Encuestas: las cosas claras y el chocolate espeso.

Las encuestas, supuestamente, establecen y señalan tendencias del electorado.

El panorama electoral en la recta final de la segunda vuelta marca una confrontación sin tregua en el país. Diversos análisis políticos, versiones de prensa y mediciones de “opinión pública” buscan entregar una descripción de la realidad nacional. No obstante, esa confrontación ideológica como una niebla lo envuelve todo, obnubila, enceguece y puede distorsionar la realidad. Frente a diversas versiones de campaña publicadas nos obligamos a realizar un ejercicio de precisión. En otras palabras, de aclaración semántica acerca del significado de términos mayormente usados en el análisis político electoral y una interpretación de cifras manejadas por los analistas.

Antes y después del debate presidencial del 21 de marzo, las encuestadoras herramienta en mano realizaron sondeos de opinión con el propósito de establecer la intención de voto del electorado, es decir, la proyección del voto en candidatos presidenciales inscritos oficialmente en el CNE. Una encuesta, como se sabe, es un procedimiento dentro de los diseños de una investigación descriptiva en el que el investigador recopila datos mediante un cuestionario previamente establecido, sin modificar el entorno ni el fenómeno donde se recoge los datos. Las encuestas ayudan a obtener referencias que permiten validar una información para la toma de decisiones respecto a lo que se está evaluando. Los encuestadores antes de emprender su trabajo de campo definen previamente objetivos, públicos, tamaño de la muestra, preguntas, entorno geográfico donde realizarla, si es presencial cara a cara o digital, el programa para tabular y el plazo de la encuesta.

Sin embargo, habiendo hecho todos lo mismo, los resultados suelen ser contradictorios. ¿Por qué? La respuesta surge al plantear el propósito de la encuesta: informar o incidir. Informar para que el electorado se entere de algo que desconoce, o incidir para influir y causar un efecto en la decisión del elector. Si todos aplican técnicamente similares procedimientos, la disimilitud de resultados y cifras se explica por los diversos propósitos que pueden animar una encuesta.

Amerita, entonces, dilucidar cuándo las encuestas son una herramienta informativa orientadora o una estrategia política influyente que pretende forjar la voluntad popular.

Las encuestas, supuestamente, establecen y señalan tendencias del electorado. Estas tendencias son -o deben serlo- una corriente de inclinación natural que se orienta de manera espontánea en una determinada dirección. Las tendencias de intención de voto establecidas por las encuestas se reflejan en votos totales y votos válidos, además de nulos y blancos expresados por el encuestado. Cuando se suman los votos nulos a los válidos la cifra del ganador tiende a ser menor; por el contrario, mientras menos votos nulos, el candidato que resulta primero en la encuesta aparece con mayor preferencia en la intención de voto.

Tendencia electoral

Las últimas encuestas de dos empresas -Perfiles de Opinión y Omar Maluk- establecen una tendencia similar. En el primer caso, Perfiles de Opinión realizó una encuesta cualitativa entre los días 20 y 24 de febrero sobre una muestra de 4.065 personas con edades comprendidas entre 18 a 65 años a nivel nacional, en territorios urbanos y rurales. A los entrevistados se mostró una papeleta electoral similar a la real, y se pidió que voten como si la elección fuese en ese instante. Los resultados, con 1,5% de margen de error, señalan a Andrés Arauz con 43,15%, Guillermo Lasso con 23,75%, Nulos 25,74% y Blancos 7,37%. Un segunda encuesta -en este caso digital- de la misma empresa, muestra a Arauz con 37,87%, Lasso 30,19%, Nulos 25,01%, Blancos 6,93%, Indecisos 23,63%, Decididos 76,15%. Es notorio que la misma tendencia en ambos sondeos de intención de voto muestra cifras diferentes, por que en el primer caso los votos nulos son menos (23,75) que en el segundo caso (25,74). Si el voto nulo fuera, por ejemlo, 20,0%, es pobable que primero suba a 52,00% según expertos. Si se trata de jugar a los vaticinios, una proyección de cifras finales indica que el resultado real de la segunda vuelta sería para Andrés Arauz 55,0% y para Guillermo Lasso 45,0%

La empresa de Omar Maluk en una reciente encuesta establece sobre votos decididos que Arauz tiene 36,9%, Lasso 26,0%, en intención de voto, Nulos 21,6%Blancos 3,8%Indecisos 11,75%. En el resultado sobre votos válidos, la encuesta de esta empresa establece que Arauz tiene un 58,7% y Lasso el 41,3%.

La pregunta de rigor: ¿se puede revertir esta tendencia? La respuesta está dividida entre los encuestadores. Habrá unas que, incluso, muestren una tedencia distinta, al revés, en tal caso deberán publicar también la ficha técnica con la metodología empleada ante el público por elemental sentido de transparencia y respeto ciudadano.

Una necesaria reflexión ciudadana: ¿Para qué una encuestadora miente forjando cifras? Sencillo, para favorecer a su cliente. ¿Qué hace para forjar cifras, desinformar e influir en la decisión del electorado? Hace un relato de tendencia revertida, o que sí se puede restablecer la tendencia a un estado anterior. Según esta estrategia, la reversión de la tendencia se produciría por la decisión de los indecisos a última hora o minutos antes de votar. Para mostrar credibilidad en la reversión tendenciosa las encuestadoras que mienten aumentan, inflan, la cantidad de indecisos días antes de las elecciones; y, en la última semana que el país entra en el “túnel oscuro” cuando por ley no se puede publicar encuestas, argmentan que los indecisos supuestamente deciden y terminan cambiando el panorama al revertir la tendencia original que se venía dando durante los días anteriores.

De más está decir que la oscuridad no deja ver la luz. Para que nadie se llame a engaño, en cuestión de encuestas, las cosas claras y el chocolate espeso.

Por:  Leonardo Parrini ( Portal La Palabra Abierta).

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