Ciudadano denuncia a sacerdote de la ciudad de Cuenca por abuso sexual

El denunciante Jorge Palacios es abordado por los medios de comunicación, acompañado de sus familiares y amigos.

El denunciante Jorge Palacios es abordado por los medios de comunicación, acompañado de sus familiares y amigos.

Decidido a impedir que haya más niños víctimas de abuso sexual por parte de sacerdotes y religiosos, porque es muy doloroso, el ciudadano Jorge Palacios, de 63 años edad, presentó una denuncia pública por pederastia contra el sacerdote César C. ante los medios de comunicación de Cuenca convocados a una rueda de prensa este lunes 23 de abril en el Parque Calderón.

En la cita con los comunicadores, él y sus familiares mencionaron la posibilidad de que otro hermano que se suicidó, haya tomado esa decisión como consecuencia de similares abusos.

El religioso fue considerado por el Concejo Cantonal de Cuenca para el otorgamiento de una de las preseas por el aniversario 461 de fundación de la ciudad, pero al parecer las denuncias lo obligaron a renunciar al reconocimiento.

El denunciante indicó que nació en Cuenca en 1955 y que cuando tenía cinco años de edad el sacerdote le unió a un grupo de niños de los que pedía permiso a sus padres para darles instrucción católica (catecismo), en su convento.

Yo no sabía sobre el bien y el mal y entonces el padre vio que yo podría ser una presa fácil de sus necesidades, incluso me dio una beca para que estudie en la escuela Miguel Ortiz, que mis padres no podían pagarla, argumentó.

Era buen estudiante, tenía buenas notas, aunque ahora que pienso talvez que el padre se encargaba de ponerme buenas notas porque manejaba a su antojo su grupo de profesores, dijo.

Reiteró que estos asuntos ocurrieron desde que tenía 5, hasta los 14 años de edad. En cuarto o quinto grado se trasladó al seminario San Luis, y allí continuó el abuso.

Mi profesor de sexto grado, Pepe Escandón, un gran educador, permitía que algunos alumnos amanezcamos con el padre y al siguiente día entremos a clases, no decía nada porque lógicamente el padre era el amo y el señor, si decía algo posiblemente al siguiente día estaba fuera de su trabajo, sostuvo Palacios.

Precisó que para liberarse de su trauma, en 2010 denunció al sacerdote en la Fiscalía pero la denuncia no entró a trámite  porque el caso estaba prescrito.

En el mismo año acudió a la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, de la que era presidente monseñor Luis Arregui, le recibió su secretario de apellido González, quien le dijo que el padre tiene ese defecto pero hay que esperar que la justicia divina lo castigue, porque ya está viejo.

María Palacios, hermana del denunciante, expresó que las huellas de ese dolor quedaron en toda la familia, “por eso hago un llamado a todas las víctimas… a que hablen, a que digan y que de esa manera su corazón pueda abrirse a un mayor entendimiento, la familia le va a entender mejor si saben lo que pasó”.

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