El Niño Viajero recorrió la Cuenca urbana y rural para bendecir a su pueblo

El Niño Viajero inicia su recorrido desde la Catedral de La Inmaculada. (Captura de Pantalla).

En una situación extremadamente atípica y condicionada por el Covid-19, como todo el devenir de la vida cotidiana de Cuenca, por primera vez desde 1961, el tradicional Pase del Niño Viajero se ausentó de su recorrido habitual, siendo reemplazado con sobrevuelos de un helicóptero de las Fuerzas Armadas y una muy restringida caravana terrestre  encabezada por el Papamóvil, llevando a bordo la Sagrada Imagen, para impartir las bendiciones al pueblo cuencano, en su mayoría cristiano católico.

Ayer el Niño Viajero sobrevoló las parroquias y barrios urbanos de la ciudad mientras que desde las primeras horas de este jueves 24 de diciembre el sobrevuelo se efectuó sobre las parroquias rurales.

La caravana terrestre recorrió, desde la Catedral de La Inmaculada, las calles de 19 sectores del Centro Histórico y de la zona periurbana de Cuenca, cubriendo todos los puntos cardinales, para culminar en el Santuario Nacional de El Carmen.

La más grande manifestación religiosa y cultural de Cuenca, reconocida a nivel mundial, se remonta a 1961 cuando la icónica imagen del Niño Jesús, mandada a tallar en 1823 por Josefa Heredia, es llevada por monseñor Miguel Cordero Crespo, su poseedor de ese entonces luego de cuatro generaciones, a Roma, para que la imagen sea bendecida por el papa Juan XXIII.

Tras la bendición, la escultura fue trasladada a Tierra Santa, donde el niño fue colocado por un tiempo corto en el Pesebre de Belén.

Al retornar a Cuenca monseñor Miguel Cordero Crespo se comprometió en la organización del pase luego de la vigilia de Navidad, convirtiéndose en el fundador de la festividad.

El religioso encargó la realización del evento a Rosa Palomeque de Pulla, quien al ver la imagen exclamó: «¡Ya llegó el viajero!». Desde ahí se lo conoce como Niño Viajero.

Ese mismo año se celebró su primer pase y fue creciendo hasta convertirse en la Gran Pasada actual. Rosa Palomeque, la primera mantenedora, trasladó esa función a su hija Rosa Pulla, de quien, tras su muerte en 2007, tomó la responsabilidad su hija Carmela Llivipuma.

En 1986 falleció monseñor Miguel Cordero Crespo y en su testamento dejó la sagrada imagen a las madres del Monasterio del Carmen de la Asunción, en cuya posesión han asumido el priostasgo instituciones como la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas; este año le corresponde al Ejército.

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