Agroecología, un fructífero proyecto para apoyar la subsistencia familiar

Los cultivos hidropónicos en los pequeños huertos dan muy muy buenos resultados

Los cultivos hidropónicos en los pequeños huertos dan muy buenos resultados

Al momento pocas personas se acordarán de la Encíclica del Papa Francisco, Laudato Si (Alabado seas, mi Señor), sobre el cuidado de la casa común, publicada el 24 de mayo de 2015, no así 24 mujeres de la parroquia Hermano Miguel que bajo la guía espiritual del ex  párroco Marcelo López, y más recientemente con el apoyo de la Empresa municipal de Desarrollo Económico (EDEC), materializan el llamado papal con un proyecto de agricultura limpia que ya tiene sus primeros frutos.

En la actualidad varias de las productoras están presentes en las ferias agroecológicas de la parroquia Hermano Miguel y Capulispamba, pero lo más importante es que “cuidamos nuestra casa, nuestra salud, nuestro medio ambiente con alimentos limpios, libres de fertilizantes o pesticidas químicos”, coinciden Yolanda Patiño, Blanca Verdugo y Julia Campos, quienes se dedican a la producción  agroecológica en sus pequeños patios, huertos y parcelas.

Para fortalecer la actividad, en agosto de 2016 se organizaron en la Comunidad Agroecológica Hermano Miguel e iniciaron un proceso de capacitación promoviendo una Escuela de Agroecología, con la asesoría técnica de la EDEC, relata Yolanda Patiño, líder de las productoras.

Ella aprovecha todos los espacios y elementos: macetas, baldes, tiestos y demás enseres para sembrar sus hortalizas, tubérculos, tomates y frutillas que los ofrece los domingos cada 15 días en la feria de la parroquia, junto a la iglesia y semanalmente en Capulispamba, en el parque lineal.

Además abastecemos a los programas de alimentación de aproximadamente 300 niños y adultos mayores en la parroquia, señala.

Julia Campos se integró a la organización desalentada por la crisis económica que a mediados del año anterior le condujo al cierre de su pequeño negocio de venta de llantas que lo mantenía por cerca de 4 años.

Yo sabía de esta actividad pero no me interesó mucho hasta que la quiebra de mi negocio me hizo cambiar de idea, ahora estoy comenzando en esto, con buen resultado, tengo el interés de seguir capacitándome porque en el comer sano esta la vida de uno y además económicamente en algo me ayuda, comenta.

Blanca Verdugo comenzó también desde cero, en enero del presente año, y asustada porque “la dureza de la tierra ya me vencía”. Antes trabajaba en la limpieza en una clínica, luego en un restaurante de asado de pollos, después en su propio restaurante que lo cerró cuando se le presentaron problemas de salud.

Quise volver a trabajar pero a mi edad (supera los 40) ya no me tomaron en cuenta, entonces pensé en mi terreno y con la ayuda de los técnicos de la EDEC me di cuenta que todo ha sido posible, ya tengo mi nuevo empleo, resume Blanca Verdugo. Su parcela está pincelada del verdor de las lechugas, zanahorias, col, remolacha, rábano, nabo, brócoli, coliflor, papa china, zanahoria blanca, camote, caña de azúcar, acchocha, zapallo, entre otros alimentos.

Con este proyecto se impulsa el desarrollo de la economía local y se busca dar un servicio integral en beneficio de la salud pública, logrando una relación efectiva campo-ciudad.

Hay muchas familias que tienen terrenos abandonados que pueden convertirse en sustento económico, en apoyo a la alimentación sana y la salud de las familias, en fuentes de empleo.

A nivel mundial se puede enfrentar a las poderosas empresas proveedoras de semillas y a las farmecéuticas con experiencias productivas sencillas, limpias, que no producen grandes réditos económicos pero sí dignidad.

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