El repliegue ruso en Jersón: ¿por qué Kiev y sus patrocinadores no tienen nada que celebrar?

Gráfica ilustrativa tomada de Sputnik.

La clave para hacer creer a la ciudadanía occidental en el victorioso avance de las fuerzas del régimen de Kiev —y, así, justificar los gastos en sostenerlo militarmente y económicamente— radica en ocultar toda la información que contradiga esta narrativa. Un método propagandístico que se ha vuelto a aplicar en el caso de Jersón.

La decisión de Rusia de retirar sus tropas de esta ciudad —la capital de una de las cuatro provincias que se reintegraron al gigante euroasiático el pasado mes de octubre—, se vende por la prensa hegemónica como una gran victoria de Ucrania y como la «máxima derrota» de la operación militar especial de Moscú. Una versión que solo puede convencer a quienes no tienen acceso a fuentes de información alternativas porque autoridades como las de la Unión Europea realizaron una gran labor en esta dirección, censurando medios como Sputnik, publicó el medio.

Una censura que llega a los extremos de impedir que se conozcan los argumentos expuestos por el comandante de la operación militar especial, el general de Ejército Serguéi Surovikin, cuyos planteamientos dejan en nada la retórica de los medios ‘mainestream’.

En su informe ante el ministro de Defensa, el alto mando constató que el adversario está sufriendo «daños significativos», fruto del aumento del potencial combativo de la parte rusa gracias a medidas como la movilización de los reservistas. Se sabe que de los 300.000 movilizados más de 80.000 ya están en el campo de batalla, de los cuales más de 50.000 participan en combates y lo hacen de manera exitosa tratándose de ofensivas en una serie de direcciones. En este contexto, Surovikin —autor de la derrota terrorista en Siria—, comunicó que tan solo en el mes de octubre, las bajas ucranianas superaron los 12.000 militares y fueron aniquilados 350 mercenarios.

Refiriéndose a la región de Jersón, Surovikin manifestó que las fuerzas ucranianas perdieron en sus intentos de ofensiva más de 9.500 hombres, más de 200 carros de combate, más de 500 vehículos blindados, más de 600 vehículos de diferentes tipos y más de 50 piezas de artillería y morteros. Según el general, se ha vuelto a confirmar la regla de que las tropas en defensiva tienen menos bajas que en las de ofensiva, donde las pérdidas de la parte rusa son hasta 8 veces inferiores.

«Valoramos la vida de cada combatiente ruso», subrayó Surovikin.

Mientras que la estrategia aplicada por el régimen de Zelenski expone sus ofensivas pírricas que parecen perseguir el único objetivo de mejorar el rating electoral del Partido Demócrata que cada vez es más rechazado por la población estadounidense, tal y como lo demuestra su deplorable resultado en las elecciones de medio mandato.

Lo denunció el vicepresidente del Consejo de Seguridad de Rusia, Dmitri Medvédev, y el jefe de la Cámara Baja del Parlamento ruso, Viacheslav Volodin, cuando señaló que el Ejército ucraniano es comandado por el Pentágono, donde al haberse convertido en una «colonia de EEUU» condujo a que Ucrania perdiera desde 2014 gran parte de su población.

«Sus ciudadanos son para Washington carne de cañón. La guerra hasta el último ucraniano cobra centenares de vidas diariamente», escribió el político en su Telegram.

La prioridad de Rusia es preservar las vidas, tanto de sus soldados como las de los civiles, subrayó Surovikin a tiempo de denunciar los bombardeos indiscriminados del régimen de Kiev contra infraestructuras como escuelas, hospitales o puntos de distribución de ayuda humanitaria en la región de Jersón, incluida la capital.

A pesar de que la parte rusa logra derribar alrededor del 80-90% de los misiles ucranianos, se tomó la decisión de evacuar a la población local. Unas 115.000 personas ya fueron reubicadas desde el área de las hostilidades a otras regiones más seguras, entre ellas la península de Crimea.

«Hicimos todo lo posible para garantizar su seguridad», enfatizó el general.

Agregó que el adversario estaría trabajando en causar una fuerte inundación en la zona atacando con misiles la represa de la central hidroeléctrica de Kajovka, una de las más importantes del país. El derrumbe de esta represa dejaría a las fuerzas rusas en Jersón, en la orilla derecha del río Dniéper, totalmente aisladas del grueso de la agrupación militar rusa en la orilla izquierda y sin la posibilidad de los suministros indispensables para su éxito.

En estas circunstancias, Surovikin abogó por concentrarse en la línea de defensa en la orilla izquierda, una decisión «muy difícil», pero que permitirá «lo más importante»: preservar las vidas de militares rusos. Esto permitirá que las fuerzas replegadas puedan participar en otras direcciones de la operación especial, entre ellas las más exitosas para Moscú.

La argumentación de Surovikin no aparece en los medios hegemónicos, donde se repite que el repliegue ruso constituye la «peor derrota de Putin en Ucrania». Una falsa interpretación necesitada por personajes como el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, quien se apresuró a manifestar que «lo que está claro es que Rusia está bajo una fuerte presión y si se libera Jersón sería otra victoria de Ucrania».

Así, la Alianza busca a toda costa frenar las crecientes divergencias entre sus miembros sobre el conflicto ucraniano, habiendo cada vez más conciencia en países de la UE respecto a la inviabilidad del apoyo al régimen de Kiev y la ruptura con Rusia. No es de sorprender, ya que en Europa, el régimen de Volodímir Zelenski ha llegado al punto de pedir créditos para pagar salarios y pensiones a sus ciudadanos, y hasta la energía a sus socios europeos.

Otro hecho llamativo es que el propio Volodímir Zelenski se muestra muy cauteloso como para atreverse a hablar sobre una victoria ucraniana en Jersón.

«El enemigo no nos da regalos, no hace gestos de buena voluntad», sostuvo el mandatario.

Quizás Zelenski está al tanto de que la orilla izquierda del río Dniéper ha sido convertida por Rusia en una enorme fortificación. Lo reconocen medios como la cadena CNN, indicando que cualquier intento de las fuerzas ucranianas de cruzar dicho río les costará un «precio exorbitante», Además, se subraya que tras el repliegue, Rusia sigue controlando un 60% del territorio de la región de Jersón, incluida la estratégica costa del mar de Azov. Tampoco se descarta que la maniobra rusa suponga una trampa, un anzuelo para precipitar la entrada en Jersón de las fuerzas ucranianas.

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