Debilidad del Estado mexicano posibilita constitución de gobiernos alternativos

José Santos en un punto de revisión a la entrada de Tancítaro, Michoacán, donde los ciudadanos asumieron el control ante el fastidio tanto con las autoridades como los grupos de delincuencia organizada. (Brett Gundlock para The New York Times)

José Santos en un punto de revisión a la entrada de Tancítaro, Michoacán, donde los ciudadanos asumieron el control ante el fastidio tanto con las autoridades como los grupos de delincuencia organizada. (Brett Gundlock para The New York Times)

El Estado mexicano, su Gobierno central, Gobiernos locales e instituciones de seguridad y control, así como los órganos del Poder Judicial, han perdido gran parte de legitimidad y representatividad frente a la escalada de la violencia por parte de los grupos armados, especialmente los cárteles del narcotráfico, por un lado; y, por otro, los altos niveles de corrupción en las diferentes instancias gubernamentales.

En este contexto, en varias ciudades y poblaciones se están abriendo espacios para la constitución de “gobiernos alternativos” que sin estar fundamentados en las disposiciones constitucionales y legales, en cambio responden a acuerdos entre sectores ciudadanos y, de hecho, vienen reglamentando las relaciones “políticas”, económicas y sociales, con una sensible reducción de los niveles de inseguridad y violencia.

¿Hastá dónde estas muestras de secesión del Estado mexicano, o experimentos autonómicos, tienen posibilidad de avanzar sin que debiliten a los poderes constituidos?, es lo que analizan Max Fisher y Amanda Taub, periodistas del New York Times, al tocar los casos de Tancítaro, Monterrey y Ciudad Nezahualcóyotl.

Los empresarios de Monterrey y su rol en la seguridad Pública de México

Llegamos a Monterrey, una pudiente ciudad comercial de México, con muchas preguntas. Sin embargo, insistimos en una en particular porque no podíamos creer la respuesta que nos decían tantas personas.

En realidad les parece bien que los líderes empresariales locales tomen control de la policía.

Hicimos esta pregunta a pobres y ricos por igual. La hicimos en oficinas corporativas y centros comunitarios. La hicimos a activistas y funcionarios de gobierno. Se la hicimos a un hombre a quien unos criminales habían obligado a abandonar su casa. Se la hicimos a una monja.

La respuesta, usualmente acompañada de expresiones de fastidio por nuestra insistencia, siempre fue un si.

Intentamos explicar nuestra incredulidad. Si los principales empresarios de, digamos, Washington, tomaran el control de las agencias locales de la policía, reformaran las prácticas de esa institución y pagaran los salarios y la vivienda de los policías, importaría poco si eso disminuye el índice de delincuencia; la situación sería incómoda y cuestionada si los directores de las empresas aeroespaciales y de defensa coordinaran de facto la seguridad pública.

Armando Torjes, un activista comunitario del vecindario de clase trabajadora Guadalupe, fue quien mejor nos pudo explicar la situación. A nadie le preocupa que los empresarios actúen como políticos, dijo, porque el problema real es que los políticos se comportan como empresarios.

“No es que los empresarios sean malos; el problema es que reciben todos los privilegios. Deberían hacer algo para retribuir”, nos dijo mientras su madre, quien también es activista, nos servía una limonada en la sala de su casa.

“Tenemos una clase política que olvida por completo para qué está ahí. De repente, lo único que les importa es hacer negocios”, se lamentó, haciendo referencia a la corrupción política que persiste en todos los niveles.

Estando ahí empezamos a ver a qué se refería. La actividad delictiva no era el único problema de Monterrey; había un desmoronamiento institucional en prácticamente todos los niveles del gobierno que permitió que la corrupción fuera la norma, incluso entre sus policías que recurrían a golpizas y extorsiones de los ciudadanos casi con el mismo descaro que los grupos de delincuencia organizada.

Para resolver el problema delictivo era necesario remediar la corrupción y, para lograrlo, era necesario componer el sistema público.

A esa misma conclusión llegaron los principales empresarios de Monterrey. Pero su método, en vez de hacerle arreglos al sistema público, fue hacer al Estado de lado. (…)    http://nyti.ms/2CXCJqZ

El autogobierno ciudadano en México ante la desconfianza del Estado

TANCÍTARO, México — El camino a este pueblo de campesinos en Michoacán pasa por barrios pobres y territorios controlados por cárteles, en este estado que es el centro de la guerra contra el narcotráfico en México, antes de llegar a un paisaje tan extraño que parece un espejismo.

En las torres de vigilancia de 4,5 metros de altura hay hombres apostados cuyos uniformes verdes no pertenecen a ninguna fuerza oficial. Pasando la torre, la estatua de un aguacate lleva la leyenda: “Capital mundial del aguacate”. Y después de la estatua se encuentra Tancítaro, una isla de seguridad y estabilidad que se ha mantenido después del año más violento en la historia de México.

Los propietarios locales de aguacatales, que exportan más de un millón de dólares en aguacates al día, principalmente a Estados Unidos, resguardan la que se ha convertido en una especie de ciudad-Estado independiente. Con autovigilancia y autogobierno, es un santuario donde los cárteles de la droga están ausentes, al igual que el Estado mexicano. (…)    http://nyti.ms/2mwRPNV

Sé el primero en comentar en «Debilidad del Estado mexicano posibilita constitución de gobiernos alternativos»

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*