Cuatro años de malos tiempos para la cultura

Por Pablo Salgado, periodista y es escritor.

Concluye ya el Gobierno del presidente Lenín Moreno. Y lo hace con los peores índices de aceptación y credibilidad desde el retorno a la democracia. Que yo recuerde ningún presidente, incluidos los derrocados, llegaron a índices tan ínfimos de aceptación popular, apenas entre el 6% y el 9%.  Y no faltan motivos para este repudio de la mayoría de ecuatorianos, pues los índices de pobreza, de desempleo, de inseguridad, son también alarmantes, lo que ha provocado que la mayoría de la población viva en peores condiciones que hace 4 años. La pandemia terminó por ahondar notablemente la crisis económica generada por las políticas neoliberales impuestas por el FMI. Y no solo eso sino que los niveles de ineficiencia y, sobre todo, de corrupción son impresentables, pues en medio de la emergencia sanitaria, cuando más se requería de una eficaz gestión pública, se repartieron hospitales, se desmanteló el sistema de salud y se pagó por adelantado la deuda externa.  Y es esto lo que hereda al próximo gobierno, un país sumido en la decepción y la desesperanza.

En el campo de la cultura y los patrimonios sucede exactamente lo mismo. Una institucionalidad desmantelada,  presupuestos recortados casi a cero, una profunda precarización de artistas y gestores culturales y un total incumplimiento a los mandatos de la Ley Orgánica de Cultura. De ahí que, también en el sector de la cultura existe desolación y decepción. Además, los artistas y gestores culturales no han recibido el más mínimo apoyo, ni siquiera moral, en la pandemia. Incluso un pírrico,  y ofensivo, ofrecimiento de un bono de 60 dólares para los artistas en condiciones de vulnerabilidad nunca se cumplió. Por tanto, a nadie extrañó que no se haya generado ningún plan para la reactivación económica del sector cultural.

Cuatro ministros pasaron por la cartera de Cultura y patrimonio; Raúl Pérez Torres, Juan Fernando Velasco, un encargo a Angélica Arias, y Julio Bueno. No se estructuró el Sistema Nacional de Cultura, ni los subsistemas. Tampoco se crearon las Redes nacionales. Ni una sola.  Por el contrario, se fusionó el Instituto de Fomento de las Artes, Innovación y Creatividad, IFAIC, con el Instituto del Cine y el Audiovisual, ICCA, de modo ilegal e inconstitucional. Y apenas si se acaba de establecer, a 4 semanas de concluir el mandato, un convenio con el ministerio de Educación para impulsar, al fin y al apuro, el Régimen Integral de Educación y Formación en Artes,  RIEFAC, a través del maestro Jorge Oviedo. También se profundizó la crisis de gestión de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Parece que su normalidad es la precariedad. Los diversos institutos asumen el desmantelamiento y los recortes, y luchan por apenas sobrevivir.  Y unos fondos concursables cada vez mas alejados de la realidad y las necesidades del sector de la cultura, y sin sustentos técnicos y sin una sola línea de política pública.

La artista y directora de Arte Actual, de FLACSO, Paulina León, al evaluar la gestión del Gobierno saliente nos dice: “De los tres ministros de cultura durante este periodo, Perez Torres llevó al Ministerio una serie de malas prácticas desde la Casa de la Cultura; Velasco con un seudo discurso de economía naranja; y Bueno con su proyecto Arte para todos.  ¿Qué nos dejan? Una desarticulación de los institutos y que todos terminaron convertidos en una sola cosa llamada el Instituto de Fomento, Creatividad e Innovación, IFCI. Nos dejaron a los artistas como microempresarios, que no lo somos, para que paguemos impuestos. Ahora Bueno volvió a pasar casi el 50% del presupuesto de Fondos concursables a la Casa de la Cultura, nuevamente a través de una rara movida.

Este Gobierno desarticuló y destruyó procesos que se habían establecido con mucho trabajo. Y ni siquiera el bono de la pobreza cumplieron.  Nos dejan una destrucción de la institucionalidad de la cultura muy fuerte. Y nos dejan un desdén y casi un desprecio por la cultura. Nos dejan un constante maltrato a los actores culturales. Cada vez es más una fanesca, ahora artes plásticas es lo mismo que artesanías. Y además unos fondos concursables con categorías que nadie entiende.”

De su parte, Ana Rodríguez, curadora, gestora cultural y ex Viceministra de Cultura, afirma: “Creo que la cultura reflejó quizá las peores partes de esa decadencia del gobierno: el mayor descuido político, el mayor descuido técnico y la más baja participación de un diálogo con el sector. En un análisis breve: hay dos momentos en el Ministerio de Cultura; un primero, en donde Pérez Torres es un golpe muy fuerte al proceso anterior con la construcción de la Ley de Cultura, pues sabíamos que se oponían a la ley de cultura, y por ello no la cumplieron.  En este contexto, intentaron volver de nuevo a la pugna política por la bicefalía institucional y por el abandono de lo técnico, que va contra  el deseo del sector de la cultura con el cumplimiento de la ley, la institucionalidad, y la vigencia de los derechos culturales. Luego hay un segundo momento, cuando hay la  intención de sostener la memoria y los patrimonios, con la inauguración del Museo Nacional, o el traslado de las reservas del Aranjuez.

Pero ninguno de los temas, como el fomento y la estructuración del Sistema de Cultura, tuvieron el apoyo para permitir que se construya la estructura institucional. Esas continuidades se precarizaron. Se consolida una línea de economía naranja, y temas que ya se habían trabajado hace rato, como los incentivos fiscales, pero que vinieron con un corte muy político que no permitió funcionar al sector de un modo adecuado, pues se desmanteló lo técnico. Y, finalmente, ese sistema de interrelaciones dentro del estado, que es difícil de lograr, también se cae.”

Gonzalo Ponce es productor, cineasta y presidente de la Academia de ciencias y artes cinematográficas del Ecuador, nos dice: “Yo creo que la evaluación es muy breve y efímera; en el cine y el audiovisual fue muy pobre. En su afán arbitrario y no consultado con las asociaciones del cine, se eliminó el único estímulo para el sector, el artículo 8 de la Ley de Comunicación.  Y lo eliminaron sin dar alternativas.  Esto movilizó el sector y lo ganamos, con 109 votos, en la Asamblea Nacional. Esa acción fue una gran torpeza política realizada con mucha prepotencia. Igual a la que se dio con la fusión del IFAIC con el ICCA. La gente del Ministerio y la Presidencia cree que el cine y los títeres son lo mismo. Y desde la dirección jurídica se inventaron esta inconstitucionalidad.  Lo que hicieron fue un desastre, metieron a todos en una sola olla, y aparte de atropellar la ley con ese decreto ejecutivo, destrozaron la poca institucionalidad que funcionaba.  Lo que era un desastre era el IFAIC, y para intentar ahorrar unos cuantos dólares, los fusionaron. Lo cierto es que los resultados han sido un desastre y lo estamos viendo ahora. Hoy tenemos gente que no conoce el cine y el audiovisual. No conocen que  somos un sector de la economía formal muy activos. Y se deben entender cual es su dinámica. Es la institucionalidad fallida.

A esto hay que añadir la precarización de la pandemia; todos los proyectos están parados y es dramático.  En estos cuatro años, en el país se han formado tres repúblicas independientes: el Ministerio de Cultura; la Casa de la Cultura, con sus feudos oscuros; y la Dirección de Cultura de la Presidencia, con Arte para todos, sin criterios técnicos ni transparentes.”

En estas tres opiniones quizá se resuma la gestión cultural del gobierno saliente. Pero además, no podemos olvidar que el gran discurso de los cuatro años, fue “la culpa es de Correa”. Nunca el gobierno fue capaz de asumir su ineficiencia y su desdén por los más pobres y necesitados, y peor su entrega a los grupos de poder, a la banca y al FMI.  Se intentó sembrar en la población un desprecio por lo público, no solo en un constante maltrato a los servidores públicos, sino en un programado deterioro de los servicios estatales y la liquidación de empresas emblemáticas como el Sistema Ferroviario Nacional, la Empresa de Correos Nacionales, o los Medios públicos, entre otros.

A pesar de una millonaria campaña publicitaria con la que el presidente Moreno se despide, son muy pobres los resultados positivos de su gestión. Sus obras son muy escasas. Aunque, eso sí, deja en bandeja de plata a la banca la administración del Estado. Siempre fue ese su objetivo.  En verdad, siendo sensatos, lo que el Gobierno ha sembrado en esto cuatro años es desigualdad e inequidad. Y tristeza, desaliento y decepción. Su gestión de la pandemia deja más de 50 mil muertos. Y el trauma que esto ha generado en la población es muy difícil de asimilar.  La salud mental, que nunca fue atendida, de  la mayoría de ecuatorianos y ecuatorianas está maltrecha y profundamente deteriorada. Costará mucho sanar e intentar recuperar un mínimo equilibrio interior y peor la alegría y el amor propio.

No han sido buenos tiempos para la Cultura, como no lo han sido para la economía, para el empleo, para la educación, para la salud. No son buenos tiempos para nuestros niños o nuestros abuelos. Hemos sufrido un retroceso en la vigencia plena de los derechos culturales, profundizados por la mala gestión de la pandemia. Los artistas y creadores están abandonados. En lugar de ser considerada la cultura como un bien esencial, fue marginada y menospreciada. Muchos artistas  han muerto, porque simplemente no han tenido acceso a un hospital, a una UCI o a medicinas, al no tener seguro social. Así de duro y así de tristes han sido estos cuatro años de gobierno.

De nuevo, a un gran número de ecuatorianos el único camino que les queda es volver a migrar, a intentar, en otros países, encontrar al menos un empleo que les permita mantener a sus familias. Ese éxodo tan doloroso y con un costo demasiado alto es el que el nuevo gobierno deberá frenar generando otras condiciones de vida; no solo de sobrevivencia sino de alternativas y oportunidades reales; al menos una razón para quedarse. Una razón para seguir luchando, para seguir viviendo.

Tomado de Periodismo Público 

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