Agricultura sana, arma para la protección ambiental, la salud y la solidaridad

Gregorio Villacís en uno de los espacios de su pequeño paraíso verde

Gregorio Villacís en uno de los espacios de su pequeño paraíso verde

Por Mario Cando

Allá por 1985, mientras algunos jóvenes soñadores empuñaban las armas tras unirse al movimiento insurgente Alfaro Vive Carajo, nosotros decidimos empuñar las herramientas de labranza para convertir en realidad otro sueño: hacer de la agricultura limpia y saludable el arma que construya  comunidades solidarias y libere a los pueblos de la peste de la contaminación ambiental y de la muerte de las semillas ancestrales a través de los agroquímicos y los transgénicos, recuerda Gregorio Villacís, productor agrícola de los fértiles huertos de San Joaquín, quien por entonces recién estrenaba sus años de juventud.

En esa aventura se embarcó un grupo diverso de visionarios de algunas parroquias como Checa, Chiquintad, Octavio Cordero Palacios, San Joaquín, entre los que se puede citar a Luis Villacís, Susana Tinoco, Efrén Reyes, Patricio Bravo, trae a memoria nuestro interlocutor. Con Patricio Bravo se implementarán en los años siguientes las denominadas ferias agroecológicas como resultado parcial de los esfuerzos.

Lo de la agricultura sin químicos, agricultura sana, surgió de una rebeldía natural de la juventud, irnos contra lo establecido, contra el boom de la agricultura de la revolución verde basada en los agroquímicos, reitera Gregorio.

Los obstáculos se presentaron pronto, claro, el camino recién se comenzaba a abrir, “sin embargo avanzamos con convicción”, acelerando esfuerzos para que los agricultores de San Joaquín cambien su forma de trabajar la tierra, aunque sin lograr resultados positivos, pues estaban acostumbrados a sus ciclos de comercialización intensiva mediante los agroquímicos, y así continúa buena parte de ellos, en una desbocada carrera contaminante, otros sucumbieron al inevitable avance de la frontera urbana de Cuenca.

La producción limpia, saludable, también está orientada al mercado pero a través de otros conceptos, los de la agricultura sostenible a largos plazos, esta concepción inclusive difiere de la de los productos orgánicos que fácilmente se encuentran en los grandes supermercados, debidamente enfundados y empacados por las grandes empresas especializadas en la producción en serie.

En nuestra visión no se trata de producir en serie sino en forma integral, al estilo de la chacra andina, donde todos y cada uno de los productos están articulados en función de los demás y en relación con  las condiciones ambientales, sociales, culturales, espirituales, en una amplia cosmovisión que le pone al ser humano como el centro de todo, desplazando al capital, resume Gregorio Villacís.

Reitera que la propuesta nació allá por 1985, dentro del sector denominado Huertos Cuadruco, que abarca unas 20 familias, varias de ellas interesadas en implementar formas de producción  alternativa.

Inicialmente tomó ese nombre pero al ver que no era ético apropiarse de una denominación comunitaria, hace 10 años creó y registró la marca Elabriego Alegre (labrador alegre).

Desde entonces se ha venido posicionando la marca, en forma paulatina, cuidando que la gente no vaya tras de una imagen sino del producto, es decir de la calidad. “La gente que ha consumido nuestra producción, sabe reconocer la diferencia entre nuestros alimentos y los de los mercados y cadenas de almacenes”, sostiene.

La firma ofrece productos de invernadero: frutilla, uvilla, pepinillo, apio blanco, pimiento, tomate riñón, tomate cherry, ají jalapeño; productos del huerto: brócoli, coliflor, nabo, nabo de chacra, acelga, zanahoria, remolacha, jicama, espinaca, perejiles, culantro, cebollín, cebolla vitalicia, lechuga, col, col de Bruselas, alcachofa, kale (col europea), puerro, maralfalfa, ataco, hierbas medicinales, aguacate, tomate de árbol, capulí, reinaclaudia, ciglalón, higo, limón, nogal; cuyes, gallinas, pollos; bioinsumos, entre otros.

Plantación de tomate cherry.

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Plantación de kale o col europea de hoja corrugada

El posicionamiento de la marca opera a través de la recomendación de consumidor a consumidor, “no utilizamos mucho el marketing pues podríamos caer en una falsa imagen”, comenta el agroproductor.

Relata que en la comercialización se ha roto la relación fría e impersonal vendedor-comprador, cajera-cliente, para posicionar los vínculos de amistad, “nuestros compradores son nuestros amigos que vienen a elegir el producto y a conversar”, lo hacen de lunes a sábado, pero también pueden abastecerse mediante pedido a través de la página de Facebook Elabriego Alegre, el correo electrónico govillacis@hotmail.com ,  o el teléfono 0981231537.

El huerto se ubica en el sector del antiguo centro de acopio y de la fonda de la desaparecida cooperativa Coopera, a unas dos cuadras desde la curva de la vía San Joaquín – Sayausí.

Villacís puntualiza que en varias ocasiones llegan personas con problemas de salud que necesitan de dietas alimenticias específicas y confían en productos sanos; hay cercanía con las instituciones públicas y privadas para la visita de grupos de funcionarios; hemos recibido visitas de hasta 100 personas.

A la larga, esta experiencia agrícola ha creado interesantes niveles de incidencia, especialmente en productores o grupos de productores de otros lugares del país que acuden al huerto a observar y enterarse de los procesos, al igual que lo harían en un laboratorio experimental.

Grupos de estudiantes de los diferentes niveles son asiduos visitantes

Han llegado de las provincias del norte del país, de otros cantones del Azuay, de algunas parroquias rurales del cantón Cuenca; cada año nos visitan estudiantes, técnicos e investigadores de la Universidad de Texas, Estados Unidos, el año anterior estuvo un grupo de la universidad de Iowa.

La ventaja de empezar a tener canas es que también nos empiezan a parar bola y entonces a través de los amigos se han generado acuerdos con las universidades locales, con  afanes investigativos que respaldan nuestra posición, se han efectuado por ejemplo mediciones de la presencia de residuos de glifosato, determinando su inexistencia, expresa Villacís, delineando una amplia sonrisa.

Precisa que con la Universidad Politécnica Salesiana (UPS) hay una relación muy cercana, especialmente con las carreras de Biotecnología, Ingeniería Ambiental, Economía, Comunicación Social. “Para nosotros es fundamental la presencia de las universidades”; recientemente estuvieron 37 estudiantes de Gastronomía de la Universidad de Guayaquil.

Por ventaja la actividad de Elabriego Alegre está despertando el interés en los vecinos al ver la consistencia del huerto “hasta el punto de llegar a mi casa y decirme usted aquí tiene el paraíso”. “La chacra tiene ya 15 años de estar libre de químicos”, subraya.

En el esfuerzo participan los 3 miembros adultos de la familia: padre, madre y un hijo que estudia gastronomía, cuando es necesario contrata trabajadores temporales para tareas específicas como el arado de la tierra, siembras, deshierbas.

En el fondo estamos embarcados en una tarea de mitigación al cambio climático, aportando a la recuperación y conservación del biocorredor Yanuncay, aunque estamos pensando en la posibilidad de emigrar del lugar, la expansión del área urbana de Cuenca presiona tremendamente sobre el escaso suelo agrícola de San Joaquín y empieza a generar conflictos sociales, la gente acostumbrada al smog de la ciudad se molesta con los olores de la naturaleza o la presencia de las aves y animales domésticos, así los que nos gusta mantener la calidad de vida nos veremos obligados a buscar otros espacios, aunque es complicado encontrar los apropiados, sobre todo por la falta de agua, ironiza el promotor agrícola.

En cuanto a la utilización de las herramientas de labranza, Elabriego Alegre es un museo vivo donde conviven la chaquitaclla andina (arado de pie) con el arado europeo tirado por bueyes. (Ver video sobre el uso de la chaquitaclla): http://bit.ly/2FIXed4

En suma, el camino está trazado y la mirada fijada en el cambio de actitudes para acoger la producción agrícola sana como la herramienta óptima que permita fortalecer la protección y conservación ambiental, en articulación con los valores culturales y sociales que procuran la solidaridad y la convivencia comunitaria, sostiene Gregorio Villacís.

 

 

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