El plan de Latinoamérica para desafiar al dólar con una nueva moneda y ‘arquitectura financiera regional’

Andrés Araúz, excandidato presidencial de Ecuador. (Foto tomada de Geopolítica Económica).

Asesorando al presidente electo de Brasil Lula da Silva, el economista ecuatoriano y excandidato presidencial de izquierda, Andrés Arauz, elaboró ​​un plan para una “nueva arquitectura financiera regional” para unir a América Latina, incluida una moneda internacional para desafiar la hegemonía del dólar estadounidense y el FMI.

El dólar estadounidense se utiliza en la mayor parte del comercio internacional, y su condición de moneda de reserva global le otorga a Estados Unidos un “privilegio exorbitante” que sustenta su hegemonía geopolítica y económica.

Sin embargo, la oposición a la dominación de Washington crece en todo el mundo. Las instituciones de integración euroasiática están proponiendo sus propias monedas y sistemas de pago. América Latina también tiene planes ambiciosos para poner fin a su dependencia del dólar estadounidense, de acuerdo a la publicación del portal Geopolítica Económica. 

El destacado economista Andrés Arauz, un líder de izquierda que estuvo cerca de ganar las elecciones presidenciales de Ecuador en 2021, publicó un plan para una “nueva arquitectura financiera regional” para unir a Latinoamérica, desafiando la hegemonía del dólar y las instituciones dominadas por Washington como el Fondo Monetario Internacional.

Su plan se centra en la creación de una nueva moneda regional para las transacciones internacionales, así evitando el dólar.

El marco se basa en una propuesta hecha por el presidente electo de Brasil, Lula da Silva, quien prometió antes de ganar las elecciones de octubre que “vamos a crear una moneda en América Latina” para “liberarnos del dólar”.

Se espera que la moneda se llame el Sur, y sería supervisada por un recién creado Banco Central del Sur.

Para hacer todo esto, Arauz ha aconsejado a Lula que reviva y fortalezca las instituciones de integración regional existentes, como la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y el Banco del Sur, que fueron socavados por varios golpes de estado respaldados por Estados Unidos y el ascenso de los gobiernos de derecha.

El objetivo es “armonizar los sistemas de pago” de los países que integran la Unasur para “ejecutar transferencias interbancarias a cualquier cuenta dentro de la Región en tiempo real y desde el celular”, explicó Arauz.

El economista ecuatoriano también insistió en que América Latina debe rechazar el Fondo Monetario Internacional (FMI) y trabajar con África para crear alivio de la deuda y nuevas oportunidades económicas.

Además, argumentó que Latinoamérica necesita más representación en las instituciones internacionales. Así que, escribió que “los países de la Unasur deben exigir una posición colectiva en la mesa del G20, que está a punto de obtener la Unión Africana”.

El dólar estadounidense está utilizado en el 96% del comercio en las Américas

Tanto Lula como Arauz han dejado claro que el Sur no reemplazaría a las monedas locales, como el euro de la Unión Europea. Los países de América Latina aún tendrían sus propias monedas nacionales, por lo que pueden seguir una política monetaria soberana.

Más bien, la idea es utilizar el Sur para el comercio bilateral entre países, en lugar del dólar.

La propuesta ya es muy popular en Latinoamérica, dado que es la región del mundo más dependiente del dólar estadounidense.

El dólar se utilizó en el 96% de las transacciones comerciales entre países de las Américas entre 1999 y 2019, según el Sistema de la Reserva Federal de EEUU.

La creación de la moneda Sur podría cambiar esto de manera fundamental.

Un gráfico del uso del dólar estadounidense en el comercio internacional, según la región

La economía combinada de América Latina es casi la mitad de la economía de EEUU

La mayor parte del comercio en las Américas está dominado por Estados Unidos, que tiene la segunda economía más grande del mundo (después de la República Popular China, cuando se mide con la paridad del poder adquisitivo).

El PIB de Estados Unidos es de aproximadamente $23 billones (millones de millones), mientras que el de Canadá es de casi $2 billones.

A menudo se informa que el PIB nominal de América Latina y el Caribe es de alrededor de $5,5 billones (millones de millones), según datos del Banco Mundial, y que las tres economías más grandes de la región son Brasil ($1,6 billones), México ($ 1,3 billones) y Argentina ($491 mil millones).

Pero las mediciones del PIB nominal pueden ser engañosas y solo refuerzan la hegemonía del dólar estadounidense. Una medida mucho más precisa del PIB, la paridad del poder adquisitivo (PPA), tiene en cuenta el costo de vida en cada país respectivo.

Ajustada de acuerdo con las medidas de la PPA, la estimación más precisa del PIB de América Latina y el Caribe es en realidad de $11,4 billones (millones de millones), con Brasil en $3,4 billones, México en $2,6 billones y Argentina en $1,1 billones.

Esto muestra que las economías combinadas de América Latina y el Caribe representan casi la mitad del tamaño de la economía estadounidense.

La región también es muy rica en recursos naturales, incluidos petróleo, minerales y agricultura.

Si América Latina pudiera unificarse con sus propias instituciones financieras independientes, tendría un enorme potencial económico.

El (abortado) nacimiento del Banco del Sur

El vasto potencial económico de América Latina ha sido reconocido durante mucho tiempo por los líderes antiimperialistas de la región.

En la década de 2000, los presidentes de izquierda de Venezuela (Hugo Chávez), Brasil (Lula da Silva), Argentina (Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner), Bolivia (Evo Morales), Ecuador (Rafael Correa) y Paraguay (Fernando Lugo) hizo planes para crear instituciones financieras alternativas para desafiar al Banco Mundial y al FMI, que están dominados por Estados Unidos.

El Banco Mundial y el FMI tienen un historial de atrapar a los países del Sur Global en una deuda odiosa e impagable y, posteriormente, imponer programas neoliberales de “ajuste estructural” que obligan a los gobiernos a implementar políticas de austeridad sofocantes que benefician a las grandes empresas estadounidenses.

Siguiendo la visión del presidente revolucionario de Venezuela, Hugo Chávez, los líderes de izquierda de América Latina acordaron crear un banco destinado a la unidad regional, llamado el Banco del Sur.

Chávez, Lula, los Kirchner, Morales y Correa se reunieron en Argentina en 2007 y firmaron un tratado creando oficialmente el banco.

Pero el lanzamiento del Banco del Sur se retrasó.

En 2009, los líderes de estos países se reunieron nuevamente para la Cumbre América del Sur-África (ASA) en Venezuela, donde prometieron un capital inicial combinado de $20 mil millones.

Sin embargo, estos planes nunca se realizaron.

Varios gobiernos de izquierda en América Latina fueron desestabilizados y derrocados en una serie de brutales ataques geopolíticos librados por Estados Unidos y las oligarquías de derecha, incluyendo varios golpes patrocinados por Washington: un golpe militar en Honduras en 2009, un golpe judicial en Paraguay en 2012, un golpe interno en Ecuador en 2017, dos golpes blandos en Brasil en 2016 y 2018 y un golpe violento en Bolivia en 2019, así como numerosos intentos de golpe fallidos en Venezuela y Nicaragua.

Estos ataques de Estados Unidos y el subsiguiente ascenso de la derecha también condujeron al sabotaje de otro instrumento clave de la integración regional, la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).

Si bien el Banco del Sur estaba destinado a integrar económicamente a la región, la integración política fue supervisada por Unasur que fue creada formalmente en un tratado de 2008, y fue oficialmente operativa en 2011.

Pero mientras Estados Unidos preparaba otro intento de golpe contra Venezuela, en 2018 y 2019, los líderes derechistas de Brasil, Argentina, Colombia, Chile, Perú y Paraguay se coordinaron para retirarse de Unasar, dejando a la institución muy débil.

Otra importante institución regional creada en paralelo al Banco del Sur y Unausr fue el ALBA: la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América.

Venezuela y Cuba formaron el Alba en 2004 como una alianza económica de gobiernos de izquierda en América Latina y el Caribe.

El ALBA creó su propia moneda para el comercio interestatal de la región. Adoptado en 2009, se denominó el Sucre: el “Sistema Único de Compensación Regional”. (Este acrónimo también hace referencia al revolucionario sudamericano Antonio José de Sucre, quien se unió al general Simón Bolívar en la lucha anticolonialista contra el imperio español a principios del siglo XIX.)

En su apogeo, el ALBA unió a Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia, Ecuador y Honduras en un bloque comercial, y utilizaron el Sucre en más de $1 mil millones en comercio bilateral en 2012.

El sueño de Chávez de unificar la región fue socavado por su muerte prematura en 2013, y lo que siguió fue una guerra económica devastadora de Estados Unidos contra Venezuela, que incluyó una caída artificial del precio da las materias primas orquestada por Estados Unidos en 2014, varios intentos de golpe violentos respaldados por Washington, la imposición de duras sanciones que escalaron gradualmente a un embargo al estilo del bloqueo contra Cuba y el intento de Donald Trump de instalar por la fuerza al líder golpista no electo Juan Guaidó como el supuesto “presidente interino”.

La izquierda vuelve a levantarse en América Latina

A pesar de los reveses de la década anterior, para 2022, la izquierda vuelve a crecer en América Latina.

Por primera vez en la historia, los países más poblados de la región están gobernados por líderes de izquierda (Brasil, México, Colombia, Argentina, Perú, Venezuela y Chile). Perú avaba de sufrir un golpe de estado protagonizado por las élites de derecha.

Los gobiernos derechistas profundamente pro estadounidenses de Colombia siempre fueron una espina en el costado de la patria grande. Pero eso cambió con la elección en junio del primer presidente de izquierda de Colombia: Gustavo Petro.

Al reconocer el potencial de este momento histórico para lograr una verdadera unidad regional, el líder izquierdista de Ecuador, Andrés Arauz, ha presentado un plan para la integración no solo política sino también económica.

Arauz ha pedido reactivar tanto Unasur como el Banco del Sur, y pretende fortalecerlos aún más con un nuevo Banco Central del Sur.

Arauz es un economista consumado. Pasó más de una década trabajando en el banco central de Ecuador, eventualmente sirviendo como su director general. Actualmente está completando su doctorado en economía financiera.

Bajo el expresidente socialista de Ecuador, Rafael Correa, Arauz se desempeñó como ministro coordinador de conocimiento y talento humano.

Desde entonces, Arauz se ha convertido en una figura destacada del movimiento izquierdista correísta de Ecuador, continuando la “Revolución Ciudadana” lanzada por Correa.

Arauz fue candidato del correísmo en las elecciones presidenciales de 2021. Ganó la primera vuelta de forma aplastante, pero perdió la segunda vuelta con el 47,6% de los votos frente al 52,4% del actual presidente de Ecuador, Guillermo Lasso, un banquero multimillonario de derecha quien es conocido por su corrupción flagrante.

Aunque no está formalmente en el cargo, Arauz se ha desempeñado como asesor económico de políticos de izquierda en la región.

Arauz es cofundador del Grupo de Puebla, un foro político que reúne a las fuerzas progresistas de América Latina. También es miembro del consejo de la Internacional Progresista.

Lula da Silva, quien gobernó Brasil de 2003 a 2010, está estrechamente aliado con ambas organizaciones. Esto hace probable que Arauz se desempeñe de alguna manera como asesor del nuevo gobierno brasileño.

En 2020, Lula publicó un artículo en el sitio web de la Internacional Progresiva titulado “Por un mundo multipolar”. En él, el líder de la izquierda brasileña dijo que busca “la creación de un mundo multipolar, libre de la hegemonía unilateral y del estéril enfrentamiento bipolar”.

Durante su campaña presidencial, en un mitin en mayo de 2022, Lula prometió: “Vamos a crear una moneda en América Latina, porque no podemos seguir dependiendo del dólar”.

Lula ganó las elecciones presidenciales del 30 de octubre y volverá a ser jefe de estado del país más grande de América Latina el 1 de enero de 2023.

En respuesta a la victoria electoral de Lula, Arauz redactó un plan que describe los pasos que Brasil puede tomar para ayudar a desarrollar “una nueva arquitectura financiera regional”.

El artículo, publicado en el sitio web pan latinoamericano Nodal, es una guía que Lula puede seguir cuando asuma la presidencia.

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