Cincuenta años de historia son el patrimonio del Club Social y Deportivo el Chorro

Fabián Arízaga, presidente del Club, se dirige a los asistentes al acto conmemorativo.

Muchas evocaciones se actualizaron la noche del sábado 7 de mayo al interior del Economuseo Municipal Casa del Sombrero, durante la celebración de las Bodas de Oro.

Qué grato y al mismo tiempo qué nostálgico recordar los años felices de la infancia fundidos en la barriada, los juegos en los que se gastaban más allá de las energías cotidianas: Las naciones, los marritos (una especie de béisbol criollo), la estatua, el lirón lirón, los trompos y sus arriadas, la bolitas, los pirulitos (granos de fréjol),  los cahuitos (pequeños cromos de historietas que acompañaban al confite Límber), las vistas (cortes de celuloide de trozos de películas malogradas), el churuco, los huevos de gato, el cincuenta en palo, y tantos otros que duraban hasta avanzada la noche,  bajo la luz tenue de las débiles lámparas públicas que alumbraban el corretear y el bullicio de los chicos, por supuesto con el consecuente disgusto de los vecinos, pero más de las mamás que se desesperaban por la tardanza del “malcriado”.

Qué añoranza desempolvar en la memoria los juegos de índor “a pata llucha”, la conmemoración de San Pedro y San Pablo con la pelota de trapo ardiente, más de uno salió quemado, los carros de madera que veloces bajaban desde Cristo Rey por la lastrada calle Luis Cordero, las fiestas de “Mamita Michi” (la Virgen de la Merced) y sus famosos castillo y palo encebado, el Rosario de la Aurora, los carnavales y sus consabidos paseos en las pailas de las camionetas de algunos vecinos.

Qué aventura traer a memoria los domingos en los cines Lux, Cuenca, España, Alambra, y las réplicas de las escenas más delirantes en los interiores de las casas en construcción, sobre todo cuando de películas de acción se trataba, más de uno salía lesionado.

Las escapadas a la laguna de Viscosil a practicar las labores de pesca, las habilidades de la natación en el canal de la luz eléctrica, en La Bunga (río Machángara), en el Otorongo Chico y metros más aguas arriba el Otorongo Grande (río Tomebamba), la pesca de bagres en el río Yanuncay; el terror de regresar a las casas en las penumbras luego de escuchar los relatos de terror: el perro negro, los gagones, el cura sin cabeza, la caja ronca, mariangula, en fin, tantos y tantos recuerdos atesorados en cada una de las memorias.

Estas y otras evocaciones resumidas en una pequeña publicación por Fabián Arízaga, se actualizaron la noche del sábado 7 de mayo al interior del Economuseo Municipal Casa del Sombrero, durante la celebración de los 50 años de actividades del Club Social y Deportivo El Chorro.

El deporte

Desde un primer equipo integrado allá en 1970 por jóvenes como Rolando Campoverde, Oscar Salamea, Hugo Cabrera, Oswaldo Reascos, Hugo Merchán, entre otros, y que se denominó “América del Chorro”, hasta la actualidad, el club ha conseguido cuatro Campeonatos en el reconocido torneo “El Mundialito de los Pobres” organizado por el Amistad Club.

Las habilidades deportivas se concentraban además en los campeonatos de Baby Fútbol del Centro Juvenil María Auxiliadora, en la década de 1980, de ese entonces se recuerdan nombres como Pablo, Fernando y Mauricio Salamea, Romeo Delgado, Mario Cando, Carlos, Wilson y Gerardo Quizhpi, Patricio y Antonio Machado, Patricio Torres, Fabián Arízaga, Francisco Salgado, Vinicio Ordóñez, Miguel Arias, Alfredo Flores, Patricio Santos, Germán Campoverde, Víctor Quezada, Jorge Galán, entre tantos otros.

La historia del Club Social y Deportico el Chorro se articula a tantas y tantas facetas de la vida barrial, la memoria religiosa, la vida cultural con la creación del grupo de música folklórica Yatunyura y luego del grupo de canto popular Víctor Jara, el apoyo social a las familias del barrio, el mantenimiento de las tradiciones, pero por sobre todo con el sostén económico que durante muchas décadas constituyó para las familias del barrio, para Cuenca y el país, el tejido y la comercialización del sombrero de paja toquilla. Con plena razón en múltiples ocasiones se ha escuchado llamarle al barrio como El Chorro Cañamazo, El Chorro Sombrerero.

Volver a los 17

Francisco Salgado, actual rector de la Universidad del Azuay, quien nació y pasó su juventud en el barrio, felicitó y agradeció a Fabián Arízaga, presidente del Club, por “esa dedicación de toda una vida por mantener la tradición de El Chorro”.

Estar en el barrio es volver a los 17, expresó el vecino, parafraseando a la inigualable cantora chilena Violeta Parra, cuyos versos se identifican plenamente con la vida de quienes vivieron en el barrio y partieron a otra dimensión, y aquellos que ahora copan los espacios y se esfuerzan por seguir los pasos positivos de sus antepasados.

Esta celebración es propicia para pensar en las artesanas y artesanos del sombrero de paja toquillas y con sus esfuerzos dieron la pujanza económica a Cuenca y la región, pese a la pobreza que ha sido la característica dominante y sin embargo nunca renunciaron a reivindicar la justicia, enfatizo el académico.

1 comentario en «Cincuenta años de historia son el patrimonio del Club Social y Deportivo el Chorro»

  1. No me invitaron

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