Comunicado sobre uso de tecnologías y entornos virtuales de la Universidad de Cuenca.

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Quienes conforman el MOVIMIENTO UNIDOS POR LA U, integrado por docentes, estudiantes, empleados y trabajadores de la Universidad de Cuenca, emitieron un comunicado público realizado por docentes de las áreas de la salud, técnica y social de la Universidad de Cuenca, ante la situación que atraviesa el campus universitario y el desarrollo de las actividades académicas debido a la emergencia sanitaria.

En donde se enfatizo que este documento tiene el objetivo de contribuir al desarrollo del quehacer universitario pensado en cada estudiante.

El comunicado textual versa de la siguiente manera:

“Ante las resoluciones del H. Consejo Universitario en torno a la continuidad de la actividad académica en el marco de la emergencia sanitaria y con respecto de sus implicaciones y los señalamientos realizados por los estudiantes y manifestados a través de redes sociales y firmes pronunciamientos emitidos por la FEUE, consideramos oportuno realizar algunas reflexiones, desde una perspectiva académica y con el sólo afán de contribuir al desarrollo del quehacer universitario.

En este sentido, cabe remitirnos a la Constitución de la República del Ecuador, que en su artículo 26 establece que: “La educación es un derecho de las personas a lo largo de su vida y un deber ineludible e inexcusable del Estado. Constituye un área prioritaria de la política pública y de la inversión estatal, garantía de la igualdad e inclusión social y condición indispensable para el buen vivir…”. (subrayado por los autores).

En este marco, el uso de tecnologías y entornos virtuales de aprendizaje para la gestión de las asignaturas, debería tomar en cuenta, no sólo la accesibilidad a los recursos tecnológicos, sino, desde luego, el cumplimiento de los objetivos y resultados de aprendizaje, los contenidos, las estrategias y los recursos de evaluación; elementos que deben estar correctamente articulados con el perfil de egreso del futuro profesional.

Queda claro que todos los actores involucrados, deberán contar con una preparación adecuada y una experiencia que conduzca al desarrollo de un proceso de enseñanza – aprendizaje apropiado para entornos virtuales. Por su parte, sabido es que tanto docentes como estudiantes, van a encontrarse con nuevos desafíos que podrían afectar la motivación y significar un problema para unos y otros en el desarrollo de sus actividades académicas.

En este contexto, a continuación, se presenta una breve reflexión motivada sobre esta emergente práctica educativa para nuestra universidad, “las clases virtuales”, poniendo énfasis en las posibles implicaciones que podrían afectar los derechos y deberes de los actores involucrados.

Desde el punto de vista de los docentes, muchos de ellos se enfrentan a una primera experiencia con la educación virtual, seguramente se cometerán algunas “imprecisiones”, pero aún con esas dificultades podrán seguir con sus charlas y clases magistrales virtuales. En esta situación surge la siguiente pregunta: “¿qué pasará con la atención del estudiante y su motivación para aprender en medio de la situación de incertidumbre que vivimos? ¿Acaso esta actividad será vista como una mera obligación para cumplir con una imposición académica, que no contribuye mayormente a su formación y a su perfil de egreso?

Pese a lo antes dicho, es también necesario reconocer que en momentos como los de esta emergencia, se hace más evidente la necesidad de nuestra universidad y particularmente su claustro docente, de emprender un giro importante orientado a superar la práctica tradicional de enseñanza unidireccional, para transformarla en procesos interactivos centrados en el estudiante y en su aprendizaje, con la rigurosidad académica y científica necesaria; así como también, con una solvencia pedagógica vinculada con la pertinencia y responsabilidad social de cada profesión.

Por otro lado, desde el punto de vista de los estudiantes, se hace imperioso el cambio de su rol en el aprendizaje, el mismo que debe tener otras características, entre ellas: el compromiso en sus estudios, laadministración de su  tiempo para las actividades, la disciplina y buenas prácticas en lectura compresiva, el desarrollo de habilidades para la escritura, el hábito de estudio y la comunicación; para lograr el desarrollo de un aprendizaje autónomo y reflexivo, en donde el estudiante sea el protagonista.

En nuestra universidad, caracterizada por desarrollar, en términos generales, un proceso educativo tradicionalmente presencial y al enfrentarse a una situación de emergencia, la educación en línea podría ser una salida adecuada y una respuesta positiva no solo a un período de aislamiento social obligatorio, sino más allá, para constituirse en una respuesta a la sociedad moderna.

El formato en línea debería ser motivador para el estudiante y no dar lugar a que se constituya en un espacio discriminatorio, peor aún que, en lugar de verse como un recurso positivo, se constituya en una forma de sentir la desigualdad social, la brecha tecnológica y las limitaciones económicas, que puede ocasionar un sentimiento de exclusión y hasta de impotencia frente a su realidad. Al respecto, no es una falacia que muchos estudiantes viven en sectores alejados, en donde no existe una adecuada conectividad a Internet, en ocasiones no cuentan siquiera con un computador o un dispositivo necesario para “asistir” a la clase virtual.

Esta realidad nos obliga a reflexionar sobre la contribución de la tecnología al aprendizaje y al bienestar de la totalidad de la comunidad universitaria, así como a las decisiones que se toman, mismas que no solamente deben enfocarse desde el punto de vista tecnológico, pedagógico o académico, sino además considerar los derechos tanto de los estudiantes como de los docentes involucrados. Es necesario entender que la educación no solamente se trata de la transferencia del conocimiento, sino del crecimiento y bienestar de sus actores, de la necesidad de incorporar mecanismos de aprendizaje adecuados, de una calidad que no sea vista como un fenómeno excepcional, ya que de ser así estaría en manos de pocos, sino también como la satisfacción de un conjunto de necesidades y expectativas, con altos niveles de calidad en la enseñanza, que se ajusten a la realidad de todos y compagine con un perfil de salida del estudiante que aporte favorablemente al desarrollo de nuestros pueblos.

En suma, si bien por la condición de emergencia sanitaria, se hace necesario trabajar con entornos virtuales de aprendizaje, se debe reflexionar sobre ¿cuál es el modelo pedagógico que permitirá organizar los aprendizajes? Aquí es donde los enfoques metodológicos de carácter socio-constructivista tienen un papel significativo y abren la posibilidad de establecer interacciones entre los diferentes actores del aprendizaje, ofrecen experiencias contextualizadas y significativas para el estudiante; lo que implica necesariamente el ajuste de los objetivos y contenidos del aprendizaje en línea, el replanteamiento de la metodología y la concreción de tareas que pongan atención al proceso por sobre la evaluación final.

Estas reflexiones nos invitan a cuestionarnos que si bien la tecnología es importante para asumir los desafíos actuales ante una sociedad del conocimiento globalizada y responder a necesidades puntuales, por si misma no representa una solución, ya que es necesario contemplar aspectos críticos del modelo educativo universitario dirigido a todos sus actores, además de la condición humana y ética en la formación del profesional, la que debe dar respuesta a las necesidades de la sociedad.

Comunicado que fue suscrito por:

Dr. Fernando Castro                     C. Ing. Priscila Cedillo Ph. D.                Mst. María Dolores Palacios
Área de la Salud                                  Área Técnica                                         Área Social

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