La «dinámica perversa» tras la crisis política en Perú

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El Gobierno de Pedro Castillo transita un escenario complejo en un Perú sumido en una confrontación entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo, al que se suman los vaivenes económicos derivados de la crisis ucraniana y las sanciones a Rusia.

Para el sociólogo y geógrafo peruano Juan Luis Dammert, entrevistado por el analista Álvaro Roslik, de Sputnik, quien analiza la crisis política en el país andino, la amenaza de un nuevo proceso de vacancia presidencial se cierne sobre el país como solución —y trampa a la vez— de la coyuntura política entre oficialismo y oposición.

Según el experto, las sucesivas crisis políticas del Perú deben ser abordadas desde una perspectiva histórica, sobre la que no es necesario remontarse demasiado tiempo atrás, para entender su dinámica y sus factores.

Desde la elección presidencial de 2016 y el triunfo de [Pedro Pablo] Kuczynski sobre Keiko Fujimori, comenzó una «dinámica perversa», que tuvo desde su origen «un anuncio de Fujimori de que iban a implementar su plan de gobierno desde el Congreso, y una actitud, desde el Congreso también, de hostilidad frente al presidente Kuzczynski (2016-2018), que tuvo dos procesos de vacancia», afirma Dammert.

A partir del exitoso segundo proceso de declaración de vacancia presidencial impulsado desde el Congreso contra el presidente Kuzczynski en marzo de 2018, asume en su lugar su primer vicepresidente, Martín Vizcarra (2018-2020), «quien también enfrentó dos procesos de vacancia y en el segundo fue vacado».

Luego de consumada la vacancia de Vizcarra, «entró Manuel Merino (2020-2020), que generó una protesta social muy fuerte, renunció a la presidencia y asumió después el señor [Francisco] Sagasti (2020-2021). Lo que quiero decir con esto, es que desde ya hace un poco más de cinco años, se ha instalado en el país una dinámica perversa de buscar vacancias presidenciales», apuntó el sociólogo.

¿Qué sectores alientan la crisis en Perú?

La situación política del país, que había sido relativamente estable en los últimos 20 años, ha entrado según Dammert en este nuevo ciclo de inestabilidad.

«Esto ha sucedido en buena medida porque la elección de 2021 terminó en una polarización del espectro político, como fue nuevamente la candidatura de Keiko Fujimori y Pedro Castillo, que hasta antes de la elección era, básicamente, un personaje desconocido en la política nacional más allá de su participación en una huelga magisterial donde tuvo alguna notoriedad», afirma Dammert.

Según el sociólogo, la polarización devenida del último proceso electoral «prolonga esta crisis política que veníamos arrastrando, no se termina de resolver y hay unos sectores bastante alineados con la derecha política, que también está fragmentada, porque lo que caracteriza a la política peruana es la fragmentación, que no han podido acceder al Poder Ejecutivo, que han promovido varios de estos procesos de vacancia y que tampoco logran cumpir con su objetivo».

Errores propios de Castillo

Si bien el Gobierno de Castillo «empezó su presidencia con una amenaza permanente de vacancia, de que ‘te vamos a sacar apenas podamos’, desde la derecha política», es necesario entender la naturaleza del proyecto político que hace llegar a Castillo al poder, sostiene Dammert.

El partido político Perú Libre, cuyo fundador y líder es Vladimir Cerrón, presentó la candidatura de Castillo, «en buena medida porque Cerrón no podía postular por tener una sentencia por corrupción», por irregularidades durante su gestión como gobernador regional de Junín.

Una vez llegado al Gobierno, realiza una alianza entre diferentes actores y sectores que lo apoyaron para llegar a la presidencia. «Perú Libre, es uno de ellos, las bases de magisterio —sus más cercanas—, algunos otros partidos de izquierda democrática que no habían pasado a segunda vuelta, pero dieron su apoyo».

En general, varios sectores antifujimoristas se movilizaron a favor de la candidatura de Castillo «para evitar que triunfe Keiko Fujimori en las elecciones».

«Entonces, se produce una alianza poco programática diría yo, que el presidente decide hacer lo que acá llamamos un ‘cuoteo’, es decir, vamos a repartir los ministerios y los diferentes cargos públicos entre quienes me apoyaron y vamos a tratar de compensar a todos, pero sin mayor criterio programático y también con el error más grande que ha tenido el Gobierno, que ha sido hacer nombramientos de personas no idóneas con los cargos», advierte el sociólogo.

La oposición peruana acusa el exceso de nombramientos alejados de idoneidades técnico-políticas, que responderían más bien a la lógica de cuotas políticas que a un proyecto programático.

«Esa falta de capacidades es una de las explicaciones de la crisis que vivimos ahora, que la gestión pública está colapsando, se está derrumbando en varios sectores de forma estrepitosa. No hay ninguna reforma en curso, no hay ninguna decisión importante de gestión y el descontento está empezando a aflorar», sostiene Dammert.

Si bien para Dammert no existe un «poder detrás del trono» en la relación Cerrón-Castillo, si existe una dinámica peculiar en el relacionamiento entre ambos referentes.

«Cuando las cosas van mal o hay alguna movilización social, Cerrón toma distancia del Gobierno, lo critica y él reclama que se regrese al programa de Gobierno que presentaron para la campaña, que es un programa marxista y que tiene entre sus principales banderas, un cambio de la Constitución, pero esto no está implementándose», afirma Dammert.

«Hubo un momento en el cual [el presidente] tuvo una crisis y cambió al primer ministro del ala de Cerrón, el señor Guido Bellido, que fue el primer ministro al principio de la gestión de Castillo, que luego de una crisis lo cambia y pone a la señora Mirtha Vásquez, que viene de, llamémosle, una izquierda más moderada. Pero luego en otra siguiente crisis rompe con la izquierda moderada y regresa a su alianza con Cerrón», afirma el sociólogo peruano.

¿Cómo salir de esta crisis?

«Esa es la pregunta que todos nos hacemos, desde los ciudadanos de a pie hasta los analistas de diferentes tendencias: ¿cómo salimos de esta crisis?», sostiene Dammert.

Para el sociólogo, Perú se encuentra entrampado en un problema de diseño político, para el que es necesario implementar reformas constitucionales para despejar el clima confrontacional entre poderes del Estado sin que impliquen la búsqueda de anulación política.

En el Perú se ha prohibido la reelección de parlamentarios, presidentes y alcaldes, «entonces lo que tenemos es una clase política permanentemente amateur, y al no hacer las cosas bien crece el descontento de la gente que dice ‘que se vayan todos’, pero después entran otras nuevas personas sin experiencia y no se puede, no hay incentivos para que los que podrían hacerlo bien se queden y tengan pues una carrera política, como ocurre en muchos lugares del mundo», indica Dammert.

El sociólogo peruano advierte la existencia de una sensación punitiva de parte de la sociedad ante la falta de una agenda política de interés público, junto con la necesidad de crear mecanismos de control del espectro político nacional, como la celebración de elecciones primarias abiertas para evitar «candidatos oportunistas que después no le rinden cuentas a nadie. Pero estas reformas políticas tendrían que hacerlas el propio Congreso, y el propio Congreso no las va a avanzar».

«Lo que hay ahora es una especie de equilibrio entre el Gobierno y el Congreso. El Congreso no está dispuesto a sacar al presidente porque eso implicaría que se tendrían que ir ellos también. Entonces hemos quedado en esta especie de mediocridad permanente sin posibilidad de recambio», enfatiza Dammert.

Tribunal Constitucional: el nuevo punto de discordia

La elección de los juristas integrantes del Tribunal Constitucional peruano ha resultado ser un verdadero dolor de cabeza para las últimas administraciones.

Durante su mandato, el expresidente Martín Vizcarra se opuso al nombramiento de los nuevos miembros del tribunal propuestos por el Congreso, lo que devino en una crisis política de proporciones que culminó en la disolución del Poder Legislativo.

«El punto que quiero destacar es que la elección de los miembros del Tribunal Constitucional, que ya toca hace bastante tiempo, acompaña la crisis política de forma muy cercana, y la forma en la que ha actuado el Tribunal en diferentes momentos, por ejemplo, ahora mismo con el indulto a [Alberto] Fujimori, han sido de bastante arbitrariedad», afirma Dammert.

Existe el temor a que se consoliden grupos políticos, que a través de este tribunal pueden actuar con impunidad o promover la arbitrariedad de las decisiones públicas, sostiene.

Contexto internacional

La crisis política que atraviesa Perú no ha estado ajena a los vaivenes económicos y geopolíticos mundiales. Crisis inflacionaria pandémica, problemas en la cadena de suministros derivadas de la operación militar especial en Ucrania y las sanciones a Rusia, han afectado al país andino, que ha tenido una política monetaria bastante estable en los últimos 20 años.

Los peruanos no están acostumbrados a tener inflación desde la hiperinflación que sufrió el país entre 1989 y 1991.

«Es un indicador muy sensible y ahorita no es que sea culpa del Gobierno, sino de un fenómeno global, pero sí es muy sensible a la mentalidad de los peruanos. Y el Gobierno ahora está discutiendo, y de eso va a depender un poco su destino, viendo diferentes mecanismos para frenar el alza de los precios de los alimentos y los combustibles», explica Dammert.

En el caso de los combustibles, Perú no es un productor importante de petróleo y no es un país que subsidia los combustibles. «Hay un fondo de estabilización de precios para ciertos combustibles. Ahora este fondo se ha ampliado, pero como en todos los países hay que ver hasta qué punto esto va a generar un forado [agujero] en la caja fiscal», agrega el sociólogo peruano.

Entonces a pesar de que hay problemas en proyectos mineros y que la inversión está un poco más lenta que lo habitual, para Dammert existe la posibilidad de estabilizar la caja con la entrada de las ganancias extraordinarias que traerá el ciclo de precios al alza de la minería.

El reto para el Gobierno, opina, estará centrado en cómo utiliza de forma correcta las ganancias para detener los brotes inflacionarios y que no se incremente el costo de vida de una forma que genere crisis política, «como ha sido el caso de los combustibles y los alimentos».

«Ahí es donde se va a definir, me parece, las posibilidades que tiene el Gobierno de Castillo hacia el futuro», concluye Dammert.

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