El terror se apoderó de la cárcel de Cuenca

La unidad de Medicina Legal de la Fiscalía acude al lugar para el traslado de los cadáveres al Centro Forense. (Captura de pantalla Facebook Crónica Cuenca).

 

Al estilo de los más espeluznantes guiones cinematográficos, o de las violentas películas o series de narcos, el Centro de Rehabilitación Social de Turi, en Cuenca, se llenó de terror este jueves 20 de febrero con la aparición de 6 sentenciados colgando de cuerdas atadas a sus cuellos desde los pisos superiores de las literas.

El macabro hecho se empezó a hacer público luego de las 11h00 cuando los internos de 6 diferentes salas de los pabellones de mínima, mediana y máxima seguridad descubrieron los cuerpos ya inertes y dieron la voz de alarma.

De acuerdo a las fotografías de las víctimas que se filtraron desde el interior del centro penitenciario, los autores de lo que, versiones coincidentes señalan como asesinato, utilizaron un mismo tipo de cuerda y un mismo patrón de crimen, dando un mensaje que debe ser descifrado por las investigaciones.

Pero para la opinión pública lo primero que salta a la vista es la existencia al interior del centro carcelario de poderosas organizaciones delictivas que pugnan por el control total de las instalaciones, primero, y luego del territorio en el que ejecutan sus acciones de terror, es decir la ciudad de Cuenca.

El hecho de que los autores materiales de los presuntos asesinatos hayan actuado en un solo patrón de planificación da luces para esas sospechas: los muertos purgaban sus penas en los pabellones de diferente nivel de peligrosidad, entonces el mensaje es igual para todos. ¿Pero cómo se los seleccionó para morir?

El Servicio Nacional de Atención Integral a Personas Adultas Privadas de la Libertad y Adolescentes Infractores (SNAI) identificó a las víctimas como Carlos C., cumplía una sentencia por el delito de violación y atentado contra el pudor; Adilson L, por asesinato; Darío M., asesinato; Stalin E., robo; Pedro P., robo agravado; y Jorge C., violación. Las condenas iban desde 3, 25 y hasta 40 años.

Según las versiones iniciales de las autoridades, por el momento ninguno de los internos o guías penitenciarios vio nada.

Al parecer estaban en los patios o, si vieron, están obligados a callar por el temor a correr la misma suerte.

Lo cierto es que quienes pugnan por alzarse con el control de la cárcel de Cuenca están logrando su objetivo. El comunicado del SNAI en el sentido de que  la directora de la peniteniaría, María Belén Cabrera, “mantiene diálogos permanentes con líderes de los diferentes pabellones, con el fin de conocer las causas que motivaron estos acontecimientos”, dejaría en evidencia lo dicho: inclusive están nombrados ya los interlocutores.

María Belén Cabrera, directora del Centro de Rehabilitación Social de Turi, se refiere al macabro hecho y anuncia que la Fiscalía avanza en las investigaciones.

Mientras tanto, de acuerdo a la percepción general de la ciudadanía, incluidos algunos voceros policiales y otras autoridades, el Centro de Rehabilitación Social de Turi está convertido al momento en el más grande foco de irradiación  de la inseguridad.

Con el traslado a esta cárcel de los más avezados delincuentes desde otros centros penitenciarios del país, se trasladan también sus grupos de colaboradores, convirtiéndole a la otrora apacible Cuenca en una ciudad invivible por los altos niveles de delincuencia e inseguridad.

Se conoce que al momento están en el CRS de Turi 2.771 reclusos y nuevamente se ha convertido en un centro de hacinamiento, como hasta hace poco lo era la antigua cárcel de la ciudad, donde ahora está el Parque de la Libertad.

Por todo esto, y con toda razón, la ciudadanía reclama la acción común de las autoridades y de los diferentes sectores sociales y de opinión de Cuenca y la provincia del Azuay, para obligar al Gobierno Nacional a una reestructuración total de ese centro penitenciario

Sé el primero en comentar en «El terror se apoderó de la cárcel de Cuenca»

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*