Iglesia devuelve su dignidad a niños no nacidos y recién nacidos sin identificar

Los padrinos y madrinas en la ceremonia religiosa en la Catedral La Inmaculada Concepción de Cuenca.

Los padrinos y madrinas en la ceremonia religiosa en la Catedral La Inmaculada Concepción de Cuenca.

Con los pequeños cofres en sus manos, las madrinas y padrinos se dirigen por el pasillo de la nave central de la Catedral la Inmaculada Concepción hacia el pie del presbiterio donde se ha dispuesto mesas engalanadas con manteles y cirios blancos, allí los reciben los funcionarios del Servicio Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses y los depositan frente a los 34 cirios encendidos como símbolos de vida.

Los rostros de los padrinos y feligreses, al igual que los de las autoridades, reflejan un profundo respeto y recogimiento. El escenario y el ambiente del mayor templo  católico de Cuenca están inundados de solemnidad.

Los 34 cofres blancos contienen los cuerpos inertes de niños no nacidos y recién nacidos sin identificar que permanecían bajo cadena de custodia de las Unidades Operativas del Servicio Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Manabí, El Oro, Santo Domingo, Esmeraldas y Cuenca.

Pero también encierran historias humanas que por mucho que se haga no podrán ser olvidadas y pesarán mientras sus protagonistas mantengan su trajinar por los caminos del mundo. Amores inacabados, promesas truncas, sueños convertidos en pesadillas, amenazas insospechadas, inocencias perdidas, abuso, arrepentimientos…

Unos se acunaban en los vientres maternos, otros alcanzaron a percibir por instantes la luz y el otro oxígeno, pero todo se cortó en el momento insospechado, luego el abandono, la clandestinidad, la soledad, el error perenne.

Pero el espíritu humano también está para redimir y así los seres anónimos obtuvieron identidad: José Manuel, Juan, José Gabriel, Isaura María, Sofía, Luciana, Emilio, apadrinados por el agente fiscal Fabián Ambrosi, Carmen Moreno, Dory Merchán, Mónica Célleri, Jaime Moreno, el gobernador Xavier Enderica, el Gral. Carlos Cabrera.

Ser padrino de este acto es una responsabilidad de altísima importancia y un recordatorio a la sociedad que siempre tenemos que formar parte de la vida, del cuidado y no de un relativismo que empuja a la cultura de la muerte donde los seres humanos somos descartables, hay que invertir esa pirámide de valores, expresa Jaime Moreno, director ejecutivo de la Cámara de Comercio de Cuenca, quien apadrina a Sofía.

No estamos aquí para recriminar, para culpar a nadie, eso lo dejamos a Dios que da a cada uno lo que le corresponde, nosotros tenemos que hacer lo nuestro, como gente de fe, pero la presencia de estos 34 pequeños cuerpos nos llama profundamente a la reflexión, señala el arzobispo Marcos Pérez Caicedo, durante la homilía de la misa celebrada para darlos sepultura.

Esto es un signo de lo que pasa ahora en nuestra sociedad que ha perdido la sensibilidad, el amor, el respeto, una sociedad que se caracteriza por el materialismo, que descarta todo aquello que cree que es un estorbo, llama la atención el arzobispo.

Recuerda que el Papa Francisco cuestiona la sociedad de consumo, de descartes: no me interesas, no eres bueno para mí, por eso te dejo a un lado, te aniquilo, te anulo; ese es el egoísmo que se impone y domina nuestros corazones.

Por eso Dios nos llama a la reflexión: qué estamos haciendo, cómo estamos viviendo, qué presente y qué futuro estamos dando a nuestros niños, jóvenes, a la familia. Estos niños nos recuerdan a tantos que sufren, a tantos que no han podido venir al mundo por culpa de nuestro egoísmo, sostiene.

Para el religioso, en las blancas urnas están retratados no solo  el error, la turbación, la equivocación de una mujer, junto a esas madres estamos todos nosotros que de una u otra manera somos culpables de tantos males, de tanta violencia.

Cuántas veces hemos dejado solas a aquellas mujeres desesperadas y que han tomado decisiones nefastas, cuántas veces los varones hemos impulsado y obligado a las mujeres a cometer terribles males, cuestiona monseñor Pérez Caicedo.

Por ello es que durante 2017 se inhumaron 51 cuerpos de niños no nacidos y recién nacidos en la ciudad de Quito, y en lo que va de 2018 se realizó el mismo procedimiento en Quito, Sucumbíos y Loja con 43 cuerpos más, sumando un total de 128 cuerpos de niños no nacidos y recién nacidos que habrán recibido un entierro digno y apegado a la norma técnica, puntualiza el Servicio Nacional de Medicinas Legal y Ciencias Forenses.

Tras la solemne Eucaristía, el blanco desfile de los cofres va camino de salida hacia el Campo Santo Santa Ana cuyos directivos se unieron a las muestras solidarias para reconocer la dignidad de los pequeños seres humanos, inhumando sus cuerpos conforme a los ritos de la fe católica.

 

 

 

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