Mucha política, pocas propuestas concretas y ansias de conquistar el voto joven: lo que deja el duelo de Arauz y Lasso en Ecuador

Andrés Araus y Guillermo Lasso, candidatos a la Presidencia de Ecuador. (Foto tomada de RT).

Un debate respetuoso, con un discurso de mirada a futuro para captar a los nuevos electores y de defensa de la dolarización, marca la antesala hacia un reñido balotaje.

El debate obligatorio entre Andrés Arauz, de Unión por la Esperanza (UNES), y Guillermo Lasso, del movimiento Creando Oportunidades (CREO) en alianza con el Partido Social Cristiano (PSC), se llevó a cabo, como estaba previsto, el domingo 21de febrero en la ciudad de Guayaquil.

En líneas generales, y a pesar de que se privilegiaron los ataques políticos, transcurrió en medio de un clima racional y tranquilo, a diferencia de otros debates recientes como el presidencial de EE.UU., donde los candidatos se salieron de sus cabales. En este, se respetaron los tiempos y ninguno se sobrepasó o insultó al contrincante, según escribe el sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela, Ociel Alí López, para la cadena RT.

Resultó extraño, eso sí, que no se utilizaran tapabocas, ni por parte de los candidatos ni por parte de la mediadora. Esta imagen contrarresta con la situación que se vivió en 2020 a comienzos de la pandemia, especialmente en la ciudad del debate, donde videos virales mostraban gente cayendo fulminada por el virus, cadáveres abandonados o incinerados en la calle y un colapso general en el sistema de salud. Sin embargo, si bien la pandemia y sus estragos estuvieron presentes en el debate, no fueron parte esencial de este.

De la misma forma, ya entrando en el ambiente político, los candidatos en cuestión no parecían estar representado el momento de polarización vivido durante el levantamiento de 2019, en el que las masas protestantes echaron para atrás el paquete económico del presidente Lenín Moreno y le obligaron a huir de su despacho y de la capital ecuatoriana. Este debate, comedido y racional, parecía ubicarse en otro Ecuador.

Otros significantes sí se pusieron en disputa, como el tema del futuro, que fue utilizado por ambos para conquistar el voto joven, atacar al contrincante, eludir respuestas o para presentarse como nuevas figuras y desafiliarse de sus pasados políticos, en el caso de Arauz, y económicos, en el caso de Lasso.

El debate presidencial tampoco representó el resultado electoral de la primera vuelta, celebrada el 7 de febrero, en la que al menos 51 % votó por fórmulas progresistas y abiertamente antineoliberales. De hecho, el principal aspecto a valorar durante toda la jornada es el de la defensa a ultranza de la dolarización y la acusación hacia los adversarios de que querían eliminarla.

En ese sentido, y desde una visión nacional popular de izquierda, parecía que se enarbolara el verdadero ‘fin de la historia’ en el que quedó en el ambiente un consenso general sobre la necesidad del dólar como moneda del Ecuador, llegando al clímax en el que Arauz sacó un billete de 20 dólares como estandarte, un acto efectista que podría tener consecuencias favorables para él en tanto puede generar confianza en que no eliminará la dolarización.

Pero más allá de esta realidad económica, resultó extrañó que el candidato del correísmo, Andrés Arauz, no fuera más incisivo en contra del neoliberalismo, donde sin lugar a dudas se encuentra la mayoría de los votantes ecuatorianos.

Aunque ciertamente es un modelo nacional en contra de las élites y los banqueros, Arauz no interpeló con contundencia a ese sector de las bases movilizadas que vienen de efectuar una rebelión popular en 2019, que sufrieron la pandemia en 2020, que votaron contra el neoliberalismo en febrero de 2021, pero que en la primera vuelta no le apoyaron. Es decir, ese 19 % que apoyó a Yaku Pérez y Pachakutik el pasado 7 de febrero.

En cambio fue un debate muy racional, en medio de ataques, sí, pero sin claras intenciones de polarizar.

El pasado

Ambos se concentraron en denunciar el pasado de su oponente, pero ninguno respondió sobre su propio pasado.

Lasso mostró fotografías que relacionaban a Arauz con el expresidente Correa, un dato que usó varias veces, indicando que la situación actual se debía a los 14 años de gobiernos. Arauz respondió: «Usted hasta sueña con Correa».

Ante la acusación de favorecer a su gremio de banqueros, Lasso respondió: «Tienes una obsesión ante el tema bancario».

Muchas acusaciones mutuas y pocas respuestas: «Pedimos a los candidatos que por favor respondan a las preguntas, ya sé que tienen mucho interés en hablar, en dar sus criterios, pero a veces no están respondiendo las preguntas que el comité de debate preparó», indicó Claudia Arteaga Serrano, la presentadora escogida para esta confrontación.

Privó la visión general en medio de pocas propuestas concretas

Las propuestas de ambos fueron muy generales. Fue más una confrontación de visiones que un debate de políticas concretas. Se vieron muy pocas ideas aterrizadas en torno a temas que no fueran económicos, como el de inseguridad, migración o problemas de la mujer. Los argumentos parecieron más de su postura política e ideológica y menos tácticas de articulación con el electorado más pragmático. Ninguno puso mucha carne en el asador con propuestas llamativas, populistas o escandalosas.

El banquero Lasso también intentó, sin corbata (a diferencia de su oponente), mostrar un pasado popular, como un trabajador desde la adolescencia, y acusó a Arauz de ser un «privilegiado» que estudió en el colegio más caro de Ecuador y en el exterior.

Arauz, por su parte, le acusó de ser un banquero que fuga dólares hacia paraísos fiscales y mantener alianzas con el sector de clínicas privadas, haciendo énfasis en que gobernaría para las élites. Una acusación grave a la que Lasso no dio respuesta, siendo éste quizá el punto más débil del líder de derecha, que repitió infinidad de veces su slogan y único escudo cada vez que se sentía atacado: «Andrés, no mientas otra vez».

Otro consenso entre ambos candidatos fue acusarse de tener  vinculación con el actual Gobierno de Lenín Moreno, algo que ambos negaron categóricamente.

Indígenas, campesinos y jóvenes, en disputa

Los candidatos intentaron aproximarse a los votantes que vienen de emerger con fuerza en la primera vuelta electoral: el sector indígena y rural, que sacó 19 % (casi lo mismo que Lasso) con la fórmula de Yaku Pérez y su partido Pachakutik, y el sector de los jóvenes urbanos, que obtuvieron un sorpresivo 15 % bajo la fórmula de Xavier Hervas, de Izquierda Democrática.

Allí concentraron sus movimientos, debido a que ambos sectores son imprescindibles para ganar el balotaje.

Quizá Lasso llevó la ventaja hacia el sector jóvenes al hacer algunas propuestas concretas, como la de un millón de computadoras para estudiantes y becas de estudio tanto en Ecuador como en el exterior.

Lasso propuso que aumentaría el financiamento a universidades y Arauz señalo que en su oportunidad este se negó a hacerlo desde el Legislativo. Arauz respondió proponiendo enseñar programación informática desde los 6 años, asegurando que abrirá las universidades a los sectores rurales y que «volverán las becas». Todo ello sin explicar bien cómo va a hacerlo.

¿Quién ganará las elecciones del 11 de abril?

Ni el resultado de la primera vuelta (en la que Arauz sacó 32 % y Lasso 19 %) ni el debate presidencial del domingo son suficientes ni arrojan datos que permitan pensar en una tendencia estable que marque un seguro ganador.

Tomando en cuenta que en las presidenciales de 2017 el correísmo (la tendencia de Arauz) le sacó una ventaja de 13 puntos en primera vuelta a  Lasso (que también fue candidato en esa oportunidad), pero en la segunda la diferencia terminó siendo de 2,5%, podemos inferir que el resultado puede ser cerrado.

Por ello, en las pocas semanas que quedan de campaña ambos deberán hacer apuestas mucho más concretas, pragmáticas y efectistas hacia los sectores que están en pugna, que las que se vieron ayer.

Iremos analizando esta disputa que se prolongará veinte días más, señala Alí López, ganador del premio municipal de Literatura 2015 con su libro Dale más gasolina y del premio Clacso/Asdi para jóvenes investigadores en 2004. Colaborador en diversos medios de Europa, Estados Unidos y América Latina.

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