pero era ya imposible ubicar al taxista, no tenía ninguna pista que le permita contactarlo, aún así le abrigó una corazonada de que la cajita de naranjillas estaría en buenas manos.

Como las buenas acciones de las personas siempre conducen a agradables sorpresas, pasado el medio día del viernes 16, el pito insistente de un vehículo en la puerta de calle del conjunto habitacional donde reside Fabiola con su familia, la hizo salir a ver de quién se trataba.

Sí…, era real, allí estaba. El taxista tocaba la puerta para devolver la pequeña caja de naranjillas.

Luego de haber cumplido la carrera, el trabajador del volante sirvió a seis clientes más a distintos sectores de la ciudad, solo entonces se dirigió a su casa para el descanso y allí se dio cuenta de la compra olvidada.

Pero lejos de aprovecharse de las agradables frutas, al día siguiente su conciencia le condujo al lugar donde su propietaria aún se mantenía con la corazonada viva.

– ¿Cómo le puedo pagar su honradez y benevolencia?

– Nada, con que me dé dos naranjillitas es suficiente.

Esa fue la respuesta del ciudadano justo y ejemplar. Claro, no fueron dos, sino algunas frutas más las que saldaron la nobleza de corazón de un enorme profesional del volante.

La emoción por un acto ciertamente no muy esperado, debido a otras malas experiencias, le confundió un tanto a Fabiola y solo pudo captar el registro municipal del taxi: 0988.

Una cálida felicitación a este gran caballero del volante.  

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