La mediocridad: reflexiones y aforismos

Por Carlos Jaramillo Medina (Del blog Claraboya)

Hay un concepto que procede del mundo clásico: “Aurea Mediocritas”. Un término latino que significa “la dorada mediocridad”  que alude a la búsqueda y alcance de un deseado punto medio, común, mediano, entre los extremos. Un estado ideal alejado de cualquier exceso, mediante la justa medida de los opuestos.

Este concepto está presente en las doctrinas de Confucio y Buda y en la filosofía griega. Aristóteles identifica la virtud con el hábito de actuar según el justo término medio entre dos actitudes extremas, tanto el exceso como el defecto, a las cuales denomina vicios. La categoría de belleza con sus dimensiones de simetría, proporción y armonía está también presente en la arquitectura griega que representa la justa medida en las construcciones.

El término “Aurea Mediocritas” llega a nuestros días popularizado en la literatura universal. Por ejemplo, el romano Horacio en las “Odas” escribe este fragmento: “El que se contenta con su dorada medianía / no padece intranquilo las miserias de un techo que se desmorona, / ni habita palacios fastuosos / que provoquen a la envidia”. Y Fray Luis León elogia la vida retirada del mundanal ruido alejada de los vicios y los oropeles.

Actualmente la palabra mediocridad ha tomado un significado de connotaciones negativas. José Ingenieros, médico y filósofo italiano-argentino, escribió “El hombre mediocre” (1913) con gran influencia en la juventud de su tiempo y en especial en el movimiento de la Reforma Universitaria de Córdoba iniciada en 1918.  En esta obra se califica a la mediocridad como una sombra proyectada por la sociedad, que es por esencia imitativa y adaptada para vivir en rebaño, reflejando las rutinas, prejuicios y el dogmatismo útil para la domesticidad.

Huyamos de cualquiera de las formas de mediocridad que solo busca el menor esfuerzo y destruye los ideales honrados del hombre y la sociedad. El cáncer de esas formas de mediocridad bien puede expresarse de modo conciso y en pocas palabras. En este sentido, el aforismo puede ser una estrategia útil para sentar un principio de manera coherente, en apariencia cerrada y por tanto con rotundidez:

  1. La mediocridad crea una segunda naturaleza negligente.
  2. El discurso del mediocre es: “mejor malo conocido que bueno por conocer”, es decir el inmovilismo
  3. La aspiración del sujeto mediocre es el acomodo a su medianía.
  4. La condición del mediocre es la renuncia al perfeccionamiento.
  5. Mediocridad y educación son términos que están en las antípodas.
  6. Autoridades, profesores y alumnos que ceden a lo mediocre dañan seriamente el progreso de la sociedad.
  7. La mediocridad que una sociedad admita perdurará y se convertirá en un hábito nefasto.
  8. Luchar contra la mediocridad y tender a la excelencia es una obligación de todos.
  9. El esfuerzo por superar lo mediocre mejorará la sociedad y la adaptará a la modernidad.
  10. Rescatemos el concepto clásico de “Aurea Mediocritas” que implica los valores del equilibrio, armonía, proporción y demás virtudes cívicas.

(A propósito de una reciente reflexión presidencial sobre el ingreso a la universidad).

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