Cataluña: la independencia sigue pendiente

El líder catalán, Carles Puigdemont, es aplaudido luego de dirigirse al parlamento de la región para proponer suspender la declaración de independencia por algunas semanas en búsqueda de un diálogo con el gobierno de España. Credit Quique García/European Pressphoto Agency

El líder catalán, Carles Puigdemont, es aplaudido luego de dirigirse al parlamento de la región para proponer suspender la declaración de independencia por algunas semanas en búsqueda de un diálogo con el gobierno de España. Credit Quique García/European Pressphoto Agency

NUEVA YORK – Este martes, el presidente de la Generalitat catalana, Carles Puigdemont, experiodista, exalcalde de la pequeña ciudad de Gerona y dirigente de Convergencia Democrática de Cataluña, un partido de centroderecha, medio declaró la independencia de Cataluña. O, mejor: declaró que, con el tiempo, va a declarar la independencia. Y sugirió que todo se podía negociar. No podía declarar la independencia inmediata porque su capital político está en baja; no podía no declararla si quería conservar su lugar, si no quería declararse derrotado.

Hace apenas unos días, el domingo 1 de octubre, mientras las imágenes de policías españoles pegando a ancianas catalanas daban vueltas al mundo, su causa parecía al borde del triunfo. Entonces empezó la contraofensiva del gobierno central.

La encabezó un discurso del rey Felipe VI, que reafirmó que ni ese gobierno ni su corona pensaban negociar con los independentistas. Pero la definió una ofensiva conjunta del Estado español y las mayores empresas catalanas. El miércoles 4, el gobierno emitió un decreto que facilitaba la mudanza de esas corporaciones; de inmediato, las sedes de los dos mayores bancos —Caixa, Sabadell— y las empresas de agua y gas de Cataluña abandonaron la región. La democracia a veces funciona así: millones votan un voto cada uno y unos pocos con sus millones valen lo que millones de votos.  http://nyti.ms/2gAhi67

Fuente: New York Times

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