Agua para vivir, minería para morir

Por Daniel Carbo.

¡Agua quiero, agua quiero, oro no!, se escucha en la vigilia por el agua la vida, y en el zapateo por la defensa de nuestro páramos y los derechos de nuestra naturaleza. Allá, en lo cerros cuidados celosamente por nuestros “taitas” está esa agua que se armoniza con la roca del manantial, que se une con la paja que se aferra a la tierra, que nutre a la sabana verde, que recorre los cuerpos llanos de las truchas saltarinas; estas montañas esconden la historia de la vida, esa, que llega a nuestras manos en forma cristalina, que nos permite caminar, que refresca nuestros espíritus, que moja  nuestros seres, que cuece nuestro mote y que nos permite decir que: “el agua de Cuenca es la más rica del país”.

Sin embargo, ella está en peligro, don Rafael Correa Delgado con su intereses voraces, hipotecó nuestra “agüita”, nos trajo el espejismo de la minería,  y nuestros cerros ya no eran nuestros, si no de las mineras con nombres chinos y canadienses. Así, se instalaron en Río Blanco, pero recibieron como respuesta la mirada y acción de resistencia de jóvenes, campesinos y campesinas valientes, que se aferraron a nuestros páramos como la misma paja, erguidos y resplandecientes como los incas contra la invasión colonial, siendo protagonistas de una nueva lucha en contra de los que nos traían nuevamente espejos por oro, pero ahora, estábamos listos para dar batalla, con argumentos y autodeterminación.

La lucha en defensa de nuestra “Pacha Mama”, fue y es tenaz, aguantó la estigmatización, la división por parte de la minería a la población y sobre todo al poder del capital. Se unieron los campesinos, los Yasunidos, el movimiento indígena, ecologistas, intelectuales y organizaciones del campo popular de izquierda y progresistas y de trabajadores como el FUT, que de manera altiva le dijeron a Lenin Moreno, no minería. Más del setenta por ciento de cuencanos y cuencanas rechazan la minería, saben lo que nos trae, tienen miedo de que sus fuentes de agua, no sirvan más para bañarse.

Nuestras autoridades locales tomaron la determinación admirable y honrosa de cumplir el mandato del pueblo, declararon a Cuenca libre de minería metálica, se convocaron a una gran asamblea que denoto la fuerza del espíritu indomable de los herederos de Huaynacapac. En la Santa Ana de los Cuatro Ríos, protegieron sus aguas. Y así, lograron que los jueces, digan en sus fallos históricos. ¡minería nunca más!. También se presentó una  denuncia penal por delitos contra el agua, pues a la claras, se presume la existencia de un hecho criminoso contra los derechos de la naturaleza.

Se han ganado batallas decisivas, aunque todavía las fuerzas oscuras que contaminan nuestras aguas, están presentes, quieren llevarse todo y con eso amenazar nuestras vidas, siguen poniendo los últimos recursos a los fallos históricos, ponen de relieve su acuerdo explícito con el gobierno, que a todas luces se muestra como pro minero y cómplice del capital voraz y dañino. Frente a aquello, nuestra alternativa sigue siendo luchar, en la unidad, en las plazas y calles, en el foro, en la denuncia, porque sabemos que: el agua es para vivir y la minería es para morir.

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