Hasta siempre querido amigo y hermano Efendy

Efendy Carpio (2do. D) cuando integraba el grupo Intiñan.

Por Mario Cando

Recuerdo en una ocasión ya bastante lejana, cuando la savia de la música andina y el canto latinoamericano corría en torrente desbocado por nuestras venas, hace más de 30 años, el trajinar escénico nos hizo coincidir en el coliseo de Azogues con uno de los referentes del nuevo canto latinoamericano, Pueblo Nuevo.

Comúnmente, antes de salir a escena, tras bastidores los músicos realizan un calentamiento de instrumentos, manos, dedos y voces, como una especie de aflojar y botar los nervios, diría.

En ese ejercicio le encontramos a uno de los percusionistas del grupo en mención, quien desataba con evidente energía su habilidad con los cueros. Él lo quedó observando, inmóvil, durante varios segundos y de inmediato reaccionó de una forma inesperada pero digna de celebrarla para nosotros y seguramente molestosa para el percusionista.

¡Va, yo soy el mejor quenista del mundo y no digo nada!, expresó elevando la voz, dio media vuelta y se alejó del camerino, dejando sorprendido al tumbero. ¡Que estos morlacos sí son jodidos!, espetó, e interrumpió su ensayo.

Y vaya que en plena juventud, ese momento era ya, sin temor a equivocarme, el mejor instrumentista de vientos en Cuenca. Quenas, zampoñas, zancas, toyos, rondadores, expresaban los mejores sonidos musicales al momento de pasar por sus labios y manos.

Su versatilidad lo llevó a fundar, formar e integrar los mejores grupos del folklor y el nuevo canto latinoamericano en Cuenca: Wankanapi Llacta, Intiñan, Víctor Jara, entre los más conocidos. Con nosotros, los de Víctor Jara, recorrió varias partes de Ecuador, reforzando de largo la armonía instrumental y vocal. Su profesión de odontólogo lo fue alejando poco a poco.

En este otro escenario del quehacer humanístico también destacó y brilló con luz propia, demostrando una honda sensibilidad social con quienes requerían de su ayuda.

Hoy está en silencio, el poder inexorable de la muerte lo sorprendió y venció. Qué enorme espanto tratar de adivinar la cósmica soledad que lo envolvió en el instante supremo. Hasta siempre querido amigo y hermano Efendy Carpio.

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