Cinema Café, un espacio que invita a la magia de los encuentros

Nacho Peña, administrador del local observa parte de los afiches.

Por Mario Cando

Afiches y fotografías de las producciones y estrellas más destacadas de la pantalla grande visten las paredes del acogedor local mientras artísticas lámparas adosadas a esas superficies, a la vez que rersaltan el original collage, invitan a la intimidad de quienes en forma asidua acuden al lugar.

Rollos vacíos y con restos de celuloide que algún día giraron y transitaron por el lente de las grandes máquinas proyectoras para llevar a la fantasía a miles de espectadores, penden del cielo raso tranquilos, en una pausa que se nos antoja momentánea porque en las horas siguientes volverán a estar activos.

Gentes de todas las edades, sin distingo de clasificación y que por lo general se adivinan muy familiares, en torno a mesas envejecidas funden sus conversaciones, quizás planes, estrategias, remembranzas, reveses, o sencillamente las delicias de los encuentros, en una atmósfera de tranquilidad, de paz, de sosiego. Es el ambiente especial de Cinema Café en la antesala de palco del Teatro Casa de la Cultura.

Se creó a raíz de que el cine convencional, allá por 1998, 1999, entró en su última fase de colapso y los espectadores raleaban sus finales asistencias dejando en soledad a las grandes salas que otrora se abarrotaban para los grandes estrenos.

Al ver el vestíbulo frecuentemente vacío surgió la idea de la cafetería y entonces se pidió el visto bueno de las autoridades de la Casa de la Cultura y del Municipio, la presidente María Rosa Crespo y el alcalde Fernando Cordero, cuenta su gestor Nacho Peña.

Con ese aval se adecuaron los espacios que poco a poco empezaron a ser frecuentados por funcionarios de las instituciones y oficinas cercanas, como el Municipio, la Corte Superior de Justicia, abogados y personas de diferentes profesiones y ocupaciones, muchos jóvenes.

Varios de los visitantes llegaban con un libro en la mano y tras un reconfortante café se sumergían en sus lecturas por varias horas, sin que sean molestados para su retiro, eso los familiarizó con el lugar señala Peña.

Luego, cuando a falta de las películas se activaron las otras artes escénicas, así como las manifestaciones musicales y de la danza, comenzaron a llegar los artistas de todo tipo, “de entre ellos puedo destacar a ese gran bohemio Héctor Napolitano”. “Ha sido agradable ver cómo ellos han hecho su reducto para poder charlar, conversar, planificar», dice el gestor en un tono de gran satisfacción.

Recuerda que allá por los inicios del Siglo XXI, cuando aún no irrumpían los teléfonos celulares, la forma de hacer amistad y enamorarse de los jóvenes eran las “esquelitas”, el correo personal, es decir los mensajes en papelitos a través del servicio de mesa para pedir las identificaciones, los números telefónicos y tantos otros ‘santo y seña’ que les permita fortalecer el acercamiento a la persona centro de interés.

Hace poco llegó una pareja de esposos, con sus amistades, para celebrar los 10 años de matrimonio en el espacio donde se cruzaron sus primeras miradas, notas de correo, palabras, encuentros y decisiones; así como ellos habrá tantas otras parejas ya con hijos adultos y con afanes profesionales, comenta Peña.

El imán de Cinema Café, lo que engancha, es el ambiente, la buena vibra que ponen los mismos clientes, a lo que se suma la buena calidad del servicio y de los productos que se ofrecen, enfatiza.

Por supuesto yo estoy ahí, al frente, porque que me gusta hacer amigos, me gusta la buena conversación, la buena música, me gusta la cafetería de la que a la vez soy su primer cliente, esa creo que es la razón esencial de su duración en el tiempo, más que la razón económica. Las amistades ganadas no tienen precio, hago lo que me gusta y si por eso me pagan qué mejor, enfatiza.

Relata que hay clientes de más de 65 años que desde hace una década han hecho su punto de encuentro diario, vienen, se toman su café, charlan con sus amigos, le dan vida al ambiente y entonces se marchan renovados y alegres, “puedo decirlo porque se les ve”.

Por el momento, por la pandemia, Café Cinema abre desde las 09h30 hasta las 19h30, pero desde enero se atenderá hasta las 22h00, de lunes a sábado, por supuesto guardando las debidas medidas de bioseguridad. A propósito, la pandemia le trató bastante mal; económica y emocionalmente fue muy difícil, pero le puso buena cara y se mantuvo a flote.

Cuando se afloje más la pandemia se retomará la música en vivo como se lo hacía antes, los días jueves, con el programa “Escenario para los que no tienen escenarios”, hasta 2019.

La vena de administrador

En torno a la larga administración de local relata que su apego a la cafetería en general, y al mundo de los espectáculos, desde que tenía más o menos 33 años de edad, es decir su media vida, le permitió aquello, antes de eso, desde 1990, le ayudaba a su concuñado en la administración del Teatro Casa de la Cultura.

De ese periodo, aunque se considera bastante flojo para el cine, recuerda las películas de Semana Santa de las que los espectadores “salían con los ojos rojos” por el llanto, suma las producciones de Cantinflas, la India María, Los Hombres de Negro, Entrevista con el Vampiro y centra su atención en “Terremoto”, de la estadounidense Universal, en 1974, para cuya proyección se instalaron enormes columnas de más de dos metros en los alrededores de la sala, sacudiendo con sus bajas frecuencias a los espectadores en sus butacas, en un realismo nunca antes producido.

El sistema Sensurround duró casi nada, el exceso de realismo efectivamente sacudió las estructuras internas de los cines, desprendiendo las escayolas de los tumbados y paredes de las salas y poniendo en riesgo la seguridad de los asistentes.

Añoranza especial pone en la producción con la que la Casa de la Cultura prácticamente se despidió de las proyecciones del celuloide, Titanic, que durante 10 días, en las funciones de la mañana, tarde y noche, llenó los aforos de 1.200 personas. Desde entonces, quizás parodiando el hundimiento del barco insignia, el cine convencional fue naufragando en el mar tormentoso de la tecnología de los dispositivos personalizados: el betamax, el VHS, el DVD, el blue ray, y hoy las plataformas digitales de Internet.

En la actualidad los proyectores descansan como piezas de museo en la antesala interna baja del teatro y en la Sala Alfonso Carrasco.

El cine comercial no ha vuelto y tampoco es muy posible por cuanto la transnacional de los multicines es una empresa poderosa que tiene todos los derechos en América Latina.

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