Cascadas las Dudas, un reto para los amantes de las aventuras extremas (VIDEO)

Sendero extremo para descender hasta el lecho del río Collay.

Por Mario Cando

Nadie, ni el más despistado, podría desconocer que la pandemia del coronavirus devastó economías, esfuerzos en marcha, proyectos firmes, pulverizó sueños y se llevó vidas; sin embargo, dependiendo de determinados condicionamientos, esa hecatombe trajo de la mano elementos impensables que, filtrados a sensibilidades especiales, se convirtieron en oportunidades.

Hace pocos días, en esas visitas ya familiares que llenan de bullicio la casa, llegó Daniela Alejandra, una ‘yunta’ de nuestra hija Karina. Graduada en Ingeniería de Turismo, traía, como siempre, su amplia sonrisa de juventud, pero esta vez había algo más en su rostro, como una recóndita alegría que necesitaba salir a flote con urgencia.

“Estoy ya con mi proyecto en el Collay”, comentó, mientras nos mostraba en la pantalla de su teléfono celular las peripecias que atravesaba un grupo de jóvenes músicos sobre agrestes y espectaculares escenarios naturales para grabar lo que se llama un videoclip.

“Se llama Cascadas las Dudas”, se apresuró a decir con énfasis, quizás con la intención de que nuestro interés suba en intensidad, o sencillamente urgida por la necesidad de exteriorizar su satisfacción ante el cumplimiento oportuno de parte de sus sueños.

Ciertamente en ocasiones anteriores le había escuchado de paso estar en los ajetreos para el montaje de una propuesta turística, allá en las lejanas montañas, en la compacta  vegetación del bosque protector del río Collay, en la jurisdicción del cantón El Pan, pero en realidad no lograba captar en su esencia los esfuerzos y las proyecciones del emprendimiento.

Esta vez no fue muy diferente, pese a su entusiasmo por comentar lo realizado, explicitar el nombre y mostrar ya algo concreto. Con rubor confesaré que más bien el nombre del proyecto me condujo al significado gramatical del término, no al concepto de la fibra vegetal, Duda.

Así las cosas, ensayé un “¿qué le parece si vamos a ver?»

La respuesta saltó como un resorte:

– ¡Ya!, ¿cuándo?

– ¿Este fin de semana?

– ¡Hecho…no se diga más! Le brillaron los ojos.

La visita de Daniela fue el jueves por la noche. El viernes en la noche las mochilas quedaron listas. Ella nos esperaría al día siguiente en el Cruce a San Vicente, punto donde detienen su marcha los conductores de los buses que se dirigen a Morona Santiago por la carretera Cuenca-Paute-Guarumales-Méndez.

El sábado, en el ajetreo de entre llegar al Terminal Terrestre de Cuenca; que Daniela nos recoja en el Terminal de Paute; cambio de vehículo en San Vicente (El Pan), nuestra llegada a Collay marcó el medio día. Un almuerzo ligero pero resaltado por las habas cogidas minutos antes, de la chacra, y acompañadas de un quesillo calidad gourmet,  listos para la ruta comentada, pero aún en la expectativa.

Una corta caminata desde la casa albergue, por el costado de la vía que limita con el vacío y sentimos el tono real de la advertencia. “Por aquí empezamos la bajada hacia el río, pero tienen que pisar firme y apoyarse fuerte, tengan cuidado sobre todo en los lugares donde hay cuerdas para poder bajar más fácil. ¡En serio!

Centímetro a centímetro, machete, barreta, pala y pico en mano, al estilo de los exploradores de antaño, los miembros de la familia Borja-López se han internado por la apretada y hasta entonces virgen vegetación que cubre la empinada pendiente, para abrir un sendero que permita llegar al río que corre caprichoso al fondo de la cañada, a más de 200 metros desde el borde de la vía.

A cortos trechos, en los lugares donde ha sido posible, las herramientas han configurado pequeñas repisas en el escarpado para apoyar los pies y evitar precipitarse al vacío, aunque lo denso de la vegetación impediría una aparatosa rodada.

Más de dos horas nos lleva llegar al fondo, empapados de sudor y ya sin sentir las piernas, para buscar refresco en las frías y cristalinas aguas del Collay que serpentea su señorío por entre el portentoso bosque. En el fatigante trayecto sale al paso, imponente y erguido hacia el firmamento, el último romerillo de la zona, según comenta Daniela, en tono no muy alentador. Es una especie conífera de Los Andes en peligro de extinción, lo apetecible de la fina madera ha conspirado en su acelerada extracción, dice.

El último y aún robusto romerillo que se aferra firme a la escarpada pendiente.

Vadeamos, no sin dificultades, algunos metros aguas abajo del Collay y el cantar dulce de la corriente empieza a ahogarse en un fuerte y largo estruendo que se precipita desde lo alto de la montaña.

Doce espectaculares caídas de agua, desde la fuente de Peña Blanca, a una altura de cerca de 400 metros, la más grande de más o menos 36 metros, por entre una quebrada poblada de dudas y guabiducas, le dan el nombre al emprendimiento: “Cascadas de las Dudas”.

Tan portentoso recurso había permanecido escondido y silencioso durante décadas, quizás mucho más. Buscando descargar en la naturaleza el estrés acumulado por la pandemia, en abril de 2020 los miembros de la familia se pusieron a explorar algo del bosque, en la parte correspondiente a su propiedad por más de 30 años, y de pronto surgió, allí estaban, apacibles, desde siempre, 12 saltos de agua dispuestos a deslumbrar a los amantes de la naturaleza y de las aventuras más extremas.

Una de las doce cascadas que integran la ruta.

En el esfuerzo del sábado, en el ascenso de retorno, apenas superamos tres cascadas, por el sendero más corto, y aún así se nos escapó el aliento, ya en la noche cerrada y alumbrados por las luciérnagas.

El domingo, con un esfuerzo fuera de lo común, dos nuevos saltos, entre ellos el de mayor altura, 36 metros, con un intermedio de intentos de pesca de truchas en un estanque adecuado en la quebrada, pero sin resultados, parecía una confabulación de peces danzando burlescamente en torno a los anzuelos y sedales.

Qué ganas de seguir adentrados en la aventura, pero las imposiciones citadinas obligan y apresuran los retornos, por supuesto cargados de nostalgias y ya en la noche giramos nuevamente la puerta de entrada al hogar para descargar las fatigas y empezar a dejar fluir, tan tiernos aun, los recuerdos de una aventura extrema que ciertamente vigorizó el espíritu y oxigenó las fibras.

El lunes será otro cantar, los músculos resentidos por el inesperado trajín se niegan a responder como de costumbre, por el intenso dolor solo es posible salvar los escalones de las gradas, y otros desniveles, con el auxilio firme de los pasamanos y otros apoyos. Es caro el precio de los años, me consuelo en mis adentros.

“Qué ofrece el proyecto?

“Cascadas las Dudas” ofrece un paquete central de senderismo extremo para los jóvenes y más arriesgados, pero, dependiendo de las condiciones físicas, también hay posibilidades más suaves para los menos jóvenes e igual de apasionados por la naturaleza, con la visita a dos cascadas en algo más de 30 minutos e intentar algo de pesca.

En el mirador de Peña Blanca, tras más o menos dos horas de recorrido, se puede apreciar vestigios arqueológicos de la cultura cañari y columnas de piedra que antes se utilizaban para pilares de los templos y otras edificaciones.

Se puede visitar los antiguos puentes de madera sobre el río Collay, de características muy especiales.

También se puede conocer algo de las tradiciones ancestrales como la vigía de los cerros Cari y Guarmi Collay, o la leyenda de la huaca que era una mujer que encantaba con su belleza y sus prendas de oro para apoderarse del cuerpo y alma de las personas, o la historia de la producción de la cascarilla que allá por los años 1940, sostuvo buena parte de la economía del Azuay junto a la producción y exportación del sombrero de paja toquilla, o la explotación minera que fue la base para los asentamientos poblacionales en Gualaceo y Chordeleg.

El bosque protector del Collay cubre una superficie de 89.000 hectáreas en los cantones Gualaceo, Paute, Guachapala, El Pan, Sevilla de Oro, Morona, Limón Indanza. Está administrado por la Mancomunidad del Collay que tiene una dirección rotativa cada dos años.

En 2018 las Prefecturas de Azuay y de Morona Santiago suscribieron un acuerdo para la protección del oso de anteojos u oso andino, del tapir de montaña y de otras especies en peligro de extinción.

El proyecto como Complejo Turístico Dudas está en sus etapas iniciales, contará con cabañas, carpas de campaña, un comedor con recetas tradicionales, a lo que se suman los senderos extremos y los otros destinos ya mencionados.

Quienes tengan interés de adentrarse en la aventura pueden contactarse al teléfono 0983953262 o buscar la página en Facebook “Cascada las Dudas”.

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