Incendios forestales devastan la naturaleza

Los bomberos de Quito extreman sus esfuerzos en el cerro Atacazo. (Foto Twitter Bomberos Quito).

Los bomberos de Quito extreman sus esfuerzos en el cerro Atacazo. (Foto Twitter Bomberos Quito).

Más de 920 hectáreas de bosques y vegetación devastadas por un violento incendio forestal en el cerro Atacazo, al suroriente de Quito; 144 hectáreas destruidas en Azuay por 23 incendios del mismo tipo, el último fin de semana, ponen en evidencia la vulnerabilidad de la naturaleza frente a las acciones desaprensivas del hombre. En todos estos casos se comprobó que estos incendios fueron provocados por la mano del hombre.

En el Atacazo, los cauasantes del fuego serían cazadores de conejos silvestres  que intentaron hacer humo para sacarlos de sus madrigueras, o agricultores que buscaban facilitar sus labores; en Azuay las evidencias llevaron a las quemas agrícolas.

Sea como fuere, de por medio están las acciones antrópicas como la causa principal de los incendios devastadores. Según el Ministerio del Ambiente del Ecuador (MAE), el 99 % de los incendios forestales “son ocasionados por los seres humanos”, constituyéndose además en una de las problemáticas ambientales más serias del siglo XXI, en todo el mundo.

De acuerdo al MAE, en los últimos 6 años los incendios forestales afectaron a más de 57.000 hectáreas de bosques y páramos, con la consecuente pérdida de los ecosistemas y especies animales, con mucho mayor impacto cuando se trata de áreas protegidas o en sus zonas de amortiguamiento.

Acción de la UDA

Frente a esta problemática la Escuela de Biología, Ecología y Gestión de la Universidad del Azuay (UDA) impulsa investigaciones para tratar de recuperar los suelos devastados por los incendios forestales en las últimas décadas.

Se coordina con las instituciones de gobierno, públicas y privadas, a nivel local, nacional e internacional, para levantar acciones integrales.

De acuerdo a los investigadores Gustavo Chacón y Antonio Crespo, este último director de la Escuela, en los últimos años los suelos sometidos a la acción del fuego han perdido gran parte de la productividad, sus elementos químicos y biológicos, dando paso a la desertificación.

Lo preocupante es que ahora se desatan incendios forestales en las estribaciones y partes altas de las montañas, lo que es un indicador de la presencia del hombre en esos sitios.

El fuego tiene sus efectos más o menos devastadores hasta en unos 20 ó 30 centímetros de profundidad, y si se desata en los páramos, prácticamente se pierde toda la capa vegetal y la materia orgánica que libera los nutrientes, matando la vida.

Por ejemplo en la zona del Parque Nacional Cajas, hace 50 años se tomaron los últimos registros de anfibios como la rana hambato, aunque recientemente se la ha vuelto a ver en algunos sitios que están debidamente protegidos.

Por las quemas estacionales, anualmente el fuego consume alrededor de 175 hectáreas en la zona contigua al área protegida del Parque Nacional Cajas, advirtieron los técnicos.

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