La Muerte y la Vida

El "juego" de los grupos de adolescentes además de generar riesgos mortales puede ser tipificado como delito por parte de la justicia penal. (Captura de pantalla).

 

Por Patricia Giler Guerrero

Justo cuando pensé que el dolor que sentía no podía ser mayor, sucedió. El martes de la semana pasada falleció mi padre después de 4 años de luchar contra las secuelas de un infarto cerebral y el miércoles lo sepultamos. Ver cómo se apagaba poco a poco cada día fue tan difícil como su propia partida. El sentimiento de orfandad fue tan grande que es como si de la noche a la mañana hubiera asumido que ya no era “su niña” sino lo que soy: Una mujer de 51 años. Para la tranquilidad de su alma, le prometí que iba a ser una mujer muy fuerte, que iba a saber afrontar cualquier situación que la vida me pusiera delante, pero nunca imaginé que sería tan pronto.

El jueves, decidí ir a trabajar. Qué iba a hacer en mi casa, sola. Mi esposo trabajando, mis hijos en el colegio; lo mejor era refugiarme en la agitación de las noticias diarias.

Al terminar el noticiero, me llamó mi esposo, me dijo que lo habían llamado del colegio porque nuestro Alexis se había caído. A los pocos minutos me llamó de nuevo, dijo que ya estaba con él y que estaba en la casa recogiendo los documentos de Alexito para llevarlo al Hospital , no pasaron más de 2 minutos y me volvió a llamar para decirme que no los encontraba, que estaba bloqueado…. en ese instante entendí la gravedad de lo ocurrido, aunque aún no sabía que era lo que había pasado exactamente.

El momento que me dijo que Alexis se había golpeado la cabeza y luego que perdió el control de sus esfínteres y vomitó CASI ENLOQUEZCO. Empece a gritar desesperada que lo lleve urgente al hospital, bajé y en 5 minutos ya estaba en el Roberto Gilbert. Me tocó esperar 15 minutos para que llegaran. Los más largos de mi vida, no me importó arrodillarme en la calle para pedirle a Dios que mi hijo este bien, era como una pesadilla de la que quería despertar y no podía.

Cuando por fin llegaron, fue aún peor. Ver y recibir a mi hijo como un pedacito de algodón inerte, con la mirada perdida, balbuceando incoherencias, que no paraba de vomitar, transparente…solo el amor a él me hizo fuerte.

Los médicos le pusieron oxígeno, vía, medicinas, yo luchaba porque no se durmiera, pero él seguía con la mirada perdida y cerraba y abría los ojos, a los 30 minutos, me dijeron que ya estaba estable, el dolor empezaba a ceder y lo llevaron a hacerse radiografias, tomografías, electrocardiogramas y demás.
Pero…Qué había pasado?

Estaba en el colegio, terminó la primera hora de exámenes y tenían que ir a otra aula, en el momento que salían, estando el inspector en la puerta, 2 compañeros le dicen: Alexis hagamos un video de baile, tú salta lo más alto que puedas y nosotros empezamos a bailar, mi hijo inocente de lo que le iban a hacer, salta y ellos en el aire le patean las piernas provocando que Alexis caiga de espaldas en las baldosas y quede inconsciente. EL MALDITO RETO ROMPECRANEOS.

El momento que mi hijo quedó tendido en el piso, Marcos uno de sus compañeros, lo carga, le avisan al inspector, lo llevan a enfermería, le dan los primeros auxilios y deciden llamar a Pio. Los compañeros le avisan a Ariel y María Pía, quienes ingresan a la enfermería a ver a su hermano y cuando le hablaron no los reconoció… quedaron devastados…

Alexis no recuerda nada, no recuerda el accidente, no recuerda haber estado en la casa, ni que yo lo recibí en el hospital, nada…

Fueron los momentos más terribles de mi vida, no sabía que iba a pasar, ningún médico me daba un diagnóstico, solo me decían que tenía que esperar. Eso ocurrió a las 8 de la mañana. a las 12h45 Alexis despertó. Aunque es prohibido que haya menores en el hospital, María Pía ingresó y al hablarle a su hermano, Alexis despertó. Ya con menos dolor y sobre todo ya coherente, la reconoció, me reconoció, no sabía que le había ocurrido, solo sentia que le dolía la cabeza.

Mi pobre Ariel, no logró entrar a ver a su hermano, verlo llorar me partía el alma, pero mi única opción era darle fuerza y decirle que todo iba a estar bien, aunque yo misma no estaba segura de lo que iba a pasar. Los amigos de mis hijos (el grupo de “la familia” ), los profesores, algunas mamás de sus compañeros que los quieren mucho, permanecieron por horas afuera del hospital.

Luego de que los médicos descartaron una sospecha de fractura del parietal derecho, empezaron los chequeos de la columna, que también resultó afectada, pero a decir del traumatólogo nada que con terapia no se pueda solucionar, su cuello hinchado y según los estudios que le han hecho esta semana, con un pequeño derrame en el oído izquierdo, que aparentemente se está reabsorviendo.

Sin embargo, yo no puedo hacer más que agradecer a Dios, es más, el momento que me dijeron que ya estaba fuera de peligro sentí mi corazón de fiesta, porque todo es recuperable.  Muchas personas me dicen demanda, pero no lo voy a hacer. Dios me devolvió mi hijo, el resto, todo todo todo, lo dejo en manos de él.

 El colegio ha estado pendiente día a día y… los chicos del reto o más bien del atentado se acercaron al hospital junto con sus padres a pedirnos perdón y a decir cuan arrepentidos están. Sé que eso no es suficiente. Sé que la sanción que les impuso el colegio, de dejarlos en todas las materias para remedial, tampoco, pero ahora toda mi energía, mi tiempo y esfuerzo estan enfocados en que mi hijo se recupere.

Espero las familias de los implicados, tomen las medidas para hacer que sus hijos agarren conciencia y responsabilidad sobre sus actos, para que el día de mañana no haya otros chicos y otras familias sufriendo lo que nosotros sufrimos. Tengo tanto que agradecer a Dios que creo que el perdón es la mejor manera de hacerlo. No la impunidad. Ellos tendrán que resarcir de alguna manera lo que han hecho, deben ser testimonio vivo de cuanto daño pueden causar los retos, que no son sino producto de sociedades enfermas donde los estudiantes se matan con metralleta en mano, pero nada de eso es nuestro, nada de eso nos pertenece, no tenemos porque copiar lo peor de los demás.

 No pensaba hacerlo público, porque necesito tranquilidad para mi hijo, pero ya que mis colegas, o más bién mis amigos periodistas de toda la vida se enteraron y se han solidarizado conmigo incondicionalmente, prefiero contar yo misma lo sucedido.

Neurólogos, traumatólogo, Otorrinoralingólogo, pediatra, exámenes, pruebas y sobre todo mucho reposo, son ahora el diario que vivimos con Alexis, y lo será por algunos meses más. Se agota con facilidad, ayer tuvo que pedirle ayuda a Ariel para subir unos cuantos escalones donde le fuimos a realizar las pruebas de audición.

Su vida cambió, pero espero en Dios que sea solo por unos meses, al menos así me lo aseguran los médicos. Lo importante es que está a nuestro lado, sonriente como siempre, diciendo que esta bién, que no tiene nada, queriendo irse al concierto de Guns and roses el próximo mes ja! Se olvida que tiene un largo mes más solo en cama para luego poco a poco ir reincorporándose a sus actividades.

Hablemos con nuestros hijos, lo que le pasó al mío, fue por ingenuo, su mundo es la música, él no sabía lo que le iban a hacer, nunca pensó que sus compañeros fueran tan…. inconscientes, indolentes, tan…

Hay muchos otros retos mortales, investiguemos, alertemos, uno nunca piensa que le puede suceder a uno de nuestros hijos, pero ya ven, sucede. La verdad es que si yo estuviera al otro lado de esta situación, es decir si un hijo mío hubiera sido capaz de hacer algo así, creo que estaría aún más preocupada que si fuera la víctima del “reto” , en fin, eso, insisto se lo dejo a Dios.

Ahora, la prioridad es la recuperación de mi Alexito. Gracias a tooooooooooooodas las personas que conociéndolo y sin conocerlo se han unido en oración por su recuperación.

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