En Nabón no se sintió el paso del tiempo

La acogedora estancia

En la casa del Molino de Piedra de Charqui el descanso merecido tras una larga caminata.

La mañana del sábado pinta un tanto sombría y fría, pero ello no desanima a Francisco, Rosita, Julia, Wilson, Carmen, Carlos, Eduardo, Gladys, Bertha, Inés, quienes forman parte del grupo de 35 alumnos de la Universidad del Adulto Mayor (UAM) que se alistan para emprender viaje rumbo a los parajes del cantón Nabón, en una jornada que se adivina será de explosiva alegría.

Como creo que mi mujer ya no quiere estar conmigo, pronto pronto me mandó “rempujando”, bromea Wilson, contagiando su risa a los compañeros de viaje, mientras Carlos contesta hilarante a su contacto telefónico del momento: ¡Uh ni te preocupes, ya estoy aquí, cómodamente sentado en el bus! Así, uno tras otros van soltando sus ocurrencias a la espera de 4 compañeros rezagados que a la final no llegarán y entonces el conductor del bus acciona la marcha de la unidad. Durante las primeras cuadras del trayecto la fe católica se exterioriza en oraciones “para que Dios nos guíe en el camino”.

En la ruta, en la zona donde se extiende el valle de Tarqui,  Francisco Moscoso, especialista en la rama de turismo y líder del emprendimiento de Turismo Cultural de la UAM, recuerda que allí se prepararon las tropas de Ecuador para luego enfrentar a las huestes peruanas en la Batalla de Portete.

Saboreando las exquisitas truchas asadas a la brasa junto a la Cascada de Charqui

En referencia a ese hecho histórico, Wilson, quien en su juventud fue profesor en una escuela en Baijón, cantón Nabón, relata el episodio de dos niños que salieron de Cuenca y como pudieron llegaron a las llanuras de Tarqui, preguntando por Antonio José de Sucre. Al encontrarlo sacaron de debajo de sus ponchos unos pañuelos blancos en los que habían atado panes para que el general reparta a sus soldados. Sucre no pudo contener el llanto y tras besarlos en las frentes, pidió a los niños que se alejen del peligro y retornen a Cuenca.

Francisco Moscoso retoma la explicación y cuenta que Tarqui, Victoria del Portete, Cumbe, Nabón, son parte del antiguo asentamiento cañari dividido en los Señoríos de Guapondelig, Chordeleg, Cañaribamba y Jatun Cañar que se extendía desde Huairapungo hasta lo que hoy es Puerto Inca.

Entre relato y relato, y entre las citas de los datos históricos y geográficos, parte de los miembros del coro que es uno de los importantes logros de la proyección cultural de la UAM, lleva la voz para que todo el grupo libere las aptitudes del artista escondido, o reprimido.

Con todo ese ambiente ameno el paso del tiempo ha sido ignorado y los viajeros se dan cuenta que están en los dominios de Nabón cuando el conductor disminuye la velocidad para girar hacia la izquierda y tomar la vía que conduce al centro cantonal.

Minutos antes, Francisco Moscoso daba cuenta de la inexistencia de la propiedad privada de la tierra en las comunas de Zhiña y Chunasana, lo que ha incomodado sobre todo a los migrantes que al retornar de los Estados Unidos y otros países han querido obtener las escrituras de lo que creen son sus propiedades.

Ya en el centro de Nabón, la recepción es sensacional en el restaurante Doña Marinita instalado en una casona de más de 200 años: un desayuno con quesillo, mellocos, tortillas, agua aromática, café, chaguarmishqui incluido, a lo que se suma la música del piano electrónico y la guitarra de Honorio Ochoa y Alejandro San Martín, es el preludio del derroche de bondad en la gastronomía por parte de los anfitriones.

El mollino de piedra estä en manos de la sexta generación de la familia Ochoa.

Tortillas de maíz y trigo, trucha asada a la orilla de la cascada de Charqui, sacada del mismo río; dulce y colada de sambo; puchero, sancocho, seco de borrego y pollo; más café con tortillas, seguramente hubiesen hartado a los más aficionados a los potajes, sin embargo se ha pensado bien para equilibrar la ingesta de los alimentos con el derroche de energía al atravesar los caminos, en algunos lugares con pronunciadas cuestas, rumbo al Orquideario; la Cascada de Charqui; el Molino de Piedra de Charqui, accionado por la fuerza del agua, que ahora está en manos de la sexta generación de la familia Ochoa, es decir tendrá más de 300 años; la vertiente de Challúa que brota de las entrañas del Taita Alfonso que vigila eternamente a la Nana Sara, los dos a los extremos de la hacienda de Roque Ochoa.

Otro momento de descanso en la acogedora estancia La Cocina de Rosita Amelia.

Ahí, en la estancia La Cocina de Rosita Amelia, en la que se han reunido numerosos familiares del anfitrión, se enciende la fiesta, guitarra en mano y la voz en cuello, para animar el baile al son de albazos, san juanitos, pasacalles, cachullapis. La alegría se habría extendido de no ser porque las primeras sombras de la noche empezaban a decolgarse del Taita Alfonso y la Nana Sara, entonces se empezaron a desandar los caminos andados, con el cansancio enredado en los pies, pero con la algarabía acumulada en el alma. Cuenca los esperaba para continuar con el trajín cotidiano.  ABRIR VIDEO

 

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