Las letras de Cuenca y el país se quedan sin uno de sus grandes

El escritor Eliecer Cárdenas Espinoza en una de sus últimas intervenciones ante los medios de comunicación en defensa de la cultura de Cuenca, el Azuay y el país.

Devastador. La mañana de este domingo 26 de septiembre dejó de existir el gran escritor, periodista y cronista de Cuenca, Eliecer Cárdenas Espinoza, dejando un enorme legado a la cultura de Cuenca, su provincia natal Cañar y a todo el país.

Apenas han pasado muy pocos días desde que el personaje acompañó y coordinó con toda vitalidad los esfuerzos del Frente Cultural del Azuay pera recuperar en la actualidad una adecuada conducción administrativa y de gestión de la Casa de la Cultura Núcleo del Azuay, de la que fue su presidente entre 1990 y 1995, con grandes logros.

“Queremos trabajar en unidad para recuperar el real sentido de la cultura como pilar en la construcción colectiva de identidades y lograr la dignificación de actores y gestores que han quedado huérfanos del apoyo institucional y solo ahora que hay elecciones están siendo llamados a engrosar el padrón electoral”, expresaba Cárdenas a finales de mayo en un llamado de atención al hoy reelecto Director del Núcleo Azuayo.

El novelista, hijo de Arturo Cárdenas y Soledad Espinoza, segundo de nueve hermanos,  nació en Cañar en 1950, pero hizo de Cuenca su segunda tierra. El amor por las letras lo absorbió de su madre que le regalaba libros de cuentos y poesía infantil.

Empezó a escribir relatos cortos cuando tenía 15 años. En 1971 salió a la luz su primer cuento ‘Hoy al general’; desde entonces publicó 13 novelas, cinco libros de cuentos. Su obra cumbre, ‘Polvo y Ceniza’, una de las más grandes novelas ecuatorianas, se publicó en 1979, cuando Cárdenas tenía 29 años, con ella logró el Premio Nacional Casa de la Cultura Ecuatoriana.

En 1992 ganó el tercer premio de la Bienal de Novela Ecuatoriana por la obra ‘Que te perdone el viento’. En 1997 obtuvo el segundo lugar en el concurso nacional de literatura “Ismael Pérez Pazmiño”, de Diario El Universo, por su novela ‘Una silla para Dios’.

También ganó el premio Aurelio Espinosa Pólit con la pieza teatral ‘Morir en Vilcabamba’, en 1987.

Entre sus obras constan: ‘Juego de Mártires’ (1976), ‘Del silencio profundo’ (1980) ‘Diario de un idólatra’ (1990), ‘El enigma de la foto perdida’ (2013). Diario de un idólatra, Las antiguas mañanas, Un fantasma en la oficina, Háblamos Bolívar; entre los cuentos: Siempre se mira al cielo, la incompleta hermosura, El ejército, La ranita que le cantaba a la luna.

Además se destacó en el ámbito del periodismo como articulista de Diario El Tiempo y Diario El Mercurio, y con crónicas en varios  periódicos ecuatorianos.

En el 2014, el Concejo Cantonal de Cuenca lo nombró cronista de la ciudad.

Paz en su tumba.

Reacciones

Jacky Beltrán

Siempre voy a recordar cómo la escritura de Eliécer Cárdenas me “salvó” de un político que nos amenazaba al medio en el que trabajaba y a mí con un proceso judicial por un titular que no le había gustado. Eliécer, que era el editorialista de El Tiempo en ese momento, escribió un texto brillante en el que asumía los errores que habíamos cometido (porque sí, nos equivocamos también), pero no cedió a la presión del político ni copió el texto que él quería que publiquemos. Lo tomé como un ejemplo de defensa al periodismo. El que era mi jefe de redacción (el JF) me dijo: “Te salvó el poeta”.

Por eso lo que ahora más recuerdo de él es esa chispa para escribir los artículos en los que firmaba y la rigurosidad en los editoriales a nombre del diario. Ni hablar de sus novelas y cuentos, eran un disfrute.

También recordé que a veces coincidíamos en el bus de la línea 12, que nos llevaba al antiguo edificio del querido Tiempo, en donde se reunía con el director a conversar sobre los temas que debía escribir y luego salía con su periódico bajo el brazo.

La muerte de Eliécer es también para mi otro momento de la despedida del los periódicos de antes, de esa vida intensa en las redacciones, de los cierres y las prisas. De la máquina de escribir y de las hojas de papel.

Fue uno de los primeros autores ecuatorianos que leí y que me inspiraron a creer que una literatura local y nacional era (y es) posible. Fue mi maestro en algunos talleres en la universidad. Ya para cuando empecé a publicar, siempre se mostró muy receptivo, cordial y afable; tanto conmigo como con mis letras. Hoy nos ha dejado el gran Eliécer Cárdenas y no podemos sino apaciguar el dolor de semejante partida mediante la celebración de su obra y el recuerdo de los momentos compartidos.
(Aquí, un recuerdo del 2019, una noche de literatura y bohemia de las tantas vividas)
Descanse en paz, maestro.
Querido Cristóbal:
Eliécer Cárdenas Espinosa honró a la Vida, en el camino y la verdad con los dones y talentos maravillosos que nos ofreció.
Su legado fue reconocido siempre más allá de su Querida Familia y muy dentro del Corazón de Ella, que fueron Sus Amadisimos Padres, Arturo y Soledad y de cada uno de los corazones de Ustedes, sus Hermanos y Hermanas y sus Familias muy apreciadas y queridas por las mías.
Fuimos muy cercanos cuando compartimos en la Casa del Tío Darío, la casa de Todos.
Un linaje muy ilustre fue exaltado y confirmado a través de tan fecunda obra literaria y humana de Eliécer desde Luis Cordero, Octavio y Alfonso Cordero Palacios, desde Cañar, en Charcay, Chilchil y Surampalti, también míos, de Betsabe y de nuestros Padres e Hijos.
Me uno a las lágrimas y al dolor de la Familia Cárdenas Patiño, a las de su Esposa Carmen, y a las de sus Hijos e Hijas y sus Familias.
A las lágrimas y al dolor de la Familia Cárdenas Espinosa, que son las tuyas Cristóbal Edmundo, Juan, Pablo, Montserrat, Gema y cada uno de los Suyos.
El Ecuador entero, con Cuenca y toda la comarca de Azuay y Cañar, habíamos quedamos plasmados indeleblemente y para siempre , en las letras y en cada línea y renglón literarios y musicales, genuinos y geniales del Escritor Insigne e inmortal que se queda para ser leído de largo, y más ahora cuando muchos sabrán, en su ausencia, mucho más de Eliécer para tenerlo presente entre nosotros para siempre.
Su partida no es temprana porque no se ha ido.
Su transición nos sabe muy prematura.
Está hoy mismo Eliécer en la gloria del Altísimo Omnipresente.
Está en el Paraíso.
Construyó maravillosa la expresión de su belleza en cada hecho, página y expresión vital que elaboró y construyó genialmente.
Aceptadas sean mis palabras escritas con el Corazón del corazón.
Paz en sus Vidas.

2 comentarios en «Las letras de Cuenca y el país se quedan sin uno de sus grandes»

  1. Teodoro Efraín Lucero Jara | el 26 septiembre, 2021 a las 15:58 | Responder

    Un pe grande de mi amigo Licenciado Eliecer Cárdenas, quien en varias ocasiones me ayudó en los eventos artísticos en presentación de muestras de pintura, realizando elocuentes apreciaciones de cada obra, un excelente escritor pero sobre todo un extraordinario ser humano.

  2. Teodoro Efraín Lucero Jara | el 26 septiembre, 2021 a las 15:59 | Responder

    Una pena grande, mi amigo Licenciado Eliecer Cárdenas, quien en varias ocasiones me ayudó en los eventos artísticos en presentación de muestras de pintura, realizando elocuentes apreciaciones de cada obra, un excelente escritor pero sobre todo un extraordinario ser humano.

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