Bandas de pueblo, más que música, historias de vida

Julio Pañi, trompetista de la banda Santa Cecilia, de El Valle, está en al arte de la música desde los 13 años de edad.

Julio Pañi, trompetista de la banda Santa Cecilia, de El Valle, está en al arte de la música desde los 13 años de edad.

Desde los 13 años empezó a andar por los duros caminos de Cuenca y la provincia.

La fatiga de ganar kilómetros y kilómetros por angostos senderos, chaquiñanes, quebradas, calles de tierra, empedradas, otras adoquinadas, ayudando a cargar a “a cuestas” trompetas, saxos, clarinetes, flautas, trombones, tubas, tambores, bombos, se compensaba plenamente bajo la ilusión de ser un gran músico y hacer bailar a la gente.

Eso es precisamente lo que Julio Pañi, de 75 años de edad, cumplió este domingo 5 de noviembre, en el Parque de la Madre, de Cuenca: hizo bailar a la gente junto a otros 11 compañeros de la banda popular Santa Cecilia, de El Valle, en el II Festival de Bandas de Pueblo efectuado por  la histórica organización barrial Amistad Club y la Unión de Periodistas del Azuay (UPA), con el apoyo del Comité Permanente de Festejos de Cuenca.

Diez agrupaciones de diferentes parroquias de Cuenca, dos de Loja, inundaron y animaron el ambiente con lo mejor de los ritmos tradicionales ecuatorianos.

Las bandas San Francisco, de Paccha; Show Alma Lojana, de Loja; y Caprichos, de San Joaquín, en su orden, se llevaron los premios: 2.000, 1.500 y 500 dólares.

Tras pasar por el escenario, Julio Pañi, escarba en su memoria y recuerda que allá por 1955 era común salir antes de las 7 de la mañana desde El Valle para llegar a tocar en el “tuyucho” (medio día), en la parroquia Sinincay. Los aproximadamente 10 kilómetros eran recorridos a pie, bajo los inclementes soles, los torrenciales aguaceros, las granizadas, los rayos. “La cuestión era cumplir con el compromiso, con el contrato”.

El retorno, algo similar, salíamos de Sinincay a las 8 de la noche y llegábamos a la 1 de la mañana del siguiente día a nuestras casas de El Valle. El más sacrificado siempre era el del bombo, recuerda el músico en medio de una abierta sonrisa. Pensamos en el tamaño y el peso del instrumento, al igual que la tuba.

Este trajinar de zapatos gastados por los polvorientos y enlodados caminos lo mantuvieron Julio y sus compañeros a lo largo de 15 años, hasta que la movilización en vehículo era una de las primeras y principales exigencias al momento de los contratos, aún así “el retorno del músico” se ha repetido con alguna frecuencia, relata el trompetista.

Quienes de una u otra forma se han relacionado en forma pública con la música habrán experimentado las atenciones especiales al momento de llevar al músico al lugar del programa o celebración, y el olvido a la hora de regresar a casa, en no pocas ocasiones “a pata”.

Julio Pañi se aficionó por la música al escuchar a su padre tocar el órgano en la iglesia de El Valle, era el “maestro capilla” hasta cuando murió, a los 84 años de edad. Comenzó con la flauta, luego el clarinete y después la trompeta. Aprendió con maestros particulares.

Con la banda actual toca durante 13 años, bajo la dirección de su fundador José Pizarro.

Tiene 10 hijos a los que sí pudo mantener y educar con la música, sumada a su oficio de sastre que lo aprendió cuando estaba en los 10 años de edad. Cuatro de los hijos siguen sus pasos en la música, con agrupaciones en Estados Unidos. Hace 18 años que se fueron y allá formaron sus hogares.

Ha recorrido mucho la provincia del Azuay, además Guayaquil, Machala, Loja, Zamora, Macas, Puyo. En todos estos lugares hizo bailar a la gente hasta el agotamiento, e inclusive tuvo tiempo para arrancar algunos suspiros.

La vida de Nelson Ortiz, de 59 años, director de la Banda Show Alma Lojana, de Loja, se condujo por un destino similar.

Aprendí a tocar cuando tenía 12 años y sigo en honor a mi padre Isaías, él fue un excelente músico, enfatiza y hace una pausa, se le quiebra la voz… Murió hace 8 años, cuando tenía 83, de lo contrario aquí estaría conmigo tocando, en honor a él tengo que seguir haciendo música, reitera.

Empezó con un trombón de llaves, luego siguió con otros instrumentos, en la actualidad ejecuta la trompeta. Su padre le guió en los primeros pasos del arte, por eso le agradece eternamente.

Una experiencia un tanto diferente es la de Lourdes Uruchima, saxofonista de la banda Ramón Pesántez, de Baños.  Tiene 28 años de edad, 10 en la agrupación musical fundada por Roberto Ramón, hace 40 años, con miembros del ejército, de la policía y amigos del sector.

Lourdes rompe esquemas en un sector mayoritariamente copado por los hombres, como en tantas otras actividades. “Creo que fui la primera mujer en Cuenca en tocar el saxo en una banda popular, eso fue maravilloso, porque no se había visto y aun no se ve con frecuencia”, comenta en tono firme. “Todas las mujeres somos capaces de estar en este arte”.

Aprendió a tocar el saxofón bajo la dirección del maestro Luis Sinchi,  fallecido hace tres meses. Ejecuta además el órgano y al momento practica la trompeta, con la guía del maestro Alberto Ramón, “quien me corrige los errores que cometo”. Ella le apoya al Dr. José Orellana Calle en la conducción de una rondalla en Cañar.

La saxofonista comparte la música con su profesión de contadora, desde hace 5 años tiene su consultora tributaria en la parte posterior de la Universidad de Cuenca, atiende a muchos clientes; al momento realiza su tesis para graduarse como tecnóloga de sistemas y además cursa estudios en la escuela del Sindicato de Choferes Profesionales del Azuay para obtener su licencia profesional.

Aparte de los avatares, de los gajes del oficio artístico, como soportar las lluvias, los intensos soles, las altas horas de la noche y la madrugada, están las situaciones positivas, que para ella ventajosamente son las dominantes. “Cualquier problema en la casa y el trabajo, a diferencia de otras profesiones,  uno se soluciona con la música”, sostiene la artista.

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