Diatriba de un padre contra un tal Luis Eduardo

Del muro de Hugo el búho

Estimado Hijo. Te escribo desde algún lugar donde siento mucha paz. Pero no me puedo quedar callado ante lo que presencié. ¿Ya eres un alcohólico y no te has dado cuenta? ¿Esa entrevista con AU-D te pareció periodismo? Hasta ahora siento náuseas. Me avergonzaste, a mí, a tu familia, a la gente que de verdad te aprecia. Hijo, no es fácil para un padre cuestionar a sus vástagos, pero cuando éstos -ya maduros- se han salido del camino que construimos para ellos es necesario un jalón de orejas, un correazo en las nalgas. ¿Dije correazo? Perdón. Topé sin querer un punto sensible de tu obsesión política.

Yo también detesto a ese expresidente, su prepotencia y ese afán pasado de creerse emperador. Pero eso no te da derecho a decir lo que dijiste ni a hacer esos burdos actos corporales y gestuales. ¿Cómo quieres que te respeten con esa demostración de estupidez, machismo, chabacanería, vulgaridad y arrogancia? Eres un periodista, hijo. ¿Entiendes lo que esa palabra significa? Es enorme, importante; y tú, hijo, sí, tú, la estás denigrando a niveles inimaginables. Tu programa fue un estercolero de principio a fin.

Si quieres ser comediante, estudia para eso, ensaya cientos de horas. No cualquiera lo es. No es tu fuerte. Al parecer, tu fuerte es el fuerte. No sé si me hago entender. Ya me hiciste agachar la cabeza cuando jugaste tiro al blanco, pretendiendo ofender a ese dirigente indígena. Lo bueno es que te dijeron chao inmediatamente. Una sociedad racista como la nuestra no puede tener periodistas racistas.

Y ahora apareces borracho en tu exitoso programa. Hay que reconocerte que eres muy bueno para los negocios, eso está bien, hijo. Qué bueno. Pero eso no es periodismo, ¡maldita sea! No lo es. ¿Acaso piensas que tu esposa no se ruborizó viendo tu entrevista? ¿Ese es el ejemplo que le estás dando a tus hijos? ¿Todo se vale para el rating, para sumar likes para ser popular?

Las palabrotas, los actos obscenos, el machismo desaforado, el odio obsesivo y la borrachera están bien en lo privado, cuestionable, pero en lo privado pasa. Te mostraste en público, miles de personas vieron ese acto deleznable de mal gusto. No lo podía creer. Mi hijo, del que me siento orgulloso, convertido en un vulgar patán, mostrando sus miserias a nivel nacional. Confieso que lloré y que sentí mucha lástima por ti. Todos los padres nos preguntamos en esos casos: ¿en qué fallé? Supongo que hasta tu amigo Boscán habrá dicho para sus adentros: ¡qué idiota!

Estás a tiempo de corregir el rumbo, hijo. No es malo tomarse un trago y lanzar un ajo de vez en cuando, pero eres periodista, generas opinión pública, influyes, tienes miles de seguidores. No puedes ser un tonto profundo a tiempo completo. No basta con tener un título o dos. Hay que seguir actualizándose siempre. ¿Podrías destinar unos cuantos dólares a comprar libros de periodismo novedosos? ¿Necesitas ir a alcohólicos anónimos? Busca ayuda, hijo. No seas el hazmerreír de propios y extraños. No permitas que tu propia familia se avergüence o calle lo que realmente piensa.

Por dios, ¡ya basta de tanta mierda! ¿Quieres ser referente de buen periodismo? Pues hazlo. ¿Quieres cuestionar a gente que odias? Pues hazlo. Pero con inteligencia, con criterio, con investigación y calidad. Basta de ser un burdo patán, hijo. Basta.

Con el amor de siempre, quien, desde su lugar de paz, te sigue queriendo.

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