Cuenca, ciudad sostenible, solidaria, con su propia identidad

Una de las primeras fotos de la Plaza Central, hoy Parque Calderón. (Foto Internet)

Por Mario Cando

A partir de este bicentenario de independencia de la dominación española, a los poderes públicos y a todos los cuencanos nos toca reivindicar de manera altiva, firme, decidida, los derechos usurpados por la dominación del centralismo.

Desde antes de su fundación española y hasta el presente, Cuenca se ha caracterizado por la voluntad y decisión de su gente, de sus vecinos, de levantarse de la nada y generar las mejores condiciones de vida. El pedido de las autoridades de la Corona española: fundar una «Ciudad para la Eternidad», es una realidad en evolución permanente.

La urbe se cimentó sobre las ruinas de la Guapondelig cañari y la Tomebamba incaica; el espíritu indómito y libertario del pueblo cañari, vivo en la mayoría de sus primeros habitantes, condujo los pasos iniciales y posteriormente la construcción integral de la hoy señorial Cuenca de Los Andes, Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Durante los casi tres siglos de coloniaje español, los cuencanos fueron consolidando una marcada personalidad mestiza, conservadora de los bienes y de grandes cualidades artesanales.

Los esfuerzos de sus habitantes, sobre todo de la mujer trabajadora, convirtieron a Cuenca en el centro de la región. En 1771 accedió a la categoría de Gobernación y en 1779 Cuenca fue la segunda sede de un obispado, tras una fuerte disputa con Guayaquil.

Desde principios del siglo XIX, luego del sometimiento al despotismo de la corona española y las castas criollas y, tras el influjo de los movimientos libertarios a nivel internacional, se reavivó la rebeldía del indómito espíritu cañari, hasta el levantamiento patriótico de los días 3 y 4 de noviembre de 1820, que marcarían la independencia de Cuenca, inclusive como una fugaz república autónoma, con  su propia Constitución, que habría de durar tan solo 35 días.

La gesta independentista destaca decisivos liderazgos como los de Margarita Torres, Teresa Ramírez y Astudillo (esposa de José María Vázquez de Noboa), Susana Bobadilla, Manuela Garaicoa y Baltasara Calderón (madre y hermana de Abdón Calderón), Tomás Ordóñez, Joaquín Salazar y Lozano, Francisco Chica, Zenón San Martín, Vicente Toledo, el cura Juan María Ormaza, José María Vázquez de Noboa, entro otros, con el apoyo del cura Javier Loyola, el cacique cañari Pedro Chilchil, el indio Pinchopata, jefe de la tribu de Los Gualaquizas, las Guarichas. Pero hay que rendir honores a los centenares de héroes anónimos, hombres y mujeres, cuyos nombres no están registrados en las páginas de la historia.

A partir de entonces la ciudad ha ido consolidando su personalidad propia, con grandes hitos en su desarrollo, tanto en lo histórico, político y social, como en lo económico y de servicios, veamos parte de esos hitos.

En 1822 Antonio José de Sucre funda la Corte de Justicia.

En 1828, Fray Vicente Solano introduce la primera imprenta, importa libros y funda el primer periódico, El Eco del Azuay.

En 1844 el Municipio de Cuenca ordena la instalación de un taller para la fabricación de sombreros de paja toquilla.

En octubre de 1864 empieza a funcionar el Colegio Nacional San Gregorio que en 1910 pasará a denominarse Benigno Malo.

En 1867 se crea la Corporación Universitaria del Azuay, bajo la tutela de su primer rector, Benigno Malo Valdivieso. Desde 1926 se denominará definitivamente Universidad de Cuenca.

En 1875 se inicia la construcción de la línea para al ferrocarril. Culmina en 1966 en su conexión con Sibambe.

El 10 de agosto de 1885 se inaugura la línea y equipos de comunicación del telégrafo.

En 1885 se inicia la construcción de la Catedral Nueva diseñada por el hermano redentorista alemán Juan Bautista Stiehle, construcción que se prolongará hasta 1975.

En 1912 aparece el primer vehículo motorizado por las calles de Cuenca, de propiedad de Federico Malo, marca Clement Bayard.

En 1913 comienza la instalación de la primera planta de energía eléctrica, en el sector de Las Tres Tiendas, pedida por Roberto Crespo Toral y gestionada en Washington por el ministro plenipotenciario Rafael María Arízaga. Las luces se encienden a las 19h00 del 10 de agosto de 1914.

Turbina Eléctrica arrastrada por bueyes. (Foto Cuenca Antigua, Facebook)

En 1913 se funda el Banco del Azuay, ya desaparecido.

En 1917 se instala la primera planta hidroeléctrica municipal.

El 4 de noviembre de 1920 llega el primer avión piloteado por Elia Liut. Aterriza en el improvisado campo Jericó, Narancay.

En octubre de 1923 se empieza a construir el edificio del colegio Benigno Malo.

En 1924 se funda la Federación Deportiva del Azuay.

En 1925 se organiza oficialmente la Cruz Roja Provincial.

En 1926 se crea la Oficina de Sanidad, después será la Jefatura Provincial de Salud.

En 1926 se construye la Casa Arce (antiguo Banco del Azuay y hoy Alcaldía de Cuenca).

Con la conformación del Gremio de Choferes, en 1926, comienza la organización gremial y sindical: (Asociación de empleados del Azuay, 1927; Sociedad Gremial Alfareros del Azuay, 1928; Gremio de Sastres del Azuay, 1928; Unión Gremial de Pirotécnicos Azuay, 1928; Gremio de Matarifes de Cuenca, 1928; Unión Gremial de Carpinteros, 1929; Unión Gremial de Peluqueros Azuay, 1930. Posteriormente se crea la Federación Obrera del Azuay, que agrupa a las organizaciones artesanales. En 1945 se funda la Federación Provincial de Trabajadores del Azuay).

En 1928 se crea el Instituto Normal “Manuel J. Calle”, para formar bachilleres en Ciencias de la Educación.

En 1929 se construye el edificio de la Corte Provincial de Justicia.

En 1930 llegan los primeros radios, entonces  denominados “cajas de música radiotelefónica.”

El 8 de julio de 1934 se cumplen los primeros vuelos Quito-Cuenca-Quito en el “Campo de aviación Mariscal La Mar”, cercano a Ricaurte, con dos naves piloteadas por los mayores Luis Mantilla y Cosme Renella.

El 23 de abril de 1941 se inaugura el actual aeropuerto. Desde 1950 empiezan a operar en forma normal varias compañías: (ANDESA en 1946, TRASANDINA en 1947, AEREA 1948; AVIANCA 1949, ATESA 1963, SAN (Servicios Aéreos Nacionales), con capitales azuayos, en 1963. TAME 1964, SAETA y AEROTUR 1967; AEROAMAZONAS en 1968).

En 1949 se crea la empresa eléctrica Miraflores.

Desde 1950 empiezan a formarse las industrias.

El 11 de septiembre de 1950 se constituye la Empresa Eléctrica Regional Centrosur (EERCS). Hoy dos empresas eléctricas públicas son referentes de gestión: la generadora ELECAUSTRO S.A., constituida el 27 de agosto de 1999, y la distribuidora Centrosur.

En 1958 se constituye el Centro de Reconversión  Económica de Azuay, Cañar y Morona Santiago (CREA).

El 6 de marzo de 1965 llega la primera locomotora, con varias plataformas de materiales de construcción, y se inaugura oficialmente la línea Simabe-Cuenca.

En 1973 empieza la instalación de las empresas en el Parque Industrial.

En estos días, superadas múltiples dificultades de planificación, construcción, financieras y de carácter legal, se encuentra operativo el Tranvía, moderno medio de transporte público que se espera cambie en forma integral el sistema de movilidad.

El agua y el saneamiento, gran potencial histórico

Los servicios públicos tienen un largo y fructífero hilo histórico, principalmente en el área del agua y saneamiento, como registra el libro «Hidalgo e Hidalgo S.A. El Poder Humano del Austro».

En 1771 se crea la Gobernación de Cuenca y su representante ordena por primera vez el cuidado de las acequias que corren por la ciudad y proporcionan agua para el consumo humano y otros menesteres.

En 1775 se instala en la plaza central una pileta que recoge el agua de una de las acequias, es el primer registro de una obra pública para surtir el líquido a la población.

En 1859 el Gobernador Manuel Vega ordena instalar piletas en los barrios de la ciudad y cierra la acequia del Matadero, hoy Calle Larga. Varias de las acequias subsisten hasta avanzado el siglo XX.

En 1924 se licita la construcción de la primera planta de agua de Cuenca, y a su vez el Ing. Guillermo Schroeter diseña la construcción de las primeras cloacas, elemental sistema de alcantarillado para el transporte de las aguas servidas.

En 1927 se contrata con Schroeter y Oswaldo Verkefer la construcción del bocacaz y la  conducción de agua entubada de Sayausí a Cuenca. El presidente Isidro Ayora asigna 50.000 sucres para la obra.

En 1927 se obtiene el financiamiento para la primera planta de agua potable en Cullca, la de El Cebollar. La planta se inaugura el 3 de noviembre de 1930. En 1935 se obtiene la ayuda del gobierno nacional para ampliar el diámetro de las tuberías y mejorar el servicio, obra que culmina en 1937.

Entre 1933 y 1937 se ejecutan las primeras obras de alcantarillado subterráneo y se inicia el adoquinado de las calles, con lo cual se logra cerrar las acequias que corrían a sus costados y de las que los cuencanos se aprovisionaban de agua en horas de la madrugada, antes de que fueran contaminadas.

El 4 de septiembre de 1942 se emite la primera Ordenanza para el consumo del agua potable.

En 1945 el alcalde Luis Moreno Mora contrata la ampliación de la planta de El Cebollar. La obra se inicia en 1946.

En 1948 se crea la Empresa Municipal de Luz, Agua y Teléfonos (EMLAT).

En 1957 se inicia el saneamiento ambiental y los sistemas de agua entubada con la ayuda del Servicio de Cooperación Interamericano de Salud Pública (SCISP), de Estados Unidos.

En 1968 la EMLAT se transforma en ETAPA. Para entonces Cuenca dispone de 35 kilómetros de redes de agua con 240 litros por segundo y 93 kilómetros de alcantarillado. En ese año se establecen las primeras directrices de un plan maestro, sobre una superficie aproximada de 260 hectáreas.

Al nacer ETAPA recién se había cerrado el canal del Gallinazo, que llegaba hasta la avenida Huayna Cápac luego de pasar dividiendo el cementerio de ese entonces en las secciones de los pobres y de los ricos. Así, la quebrada Supac Huayco se convierte en el Campo Santo de los necesitados y además en el lugar donde van a parar los restos de los ateos y maldecidos por la iglesia, como la poetisa Dolores Vintimilla de Galindo o el prócer liberal esmeraldeño Luis Vargas Torres.

También se había cerrado el canal del Chanchaco, que bajaba por la calle Juan Jaramillo y llegaba a Monay por la avenida Roberto Crespo, hoy González Suárez, cuyas aguas eran apetecidas para regar los terrenos agrícolas del trayecto.

Desde 1983 ETAPA inicia el proceso de construcción de los planes maestros que convertirán a Cuenca en la ciudad más saludable del país, a través del cambio de las redes de alcantarillado, construcción de interceptores en las orillas de los ríos, construcción de las lagunas de oxigenación.

De manera adicional, la empresa ETAPA asume la responsabilidad por la administración y el manejo de la zona ecológica del Parque Nacional Cajas, donde están las fuentes de agua que abastecen a las plantas potabilizadoras de El Cebollar, Tixán y Sústag.

En las décadas más recientes Cuenca se irá consolidando y fortaleciendo con la construcción de plazas, parques y mercados; construcción de la Terminal Terrestre; producción y exportación del sombrero de paja toquilla; instalación de la fábrica de llantas ERCO y otras industrias; construcción de hospitales y clínicas; implementación de hoteles, restaurantes y salas de cine; instalación de agencias bancarias y cooperativas de ahorro y crédito; creación de nuevas universidades, escuelas, colegios y academias artesanales; instalación y funcionamiento de radioemisoras, creación de periódicos, la consolidación del patrimonio edificado.

Poderes centrales, muy lejos

Todos los logros son empujados por el esfuerzo de sus propios vecinos. Los poderes centrales están muy lejos, y desde siempre, tan es así que en 1920, durante la conmemoración del primer centenario de la Independencia de Cuenca, Remigio Crespo Toral, al recibir al piloto italiano Elia Liut expresa: Cuenca sufre de un centralismo terrible y absorbente. Si Cuenca está aislada, desatendida, olvidada por el centralismo, y si no tiene los caminos de tierra, no nos queda más que pensar en los caminos del cielo.

Sí, los caminos simbólicos del cielo, porque de las vías terrestres solo se ve las trochas y los chaquiñanes donde frecuentemente se “desnucan” los viajeros y sus muladares.

En marzo de 1921, durante  una conferencia en  la Universidad de Cuenca, su rector, Remigio Crespo Toral, denuncia el abandono vial: “El aislamiento vale tanto como la muerte económica: es la clausura conventual, sin sus beneficios espirituales, ya lo dije otra vez, (es) la vida de las prisiones. ¿Qué vale producir  si no podemos vender  afuera? ¿A qué las minas, los fósiles, los hidrocarburos, si no podemos sacarlos al mercado ni traer las máquinas para la extracción? Mancos o tullidos del comercio y de la industria, apenas acertamos a vivir”.

En la década de 1940, Octavio Díaz, rector de la Universidad de Cuenca, describe el problema manifestando: “el camino del sur termina en la parroquia de Cumbe; en dirección para El Oro la vía avanza hasta Portete, el camino a Naranjal que costó muchos esfuerzos y gastos se encuentra en total abandono, el camino al norte termina en El descanso, además no existe la entrada al Oriente.”

Un ingrato referente de lo que jamás debería ocurrir es el de la carretera Cuenca-Molleturo-Naranjal, un sueño que se materializó después de 190 años de exigencias, pero con grandes defectos.

Simón Bolívar inició el recorrido de su ruta el 1 de septiembre de 1822, desde Guayaquil, llegando a Cuenca luego de ocho días.

En 1869, siendo presidente García Moreno y gobernador del Azuay, Carlos Ordóñez Lasso, el ministro Rafael Carvajal comenzó la apertura de la vía que habrá de culminar 141 años más tarde, en agosto de 2010, durante la presidencia de Rafael Correa. El sueño dura cerca de 190 años.

Es tan prolongado el olvido que el 19 de octubre de 1969, un grupo de cuencanos, con el cura de Molleturo, Roberto Samaniego, al frente, se concentró en el parque Calderón para reeditar la memoria de los guandos: emprendieron una aventura que demuestra que sí era posible movilizarse en vehículo, derrotando a las formidables formaciones rocosas y abismos de El Cajas, para llegar al mar.

Empujaron la proeza el Club Deportivo Choferes, el dirigente Raúl Pérez Valladares, el prefecto Severo Espinoza, el alcalde Ricardo Muñoz Chávez, la fábrica de llantas ERCO, el club de andinismo Nuevos Horizontes, la Tercera Zona Militar y la población de Molleturo.

La llantera prestó un jeep Land Rover, la Zona Militar facilitó equipos de comunicación, Radio Popular transmitió el avance del raid, los bravos “molleturos” improvisaron puentes y armaron andas para cargar sobre sus hombros el jeep.

El vehículo atraviesa por una pasarela improvisada (Foto Cuenca de Antaño, Facebook).

El vehículo y su caravana pasaron por Quinoas, Migüir, Zapallo Loma, Molleturo, Hierba Buena, Guarumal, Naranjal, siguiendo el trazo del camino de García Moreno. En el camino también estaban el foto periodista Vicente Tello, el teniente político de Sayausí, Arturo Vanegas, el arriero Lizardo Guevara; la difusión tuvo el apoyo de las emisoras Radio Popular, Ondas Azuayas, Radio Cristal de Guayaquil con Armando Romero Rodas, y Ondas del Pacífico.

Demosstraron al gobierno que “no era el camino del infierno por el que no podía pasar ni el diablo”, según comentario del entonces teniente político, Enrique Vicente Urgilés Quiroz.

En 1970, el presidente José María Velasco Ibarra confió su construcción a la empresa italiana Monolítica. El objetivo fracasó.

En 1984, el candidato presidencial socialcristiano, León Febres Cordero, se comprometió a construir una autopista por esa ruta, ya en el poder se olvidó del compromiso.

Rodrigo Borja (1988-1992) contrató con Hidalgo e Hidalgo su construcción; la administración del presidente Rafael Correa la rehabilitó con pavimento de hormigón a lo largo de sus 112 km., entre Sayausí y El Empalme.

Barrios, oficios, artesanías, tradiciones: una característica singular

Desde su fundación Cuenca se configuró en base a la organización barrial, cuya especialización de artes, artesanías y oficios sostuvo buena parte de las necesidades económicas de las familias y propició el desarrollo de la ciudad.

En las periferias del cuadrilátero central, la naciente urbe agrupó a los carpinteros, olleros, tejeros, «bataneros», tintoreros. El 24 de diciembre de 1563 el Cabildo obligó a las personas de un mismo oficio a concentrarse en lugares específicos; así, desde inicios del siglo XVII los sastres se ubicaron en San Sebastián y, desde 1630, en San Blas.

Con esta regulación, hacia mediados del siglo XX están consolidadas la forja del hierro en Las Herrerías; hojalatería, bordado de polleras, sastrería, en El Vado; hojalatería en El Vecino; zapatería y talabartería en La Zuelería, alfarería en La Convención del 45, ladrillo y tejas en Sinincay y Racar, panadería en Todos Santos y El Vado, orfebrería a lo largo de la calle Gran Colombia, sastrería y carpintería en San Sebastián; tejido, composición, venta y exportación del sombrero de paja toquilla, en El Chorro.

La producción agrícola y pecuaria se establecerá en las periferias de la urbe, y sobre todo en las parroquias rurales, para sostener la vida de propios y extraños. Desde siempre el agro ha venido alimentando a la ciudad.

A ello hay que sumar los tejidos de lana y algodón, los bordados, cestería, tallado, imaginería y un sinnúmero de artesanías que, junto a las leyendas, costumbres, tradiciones, gastronomía, música, danza, y otras expresiones artísticas, forjan hoy el carácter patrimonial de Cuenca.

No se puede dejar de puntualizar entre las manifestaciones culturales un profundo sincretismo ancestral y religioso como el Carnaval, la Semana Santa, el Corpus Cristi, el Pase del Niño Viajero; momentos festivos propios como los Años Viejos y Las Mascaradas, a lo cual es necesario sumar a los forjadores de las letras y las artes plásticas, deportistas, personajes populares.

Aquí una pequeña muestra de las enormes capacidades de los cuencanos para generar su propio progreso, su propio desarrollo, hasta el punto de tener los mejores índices de servicios públicos a nivel del país y de América Latina. Lo propio en los ámbitos de la salud, la educación, la cultura, los deportes; todo esto pese a la inequidad y los agresivos y permanentes niveles de abandono de parte del poder central, sobre todo desde inicios del siglo XX.

En este 2020, año de la conmemoración del Bicentenario de la Independencia, la situación no ha variado, por el contrario, el abandono es aún mucho más escandaloso; la indignación de las autoridades, sectores empresariales, líderes sociales y comunitarios tiene asidero indiscutible: Cuenca y Azuay tributan al fisco cerca de 800 millones de dólares al año, pero, por ejemplo, para la vialidad apenas se le retorna un 2%, y así por el estilo para el resto de crecientes necesidades.

Entonces es hora de repensar en esos simbólicos caminos del cielo, que pueden traducirse en el reclamo altivo unitario, y generar un real proceso de descentralización y desconcentración, que garantice justicia, equidad, solidaridad, respeto para una ciudad y región que, si bien logró su independencia de la corona española hace 200 años, hoy está sometida a otras dominaciones, exclusiones e inequidades.

Escenario integral de oportunidades

La coyuntura del Bicentenario de la Independencia abre un escenario integral de grandes oportunidades para la autodeterminación, las reivindicaciones altivas  y unitarias y sobre todo para la gestión de la crisis desatada por la pandemia Covid-19.

En este momento la recuperación económica integral es la Piedra Angular para el reposicionamiento de Cuenca en el periodo pospandemia. En esta reconstrucción, la vida en todas sus formas, y como centro el ser humano, es el fin supremo.

Así, tiene que primar el bienestar individual y colectivo, en condiciones de justicia, equidad y solidaridad, en el marco de un medio ambiente sano y sostenible que garantice la vida en todas sus formas, conforme lo manda la Constitución de la República cuando otorga derechos no solo a las personas sino a la naturaleza.

La construcción de la nueva normalidad está en la esfera de la voluntad política, en la decisión de las autoridades, de los sectores productivos; en los liderazgos colectivos y comunitarios, en el accionar cotidiano de todos.

A Cuenca se le ve como una ciudad saludable y sostenible; con un sistema educativo para la liberación, no para la dependencia;  con un sistema económico y productivo que respete por sobre todo el derecho al trabajo y la justa distribución de los bienes; que propicie el acceso de las comunidades urbanas y rurales a servicios públicos de calidad, no como mercancía sino como derecho; que constituya a la cultura como pilar fundamental para la recuperación, la preservación y el fortalecimiento de la identidad y del patrimonio.

Globalizar la solidaridad

Cuenca es plenamente capaz de concretar el pronunciamiento de la Red Intercontinental de Promoción de Economía Social Solidaria (RIPESS) en relación a la pandemia y las economías alternativas: «hay que globalizar la solidaridad», a través de los procesos de la Economía Social Solidaria, de La Economía Circular que promueve la restauración, la regeneración, la reutilización, para mantener el valor de los productos fabricados el mayor tiempo posible.

El actual modelo de producción y gestión de recursos, bienes y servicios que busca potenciar un consumo a corto plazo está llevando al planeta a una situación insostenible.

Si no se echa por tierra el consumismo irracional, habremos perdido una preciosa oportunidad, permitiendo la supervivencia del sistema neoliberal que aniquilará toda forma de vida.

Con estos postulados, a la Corporación Municipal de Cuenca le corresponde actualizar sus objetivos y metas, partiendo de la voluntad política de sus autoridades y órgano legislativo, para ajustar los procesos y presupuestos a la nueva realidad.

Hoy más que nunca se aprecia el verdadero valor y el potencial de la salud, de la infraestructura hospitalaria y de la infraestructura sanitaria.

Este es el momento crucial para incluir un fuerte sistema alternativo de movilidad; es la oportunidad de introducir un sistema de transporte colectivo amigable con el medio ambiente y regular el acceso motorizado al Centro Histórico.

La implementación de un sistema económico-productivo justo, equitativo y solidario, que garantice la alimentación sana y nutritiva a todos los sectores, es ineludible. El sector rural, sobre todo, principal proveedor de los alimentos a la urbe, merece un trato justo. Irónicamente la ruralidad es la relegación de la relegación.

Patrimonio Cultural de la Humanidad

El pilar de la cultura sostiene la identidad mestiza de Cuenca, hoy abierta a la  plurinacionalidad y la interculturalidad.

Las comunidades urbanas y rurales, sobre todo estas últimas, se han dado formas para construir su identidad mestiza, manteniendo, recreando y difundiendo sus manifestaciones espirituales: música, danza, tradiciones, expresiones literarias, artesanías.

Desde la misma fundación de Cuenca, las artesanías han constituido actividad fundamental para la economía y vida de las familias. El tejido del sombrero de paja toquilla, desde más o menos 1835 hasta un poco más allá de 1970, fue la artesanía que se constituyó en el motor económico de Cuenca, y de paso fue un valioso elemento constitutivo de la identidad. En la actualidad esa artesanía sigue generando riqueza, sobre todo para las casas exportadoras.

Al andar se hace camino

Como se ve, hay tanto camino andado, tanta historia escrita y tanto bienestar construido con los esfuerzos propios, pero hay también mucho que avanzar, por lo que no es inapropiado exigir con fuerza, decisión y unidad, urgentes y reales procesos de descentralización y desconcentración que le devuelvan a Cuenca, al Azuay y la región austral, los derechos usurpados por el centralismo irracional.

La voluntad política, la unidad, el liderazgo, son cruciales en esta coyuntura histórica. El liderazgo, sobre todo.

No hay que ir más allá, Cuenca tiene todo para liderar una nueva PROPUESTA DE DESARROLLO SUSTENTABLE y seguir proyectándose al futuro, según el sueño inicial de sus gestores y los férreos esfuerzos posteriores de sus vecinos: como una «Ciudad para la Eternidad».

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